COFAC: LA OPORTUNIDAD DE LA PRIMERA CRISIS

Mejorará la confianza si nos entendemos bien

En la mañana de hoy culminarán las gestiones que habilitarán al Directorio del BCU y al Ministerio de Economía y Finanzas a realizar, en ese orden pertinente, los anuncios que posibiliten que, un rato más tarde, el problema Cofac no sea utilizado en ciertas operaciones ajenas a las finanzas.

Esa prelación en la comunicación es pertinente y debería ser respetada. Nadie quiere que se reiteren en este tipo de cosas la subrogación de roles básicos. El presidente Vázquez no debe ocuparse de esto como sí lo hiciera en recordadas apariciones el doctor Batlle en 2002.

Pero, además, el mercado y todos nosotros celebraríamos que el ministro Astori no hiciera ni dijera en este complejo tema, nada que pudiera ser leído como una decisiva presión del nuevo gobierno sobre las decisiones que debe tomar el Directorio saliente del BCU, subrogando probablemente la responsabilidad de la propia Superintendencia de Instituciones Financieras.

Esto tiene que ver con la defensa y la didáctica elemental que requiere el fortalecimiento de la institucionalidad y las normas. De aquí se saldrá con más o menos depósitos, con bancos más o menos afectados, pero sobre todo, se saldrá con un saldo neto de confianza acrecido o desmerecido. Esto tiene que ver con la confianza o desconfianza en el futuro que deparará la calificación que hará la gente sobre la capacidad y la autonomía con la cual el BCU debe contribuir a la resolución de esta crisis. Y también de la responsabilidad que en la multiplicación de la información y el análisis tenemos nosotros mismos.

De uno mismo

La información de prensa y las columnas de opinión tienen una enorme gravitación en la generación y resolución de estos problemas. Lo han tenido antes y lo están reiterando ahora.

Las crisis bancarias son crisis de expectativas y en ellas, además de lo importante que es la historia y las fortalezas o debilidades de la empresa en el presente, lo determinante son las expectativas. Ellas posibilitan o clausuran salidas. Esas expectativas permiten que las crisis generen oportunidades o determinen pérdidas de riqueza.

El sábado, el doctor Ramón Díaz ha creído pertinente extender los problemas que arrastra Cofac en el marco de una salida comprensiva que aún permite vivir en este país, a otra institución que, mal que le pese, presenta información que no inquieta a nadie en el mercado.

Mi opinión sobre lo que está sucediendo en Cofac y lo que hoy pueda pasar en el sistema financiero es, como siempre, absolutamente independiente de las aspiraciones de un movimiento cooperativo con el cual tengo vínculos que pudieran sugerir dependencia.

Naturalmente no la tengo pero eso debe juzgarlo el lector, conociendo los riesgos. Por eso explicito ese riesgo. Los lectores deben conocer mi vínculo con el sistema y algunas empresas afectadas en esta emergencia. Acaricio mi independencia para poder analizar este tema, pero los lectores bien pudieran dudar de ella. Dado lo cual, mejor hacer esta relación bien explícita.

La información en su secuencia

Cofac fue la institución financiera cuya salida de la crisis bancaria de 2002 fue más comprometida.

Su recomposición patrimonial fue produciéndose en un tiempo desajustado con las urgencias de adecuación exigidas por el BCU para todo el sistema.

Más allá de la integración de capital propio que se fue realizando en el curso de 2004, las pérdidas operativas del banco fueron comprometiendo su patrimonio al límite de lo admisible por la regulación y por el proyecto mismo.

El riesgo de la transición política, si bien minimizado al extremo, fue un factor inhibitorio para el crecimiento mejorará la confianza y, en tanto, el nivel de actividad bancario con sus presumibles consecuencias sobre ingresos y costos operativos.

Eso es tan cierto como que la cooperativa no entendió o no pudo explicar adecuadamente por qué, en un contexto crítico, continuaba incrementando su relación de costos de administración e ingresos. Una relación crítica y, además, pasible de ser leída muy malamente en un sistema cooperativo en el cual la norma indica que la solidaridad comienza con el sacrificio de cada uno.

El 23 de febrero el BCU, en el marco de su plan de regulación preventiva, decidió para todos los bancos con habilitación total lo que sería el test de mayor exigibilidad para Cofac: la obligación de poseer un patrimonio mínimo de $ 231.5 millones para poder actuar y le dio a Cofac un plazo hasta el 15 de marzo para capitalizarse.

El lunes 28, Fitchrating realizó su upgrade de norma con datos a setiembre de 2004 anualizados a diciembre, manteniendo la calificación nacional de la cooperativa en un B.uy con perspectiva estable, lo que en sí no debiera haber producido un impacto decisivo.

El lunes 28 Cofac envió al BCU su estado de situación al 31 de enero fuera de plazo. Ello determinó que su publicación en la web del BCU fuera realizada automáticamente, bajo la responsabilidad de la Cooperativa, el miércoles 2 de marzo, con diez días de diferencia a la publicada para el resto del resto del sistema.

En tanto, el mercado leyó las malas cifras en un contexto aislado que llamaba la atención en si. El martes fue el feriado de asunción presidencial. El jueves, el semanario Búsqueda reparó en el dictamen y lo destacó en un recuadro con sugestivo título: «COFAC con «alto riesgo» de impago, según Fitch». En realidad, la noticia de riesgo no era esa. Era si aquella que no leyó el semanario y si leyó el mercado: la que sólo había sido publicada en el web del BCU, con números y sin comentario alguno pero que, más allá de todos los buenos y malos ratios, incluía la liquidez más o menos apreciable daba cuenta que la responsabilidad patrimonial de la cooperativa no llegaba a los U$S 69.00.

Ese era el dato. La novedad no había que leerla en el web de Fitch, o en el apartado respectivo del web del BCU, sino en ese estado de situación de enero cuya noticia titiló en la portada del web del BCU en la tarde del miércoles.

Allí leyó el mercado la novedad y el jueves, el titular de Búsqueda tan sólo aceleró lo que ya el mercado estaba haciendo con ese balance en las manos de los principales operadores. Quizás lo de Búsqueda y algunas radios atentas avivó, indirectamente, a los que aún no se han enterado que para cuidar los dineros propios hay que trabajar con información de primera mano. Pero nada más.

De ahora en más

Primero. Hoy no habrá corrida bancaria alguna de no mediar algún irresponsable con capacidad de titulación fuera de cualquier norma ética.

Segundo: Probablemente, COFAC haya podido completar un plan de capitalización provista dentro del propio sistema cooperativo y sus depositantes mayores.

Si ello se informa conjuntamente a un paquete de reformas institucionales draconianas que inspire confianza y adhesión se habrá completado una base sobre la cual, el resto del sistema financiero no debería tener reparos para aportar mínimos de uno o dos por mil de sus depósitos para conformar un seguro de depósitos.

Ese seguro de depósitos que fuera legislado dentro de la solución comprensiva de 2002, ahora, cumple una finalidad anterior y más importante que pagar los depósitos menores de COFAC. Ese seguro torno explícito un seguro implícito.

En este país, afortunadamente, ningún depositante humilde ha quedado en la calle. Es mejor que eso se sepa, a que se haga siempre sin que se sepa. Luego vendrá lo demás. Y si esto es así, nuevamente, los uruguayos tendremos unos meses más para entendernos mejor y cuidar, desde la individualidad atenta, la vigencia de las norm
as, los contratos y la propia responsabilidad personal o institucional de cada día. Así será. *

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