Escrito por: Jorge Jauri
El viernes pasado el precio del dólar aumentó un 2% en un marco de hiperactividad cambiaria hasta ahora inédita en el verano uruguayo. Bancos e inversores institucionales duplicaron en un dÃa el promedio diario de sus transacciones cambiarias. Aún en este marco de demanda de moneda extranjera que excedÃa ampliamente la oferta del dÃa, sobre las dieciséis horas, como ya es usual, el BCU comenzó a comprar sus cinco millones diarios. En los dÃas previos Bancos y otras instituciones financieras de porte venÃan acumulando liquidez en pesos que se venÃa manifestando en la caÃda continúa de la tasa de préstamos diarios entre bancos. El BCU retiró unos cien millones de pesos netos en la cuenta de letras pero, de cualquier manera, nada hacÃa suponer a media tarde que al mercado le faltarÃan pesos para su operativa normal en dicha moneda. Aún asÃ, en la última hora del dÃa el BCU se avino a comprar esos cinco millones de dólares más que las instituciones financieras le vendieron pero ya con otro precio. Si el BCU hubiera rehusado hacer eso que los bancos estaban esperando -comprar sus cinco millones diarios-, el precio del dólar no hubiera tenido ese aumento del 2%; que más que una idea de pérdidas y ganancias de unos y otros es, una señal con la cual está trabajando el mercado y que confunde la visión de un BCU promotor del uso de la moneda nacional pero que, diariamente aparece sosteniendo otra moneda.
Es cierto que la abstención que se reclama resulte un tanto temeraria entre otras cosas porque, probablemente, la intensidad con la cual el BCU está recomprando deuda en moneda extranjera esté logrando beneficios de fuerte impacto sobre los indicadores de riesgo y los déficit financieros del BCU. En tanto también sobre la afirmación de la moneda nacional en el mediano plazo. Empero, sobre todas las cosas, es obvio que la explicación de las bruscas intervenciones del BCU en el mercado cambiario se deben exclusivamente a la razón del artillero. Si la sociedad no defiende activamente la estabilidad como un valor y la caÃda del dólar es observada como una oportunidad, la polÃtica monetaria no es sostenible ni en su actual programación ni aún si en marzo fuera dotada de una mayor flexibilidad. El BCU parece haber llegado a la escéptica certeza de siempre. De poco vale en este paÃs defender el precio de la moneda nacional si la cultura dominante, la incapacidad empresarial y la desidia de los polÃticos no ven en la estabilización un marco propicio, y excluyente, para diseñar, hacer y explicar las reformas.
Pero el drama que supone la consolidación de la imagen de un Banco Central como asegurador a ultranza de riesgos cambiarios, tiene contenidos explosivos para el nuevo gobierno. Si el mercado, como lo está haciendo ahora, se dedica a “esperar” que el BCU toquetee el dólar para colocarlo en un precio “polÃticamente aceptable”, probablemente mañana entienda también que alguien pudiera ordenarle que subvierta su disciplina reguladora del sistema financiero y haga lo que le pidió Batlle a su primo entre junio de 2001 y junio de 2002, hasta el feriado bancario: asistir fuera de norma con plata de los pobres la imprevisión y especulación de los ricos. De otra manera: si ese “mercado” tan particular que existe en este paÃs comienza a convencerse acerca de que el BCU se va a preocupar más del dólar que de mantener la inflación a raya como prerrequisito de los cambios, entonces la subversión de la peor especulación está asegurada. Todos, absolutamente todos, vamos volver a comprar dólares y enterrarlos en los centenares de miles de sarcófagos que hemos construido en estos años.
Si se pudieran simplificar las opciones de polÃtica económica en esta transición tan penosamente extensa, habrÃa que oponer: riesgo de las oscilaciones cambiarias imprevisibles vs. consolidación de la independencia del Banco Central para defender su misión principal: la estabilidad y valor de la moneda nacional. Si el equipo económico del nuevo gobierno pudiera evitar con la contundencia necesaria que se lo intuyera inclinado a neutralizar las oscilaciones cambiarias o la tendencia a la baja del precio del dólar pagando con la plata de todos seguridades que deberÃan pagar los directamente interesados, entonces los bancos y los grandes formadores de precios no tendrÃan otra solución que construir sus propios seguros cambiarios o dedicarse a otras actividades. En las actuales condiciones nadie se apura por terminar de armar lo que no deberÃa llevar más de una semana: abrir en la Bolsa un mercado formal de compraventa de dólares a futuro. Los contratos ya deben estar impresos y el software preparado. Lo que falta es lo que el BCU no parece auspiciar: el convencimiento de los viejos empresarios que deben proveerse de una vez algunas seguridades que ya no les pueden pagar los pobres con más impuestos e inflación. *
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