Escrito por: JORGE JAURI
a conveniencia de que un paÃs con pretensiones de soberanÃa tenga una moneda nacional fuerte es, en el Uruguay de hoy, una proposición empujada hacia el centro de la discusión polÃtica desde el mercado. Los partidos polÃticos manejan este tema con eufemismos variados que reflejan, además, la sorpresa social frente a la incertidumbre cambiaria actual.
Es como si, de pronto, se hubiera descorrido un histórico velo y los uruguayos hubiéramos sido advertidos sobre la existencia de la moneda propia. En realidad, el problema es aún más complicado. Desde la escuela intentamos explicarnos a qué se debe que en la cuadrÃcula donde deberÃa haber un signo de pesos, un cuadrúpedo simboliza la máxima fortaleza económica del paÃs.
Ha tenido que derrumbarse el dólar como expresión de la incompetencia norteamericana para que, razonando por la negativa, entendamos que la revalorización actual de la moneda nacional es un llamativo Ãndice de la oportunidad histórica que tiene este paÃs para cambiar en serio.
Hasta ahora, Uruguay ha vivido una esquizofrenia de reivindicación independentista de todo tipo, en el discurso, y un quehacer real de pensarnos, proyectarnos y atesorar vorazmente lo que pudiéramos… en dólares. Ahora ya no va más. Los billetes verdes se enmohecen en los cofres de seguridad, al igual que en los edificios vacÃos o los campos en los cuales pacen animales que en vez de mugir son enseñados a clamar por un tipo de cambio “competitivo”.
Los corredores de bolsa o los bancos especialistas en sacar esos billetes hacia los mercados más seguros y rentables están asustados: aquellos santuarios de otrora se han transformado ahora en escenarios de guerras financieras, con perspectivas de cuya evaluación de riesgo están bien lejos los intermediarios locales.
El mercado, demandando productos financieros nominados en moneda nacional está precipitando la desdolarización hace ya un buen rato. Ahora, además, el gobierno ha comenzado a impulsar decididamente este proceso a través del cambio de normas regulatorias que impiden a las instituciones financieras los descalces de moneda. Pero, fundamentalmente, ahora, con las voluminosas emisiones de deuda pública en moneda nacional indexada a la UI, el gobierno está dotando a la desdolarización de un ritmo de aceleración progresional.
Interpretando la demanda del mercado y suponiendo que los uruguayos realmente queremos sustituir la moneda extranjera por la nuestra, el actual equipo económico con el visto bueno del nuevo, está colocando en el mercado una cantidad de notas, letras y bonos en UI que van a propiciar la ampliación de la comercailización de estos instrumentos en el mercado secundario (en las bolsas).2/ Con ello la UI además de pagar una tasa de retorno superior a los instrumentos disponibles en dólares y poseer una protección de su capacidad adquisitiva interna que no tiene el ahorro en dólares, superará uno de los problemas que hasta ahora impedÃan el acceso fluido de las familias y empresas a su tenencia: su iliquidez, o sea la dificultad de comercializarlas fluidamente sin tener que esperar para hacerse del dinero al término del perÃodo del contrato.
En la medida que se generalice el uso de la UI y el público se incline a usarla como unidad de cuenta tanto en sus ahorros como en las transacciones corrientes va a ir aumentando la presión de caÃda del precio del dólar. La gente se inclinará a comprar UI vendiendo dólares con lo cual a los factores actuales que inciden en el deterioro del precio de la moneda norteamericana se le sumará una oferta agregada de dólares que no tiene contrapartidas posibles para mantener las actuales cotizaciones del billete verde. Este proceso no será indoloro pero es inevitable. Habrá en él puja y confrontación. Habrá una cerrada defensa de un modelo de producción e inserción internacional que sólo es sostenible con fuertes transformaciones en la competitividad de las empresas.
Mientras tanto se reivindicará el trabajo y la cultura de la producción demandando un tipo de cambio “realista”. Pero, ahora, además de que ya no es posible devaluar sin costos inmediatos, probablemente, los trabajadores puedan entender cabalmente porque deben defender su moneda y al BCU, la institución responsable de velar por su fortaleza. Asà se irán acelerando los tiempos que Uruguay tiene para procesar sus definiciones.
Los precios del dólar en el Uruguay son una de las expresiones más tangibles de las relaciones de producción históricas. Y es allà dónde efectivamente habrá que buscar y explicar las razones de los grandes cambios. En la medida que avance, ese proceso impondrá por sà mismo las opciones frontales por los cambios. Todo eso será precipitado por la decisión de los uruguayos de abandonar el uso prevalente de la moneda extranjera. Si ese estadio de estabilidad y caÃda del tipo de cambio real no es acompañado, en lÃnea o más rápido aún, por la ganancia de competitividad real de la economÃa, ese proceso se derrumbará tarde o temprano con sus imprevisibles consecuencias sociales y polÃticas.
El paÃs está a tiempo de renunciar al riesgo de abandonar esquizofrenias y gradualismos históricos.
Empero, con ese caso, alguien deberá promover una alternativa responsable porque ante la mera insinuación del cambio de tendencia actual volveremos a vivir con los dólares debajo del colchón y una pobreza justificadamente agresiva. *
1/ A través de sendos decretos firmados entre el 26 y el 31 de enero, el Poder Ejecutivo amplió significativamente las emisiones de letras en UI y autorizó la emisión de un bono compensatorio a los ahorristas acreedores de más de U$S 100.000, a quince años de plazo nominado también en UI. El futuro presidente del BROU, Fernando Calolia anunció la semana pasada la próxima apertura de diferentes modalidades de ahorro en UI.
2/ La hasta ahora escasa emisión, pública y privada, de UI, impedÃa que pudieran comercializarse diariamente cantidades significativas de estos papeles, dado lo cual los únicos interesados reales en demandarlos eran los inversores institucionales que calzan sus obligaciones futuras con los plazos de amortización de estos instrumentos. AFAPs, CompañÃas de Seguros, etc.
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