ANALISIS NACIONAL - UN ESCENARIO DIFERENTE

La innovación institucional multiplica el riesgo que se ha precipitado sobre la región

Ahora, tasas, cotizaciones y evolución de los depósitos, indican que, aquí, el saldo neto de confianza viene cayendo peligrosamente. Esa medida vital de la potencialidad del cambio, se viene deteriorando debido a la conjunción de fenómenos externos adversos  petróleo y adelanto de los incrementos de las tasas-, más desenlaces de crisis heredadas, más los «ruidos» propios de la transición política nacional. Las variables externas están lejos del alcance de los uruguayos. Sus efectos nos los impone la globalización y no hay Cristo ni barrera que pueda mantenernos fuera de ese proceso. En cambio, las internas, pudieran ser mejoradas. O al menos, deberíamos hacer todo lo posible para no empeorarlas.(1)

De lo nuevo de estos días lo que tememos, en realidad, no es el inflamado precio del petróleo. Ni aún su proyección fantástica que revoluciona los mercados de futuros con hipótesis apocalípticas. Eso pesa. Pero lo que duele y atemoriza es la tendencia al aumento del riesgo, cuyo indicador más expresivo y registrable es el precio del dinero. Esa variable se forma en el mundo con similar impredicibilidad que el precio del petróleo. Tememos el aumento del precio del dinero no sólo por su impacto sobre las cuentas externas. Lo tememos no sólo por su afectación sobre el financiamiento del país y sus empresas. Lo tememos, sobretodo, porque ese aumento del riesgo que indica el incremento de todas las tasas de interés, discrimina brutalmente. Esa variable tiene un vínculo directo con la pobreza; y en estas latitudes estamos llegando a los límites de nuestra esperanza en nuestra propia capacidad para bloquear los efectos de esos riesgos imprevisibles sobre los procesos de inclusión social obligatorios. Como nuestra cultura no alcanza para entender la asociación de los períodos de tasas elevadas con desequilibrios y quiebres sociales y políticos, el riesgo principal de hoy es, nuevamente, no poder entendernos. Cuando uno habla del riesgo en estas regiones ya no habla de un diferencial de tasas con el norte; algo así como una entelequia para casi todos. El riesgo de la inestabilidad es el de las olas de pobreza y exclusión agregada, cuya mera percepción provoca situaciones de desesperanza social, de pérdida de la autoestima nacional. Eso, naturalmente, es advertido por los mercados antes que los gobiernos.

Desequilibrios insoportables

En un año se duplicó la pobreza en este país y en Argentina en un lapso aún más breve el destrozo social fue aún más profundo. Durante gran parte de ese año de 2002 Uruguay vivió con un riesgo país superior a los 2.500 puntos básicos y la Argentina, vía quiebre de la política cambiaria y default escaló a los 5.500 registro que aún mantiene. No se puede contabilizar la pobreza diariamente, ni la confianza, ni la esperanza. Pero si pudiéramos entender la directa y estrecha relación que existe entre el bienestar de la gente y los indicadores de riesgo, quizás pudiéramos precisar y jerarquizar las tareas esenciales que tiene este país por delante para avanzar resueltamente en la inclusión que nos debemos.

Los nuevos lugares del encuentro y la expectativa

Uruguay ha venido procesando su difícil transición política con amplia satisfacción social. Hay en la acción del gobierno y la movilización popular un explicable impulso a la ejecución de los cambios, con el mayor grado de concertación social posible. Hay en el gobierno una ostensible propensión de adhesión al programa y, aún, a los postulados emblemáticos de la izquierda. Se vuelve a la histórica negociación colectiva de los contratos laborales. Los ministros organizan comisiones que rodean de fuerzas sociales organizadas el proceso de recambio ejecutivo. Pese a todo, en poco, alguien intentará mejorar a través de la reglamentación la Ley que instituirá el Consejo de Economía Nacional formalizando la integración de las corporaciones organizadas en el debate de los asuntos «económicos». En síntesis, el Estado entero procura enlazar en espacios comunes a representantes del poder disperso. Hay una propensión de compartir y democratizar, que otros leen  quizás en mejor comprensión del proceso que la mía- como un intento orgánico de neutralizar la confrontación inevitable. Sea cual sea la intención real, es obvio que la creación de este estado de debate integrado tiene muchas virtudes y genera unos cuantos problemas. Las virtudes son obvias. Los problemas son un poco más difíciles de entender. Sobre todo si este proceso de encuentro del Ejecutivo con la sociedad no se observa en ese contexto de cambio y apremio que intentamos informar más arriba, apelando a los indicadores de riesgo de estos días.

Un dilema pertinente

El riesgo no es abstracto. Pudiéramos concluir que los nuevos riesgos que señalan esos indicadores de mercado son costos que hay que pagar por tomar la oportunidad del cambio. Es una idea. Yo prefiero pensar que el dilema debe plantearse al revés: la oportunidad del fantástico cambio en ciernes obliga, precisamente, a postergar la innovación institucional. Si ello fuera así, el dilema sería cómo afrontar con la valentía y la audacia necesaria la profundización, el blindaje de la estabilidad como plataforma única de realización de los cambios. De alguna manera, creo que esta es la opción que va a ir asumiendo el gobierno en las próximas semanas si es que ese escenario de riesgo se profundiza tal cual parecería. El presidente Vázquez ya ha dado señales que tiene la capacidad de liderar esas acciones de corrección rápida.

Me temo, sin embargo, que hay demasiada gente en este país que razona con patrones e intereses antidiluvianos. Esta especulación con el riesgo sobrevolará todos esos novedosos lugares de encuentro social instituidos. No me parece mal la confrontación de ideas organizada. Mejorar y corregir su institucionalidad es una tarea que se deben las democracias latinoamericanas. Empero, en este contexto de riesgos nuevos, el problema consiste en impedir que en ese encuentro democratizador e integrador se formalicen impedimentos o dilatorias  simple generación de expectativas, quizás- que diluyan las acciones que públicos y privados deben realizar para afirmar sus propios equilibrios. Porque, insisto, esta discusión debe ubicarse necesariamente en un escenario de riesgos que ya nada tienen que ver con los que disfrutara el país el año pasado. *

 

[1] En las tres primeras semanas de marzo el riesgo Brasil se ha incrementado tres veces más que el norteamericano, siendo que este ya aumentó un 3% en el período. Entre los dos aumentos se ubica el de Uruguay cuyos bonos globales han perdido un 15% de sus precios en esas tres semanas. El riesgo que indican las tasas de las letras de tesorería en pesos, de corto plazo, ha aumentado un 13% en el mismo período. En dicho lapso y en un orden vinculado, el precio del petróleo ha llegado a sus récords históricos aumentando un 7%.

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