ANALISIS NACIONAL - ENTRE LA LIBERTAD Y LAS POLITICAS PUBLICAS

Cuidar la esperanza y dejarla hacer

Este es un momento de suspenso y especulación; probablemente de riesgos mayores que aquel que, antecediendo las elecciones nacionales observáramos desde la tan antipática como útil visión de mercado. Es que ahora, como en la vida misma, los dichos y hechos cualesquiera que sean se dicen y hacen sin los disfumantes vapores de la confrontación electoral. Son, en tanto, los que se escuchan y observan, palabras y actos más racionales que aquellos de la previa. Eso en lo que refiere a las conductas de los hombres públicos ya interiorizados de sus nuevas responsabilidades. Pero también es nuevo y motivante la acomodación de los individuos y las instituciones al nuevo escenario. Ese es el otro mercado, siempre tan difícil de observar escondido detrás de indicadores más difusos y complejos. Allí hay también, cómo en la vida joven, más seducción y riesgo.

Los roces

Y es desde allí, desde el encuentro de lo público y privado, de los roces entre unos y otros de dónde está surgiendo la verdadera esperanza del cambio. Esa impresión deviene de la aparición en escena de viejos temas, desgastados hasta el cansancio en la conversación vana y la confrontación ciega. No se trata aún de esperanzas surgidas de proyectos de las grandes reformas que no hicieron los que se van y deberán hacer los que llegan. Ni siquiera esa esperanza surge de la inminencia de una fuerte transferencia asistencial de recursos que operará en poco como dique a las olas de miseria que invaden casas y conciencias. Ni aún esa esperanza surge de la renovación de caras y apellidos. No, la esperanza surge de la posibilidad real de que este país aproveche su oportunidad histórica a partir de decisiones individuales e institucionales concretas. Los uruguayos estamos aceptando la invitación al cambio como un desafío movililizador; que reahace la voluntad y provoca la adormilada inteligencia. Es cierto que esta revisión en ciernes del malhumor nacional no se basa sólo en una predisposición de individuos e instituciones para hacer cosas que antes no se podían hacer. Sin la mejora del entorno regional, sin los equilibrios actuales o el crecimiento de dos dígitos que ostentan la economía, esta promesa de lo nuevo sería barrida de inmediato por la reedición de la confrontación y la reaparición de lo más reaccionario de individuos e instituciones pujando por subirse a los botes del naufragio. Si el gobierno que se va hubiera fracasado también en la salida a la crisis que provocó o consintió, las expectativas de hoy serían bien diferentes por cierto.

¿Ellos o todos?

Hay que cuidar esa criatura, dejarla crecer, disfrutarla. Y eso es lo que deben entender nuestros representantes en este momento tan fermental. Esta percepción de cambio impulsado desde el encuentro de una nueva subjetividad y los datos de la realidad deben ser considerado por los nuevos gobernantes. Su ponderación debería contribuir a quitarle presión al natural activismo de los hombres y mujeres que acceden a la dirección de las unidades ejecutivas del Estado. Ahora ese mercado de acepción amplia se ha puesto en marcha y eso constituye, en sí, una fastuosa contribución al cambio. El Uruguay son sus ciudadanos repensándose desde abajo y los costados. Así observado es claro que este país ha comenzado a moverse y es imprescindible que la política y sobre todo las políticas públicas no intente activar este proceso ni complicarlo más de la cuenta. Importa si que los nuevos gobernantes se preparen y predispongan para entender su verdadera función frente a los individuos e instituciones ahora más activos y esperanzados. Alcanzaría con que entendieran que ellos no pueden ser los agentes del cambio sino una parte de un encadenamiento de proceso revitalizados que, además, deben administrar y garantizar.

Bolsa que se reencamina

Un ejemplo pertinente es lo que ha comenzado a suceder en el mercado de valores. Por primera vez en seis o siete años, la Bolsa de Valores de Montevideo parece reencaminarse a asumir sus funciones en el encuentro del ahorro nacional y la demanda de fondos de financiamiento a la inversión de empresas públicas y privadas. Vuelven a su dirección hombres valiosos que el país perdió allí y en tantos lados. Esos hombres tendrán que imaginar y ejecutar un esquema de utilidad propia conciliable con un servicio que esa gente le debe a la comunidad. Esa vetusta institución parece querer rediseñarse a si misma, reconstruir su propia autorregulación y desde allí, desde esa confianza en reconstrucción, solicitar al gobierno el complemento de las políticas o las normas que requiere la dignificación y la modernización del mercado de capitales.

La tentación, el movimiento natural de los años previos tendía a mejorar la operativa demandándole al Estado o al BCU en tanto Comisión de Valores políticas y normas. Eso también contribuyó al fracaso y el descrédito. Ni desde la política ni desde una institución reguladora se pueden hacer las cosas que los individuos o las instituciones no quieren hacer por si mismo. Ahora el nervio y la tensión van a instalarse en esos ámbitos de participación privada y a los hombres públicos que algo tienen que ver con ella les corresponde principalmente contribuir y estimular ese proceso.

Entre otras cosas, para poder entenderlo y contribuir a su comprensión pública. Ello debería jerarquizar las tareas tan difíciles de la regulación y el fomento de la sana competencia. Si las cosas andan bien y se entienden las funciones de cada cual, probablemente tengamos en poco tiempo un mercado de gravitación decisiva en todo sentido y que, además, apadrinará la izquierda entre abandonos dolorosos y gratificantes hallazgos. *

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