Análisis nacional: Sociedad e instituciones: el caso del BCU

Incomunicación progresiva

La semana pasada el BCU ha protagonizado al menos dos incidencias de suma importancia para la conformación de los escenarios en los cuales se desarrollará la transición. El martes 19 publicó la rendición de cuentas de la ejecución de la política monetaria del tercer trimestre y en el mismo documento extendió sus objetivos de inflación y pautas monetarias para un período que comprende, nada menos, que el primer semestre del nuevo gobierno. La segunda acción de impacto la concretó el jueves cuando inició su programa de recompra de bonos. La proyección de la pauta monetaria pasó desapercibida. En cambio, la primera adjudicación de recompra de deuda fue conocida, sobre todo, por las críticas que generó la improvisación con la cual se realizó la comunicación al mercado.

 

Las acciones

No tengo duda alguna que las dos acciones: extensión de la pauta monetaria hasta setiembre de 2005 y la recompra de deuda, eran necesarias y convenientes. Por otro lado no parece haber motivos para compartir las acusaciones sobre una eventual filtración de información que, conocida por algunos operadores el miércoles les indujera a comprar las series que el jueves adquirió el Central a mayor precio. Presumo que no había que ser pitoniso para saber el miércoles que es lo que compraría el BCU el jueves dada la facilidad con la cual ahora aparecen en una pantalla los comparativos de rendimiento de cada una de las series de bonos (TIR). Empero, no tengo duda tampoco que, en las dos oportunidades y, sintomáticamente, el BCU falló en sus métodos de comunicación y encuentro tanto con el «mercado» como con la ciudadanía. En cualquier circunstancia pero en estas en particular, el BCU no sólo debe cuidar en extremo la transparencia de sus procedimientos sino que, debe saber como entenderá el mercado y la sociedad cada uno de sus movimientos.

El caso es si los puede comprender. Y en las dos oportunidades el BCU dejó dudas sobre motivaciones y procedimientos de intervención en el mercado. El problema es más serio aún dado que al BCU ya le estaba costando mucho explicar los fundamentos de su política monetaria. Dicho de otra manera, el BCU estaba siendo cuestionado en su indefensión para convencer sobre la pertenencia e independencia técnica de sus acciones de política monetaria. No alcanza con la presencia en los medios del Presidente de su Directorio, propenso a ello por su condición de periodista.

 

Malditas heredades

Las graves omisiones son parte de la maldita herencia de la opacidad de las instituciones y en particular de la historia del BCU. Probablemente también, sean consecuencia de la acumulación de nuevas responsabilidades que tiene la institución y el progresivo aislamiento que ha venido caracterizando la relación del regulador con una sociedad progresivamente corporativizada y del propio gobierno.

Las preocupaciones que generaron el desencuentro del BCU y el público la semana pasada sumado a la incomprensión que persiste respecto a su política monetaria son indicadores que hay que atender. La sociedad no entiende a su autoridad monetaria por dos razones al menos: porque el BCU en el mejor momento de su apertura informativa no logra comunicar adecuadamente y porque la sociedad no parece tener predisposición alguna a entender que es lo que hacen realmente sus instituciones. Lo del BCU ya está dicho y quizás pueda ser corregido en el corto o mediano plazo.

El problema es la sociedad. Y esa es, probablemente, la debilidad principal que tiene la transición una vez que esta se acelere ya no en la búsqueda de recomponer o arbitrar pérdidas sino, fundamentalmente, de avanzar. Llegados esos momentos, próximamente sin duda, la incomunicación supone un riesgo mayor que la propia corrupción. Entre otras razones porque es su hábitat natural.

En poco tiempo el país con su nuevo gobierno deberá comenzar, efectivamente, a dar las señales de cambio que se ha prometido. Ello será así o no en gran medida según sucedan unas cuantas cosas.

Y ello requiere que esta incomprensión tan paradójica que se ha abierto entre algunas instituciones de misión esencial y la sociedad uruguaya debe ser corregida rápidamente. Desde las dos vertientes en las cuales se conforma esa incomunicación. Porque allí, quizás esté la clave de la reinstitucionalización que se debe este país y sin la cual el cambio será promesa. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje