"Las prioridades de la política económica las fija el gobierno"
El ministro Astori fue entrevistado por la periodista argentina Diana Cariboni para la agencia de noticias IPS de la cual extractamos lo siguiente:
¿Qué espera haber logrado al final del período, en cinco años?
Haber puesto en marcha la reforma de la Dirección General Impositiva y haber echado las bases de un nuevo sistema tributario y de otro tipo de Estado. Esperamos un desempleo ubicado entre 8 y 10%. El desempleo se ubica ahora en 12%, pero hay mucho empleo precario y subempleo. Los niveles de inversión uruguayos son bajísimos. El peso de la deuda pública es elevado (89% del producto interno bruto). Necesitamos inversiones para crear riqueza y trabajo de calidad. Por eso, la mejor noticia de estos días fue la confirmación de una inversión de 1.200 millones de dólares, un monto impensable para este país, por parte de la empresa finlandesa Botnia para instalar una planta de celulosa.
Noticia resistida por grupos ecologistas, que afirman que la planta provocará daños ambientales y al turismo.
Buena parte de ese monto se aplicará justamente para asegurar que la planta no genere contaminación. Tenemos las garantías de Botnia de que la tecnología utilizada es la mejor en ese aspecto. Estamos seguros de que así será.
Todas las monedas regionales se han apreciado frente al dólar. Si ese proceso continúa, ¿hay peligro de medidas devaluatorias por parte de algún socio del Mercosur?
Absolutamente no. Por primera vez en mucho tiempo las monedas están razonablemente alineadas, y el valor del dólar responde a factores regionales e internacionales. En nuestro país el precio del dólar llegó a su piso. El peso argentino se apreciará un poco y eso repercutirá bien en la alineación de nuestras respectivas monedas. En Uruguay habrá que cuidar que no se repita el fenómeno del atraso cambiario de los años 90.
Uruguay debe negociar en las próximas semanas con el FMI y el Banco Mundial. ¿Qué opina de las críticas a esos organismos?
Es evidente la necesidad de cambios. Y los organismos financieros no son impermeables a ese debate. En el lenguaje y documentos del Banco Mundial y del BID de los últimos años se introdujeron nuevos conceptos sobre la pobreza, sobre el desarrollo. Dentro del FMI también se están procesando autocríticas. Hemos podido atestiguarlo en las reuniones que mantuvimos con funcionarios de esos organismos. Ahora está claro que el que determina la política económica y los objetivos de un país es su gobierno, y no el Fondo.
Pero el Fondo presiona. Y en el caso de Argentina las presiones fueron muy fuertes.
Sí. Fuimos testigos de esa dureza en algún encuentro internacional en el que Uruguay intentó mediar para bajar el volumen a esas tensiones. Pero desde el inicio de este proceso, Argentina jamás dejó de pagar al FMI y a otras agencias multilaterales. Y ahora tiene espacio para discutir un acuerdo con el Fondo en otras condiciones.
Brasil y Argentina impulsan la integración política del Mercosur, un parlamento regional y la incorporación de nuevos miembros. Pero no se avanzó en problemas comerciales básicos, ni en el fondo para combatir las asimetrías de los socios menores, ni en la política de complementación productiva. ¿Cómo cumplir la promesa de «más y mejor Mercosur» del presidente Tabaré Vázquez?
Coincido con el diagnóstico, no sólo no se resolvieron problemas comerciales, las asimetrías y la complementación productiva; tampoco hay progresos en otros asuntos, como los mecanismos de solución de controversias. Hay dificultades hasta en aplicar la zona de libre comercio, ni qué hablar de la unión aduanera. El parlamento regional es un objetivo muy importante, pero sólo podrá alcanzarse cuando se resuelvan los problemas comerciales y económicos. Y para ello se requieren definiciones y acciones políticas en materia económica y en materia comercial.
El gobierno uruguayo tiene una gran sintonía con el Brasil de Lula, la Venezuela de Chávez y la Argentina de Kirchner, pero también está marcando un perfil propio. Para negociar con la UE se requerirá flexibilidad de Brasil. Además, Montevideo mantiene la candidatura de un uruguayo a la dirección de la Organización Mundial del Comercio, cuando Brasilia pretendía respaldo del Mercosur a su propio candidato. ¿Cómo se van a afrontar esas diferencias?
Dialogando, negociando, argumentando nuestras razones. Uruguay puede jugar un importante papel articulador. Brasil está llamado a ejercer el liderazgo de la región y debe asumirlo. Pero para ser líder hay que entender y dar cabida a las necesidades de los otros socios y vecinos.
¿Cómo vio el resultado del canje de la deuda de Argentina con tenedores de bonos?
Con gran alegría porque Argentina haya concluido exitosamente esa etapa tan difícil. Me alegro por Argentina y por Uruguay. Esto disminuye el riesgo de la región y repercute favorablemente en nuestro país. Una calificadora internacional (Fitch) acaba de subir la nota de la deuda pública uruguaya, mientras ha bajado el riesgo país. Además, el fin del default de Argentina abre las puertas a un flujo de inversiones a ese país, que apreciará su moneda, beneficiando a Uruguay, porque va a ganar en competitividad.
¿Qué lecciones deja la salida del default argentino para los países en desarrollo?
El gobierno argentino timoneó bien un proceso muy delicado. Pero yo no cambio por nada el camino seguido por Uruguay (que negoció en 2003 con los tenedores de bonos un canje voluntario de papeles). Argentina ha logrado salir del trance, pero con costos muy serios que deberá remontar en los próximos años. La historia del endeudamiento y los rumbos que adoptaron los países fueron distintos. Comprobamos el respeto que existe en los mercados financieros y en los organismos internacionales por la forma en que Uruguay manejó la crisis y la reprogramación de su deuda en bonos. Ese es un capital inmenso, que vamos a aprovechar muy bien cuando salgamos, en breve, a emitir deuda para obtener financiación extrapresupuestal. *
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