Alianza de bonistas y FMI no logró torcer el brazo a Argentina
El gobierno argentino puso fin ayer al canje de su astronómica deuda en mora por 81.800 millones de dólares, con una oferta unilateral que mantuvo contra viento y marea ante la oposición de los bonistas.
«Vamos a tener un buen resultado con el canje de la deuda y vamos a demostrar que habremos hecho la mejor negociación en la historia del mundo», fue la frase con la cual el presidente Néstor Kirchner le colocaba este viernes la frutilla al postre.
La alianza entre las entidades de bonistas y el Fondo Monetario Internacional (FMI) no le pudo torcer el brazo a un gobierno que se plantó en las cifras de una reestructuración que fija una quita promedio del 50% sobre el capital nominal.
Analistas de mercado indicaban casi en forma unánime que Kirchner y su ministro de Economía, Roberto Lavagna, cosechaban una adhesión superior al 70%, luego de haber experimentado durante casi 18 meses una repulsa generalizada.
El FMI y el Grupo de los Siete países más desarrollados habían puesto a Argentina entre la espada y la pared, sin darle margen para más dilaciones y varias veces le reclamaron «buena fe» en las negociaciones.
El gobierno corrigió las primeras cifras de la oferta en setiembre de 2003, durante la asamblea anual de FMI y el Banco Mundial, que implicaban una quita de al menos 75%, lo que enfureció a las corporaciones de tenedores de bonos.
Pero en los hechos, el gobierno comenzó a salirse con la suya con la quita del 50% elegida para superar el ‘default’ que declaró Adolfo Rodríguez Saá en su efímero gobierno de tan sólo siete días en diciembre de 2001.
Inclinaron la balanza en favor del gobierno el mantenimiento de bajas tasas de interés en las principales plazas financieras, lo que mejoró la perspectiva de los nuevos bonos que serán lanzados pronto al mercado.
También pesó a la hora de las decisiones de los bancos y bonistas el respaldo a Kirchner del gobierno estadounidense de George W. Bush, cuyos colaboradores no ven con malos ojos que se corten los préstamos a países no desarrollados, realizados con dinero surgido del pago de impuestos en las naciones ricas. Kirchner justificó la dureza de su gobierno al advertir que la deuda fue contraída en su momento –los años 90– «para saquear al pueblo argentino», pero «solidariamente dijimos ‘podemos pagar esto, no podemos pagar otra cosa'».
El jefe de Estado condenó a quienes pidieron mejorar la oferta sin «levantar la vista para ver el empobrecimiento de los sectores medios, el quiebre de la estructura productiva, la exclusión social y el desguace global que sufrió el país». *
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