Alfie quiere que le demos las gracias
De esta forma se quiere dar la idea de que el gobierno saliente está allanando el terreno para que el gobierno que asuma en el año 2005 vaya «sobre rieles». Tal se presenta así, que el ministro afirma que con esta medida quedaría asegurado un crecimiento mínimo del 5% para el año 2005, siempre y cuando el próximo gobierno mantenga la política económica.
Pongamos algunas cosas en su sitio. Este país contaba con crédito externo abundante pero lo desaprovechó en el correr de los años noventa. La inversión fue insuficiente, el consumo fue desenfrenado y el crecimiento que se registró resultó ser ficticio, además de desparejo. La política económica aplicada hizo que el país se desviara de su camino, se alejó de la senda en que debe transitar un país productivo y cuando, por la fuerza de los hechos, volvió a su camino, encontró que estaba en el mismo sitio que cuando había partido diez años atrás. En efecto, el PBI de 2003 fue de nivel similar al que se obtuvo en 1993.
Se gobernó tan mal que este país no sólo quedó detenido en el tiempo mientras el mundo, más competitivo y más tecnológico, avanzaba rápidamente, sino que además tiene hoy enormes problemas respecto a una década atrás. Basta mencionar dos indicadores relevantes: la deuda externa se duplicó, pasando a superar el PBI y la situación social se deterioró a tal punto que en la actualidad el 57% de los niños nacen en hogares que están por debajo de la línea de pobreza.
Ciertamente, 2004 está resultando ser un año de recuperación económica y de tranquilidad en los mercados. Pero la inversión está contenida porque los inversionistas en el sector real de la economía están esperando poder depositar en el nuevo gobierno, la credibilidad que el actual no les inspira.
Es cierto y es bueno que no haya presión a la suba del dólar, de los precios o de la tasa de interés. Pero convengamos en que ello se explica más que nada por la conformidad que inspira el programa de la fuerza política que va adelante en las encuestas. Es contradictorio constatar que los agentes económicos tienen expectativas favorables y decir, como Alfie lo ha hecho, que éstos consideran que son mentiras los postulados incluidos en el programa del EP-FA-NM. Obsérvese cómo, una vez más, el nerviosismo genera juicios contradictorios y busca la descalificación fácil con adjetivos inconvenientes.
La solución por el lado del ajuste
Algunos creyeron de buena fe, la insistente prédica según la cual la reactivación de 2004 se debe a las bondades de la política económica de la actual Administración. Sin embargo, desentrañando su contenido, se observa que dicha política ha consistido en el ajuste de las cuentas fiscales para poder pagar, al menos la mitad de la cuantiosa factura anual por intereses de la deuda pública. Eso, que ha sido el compromiso central asumido con el FMI, no es una política que ayude al crecimiento, sino todo lo contrario. El crecimiento tiene más que ver con la traumática adecuación cambiaria, pero adecuación de la competividad al fin, resistida por la política e impuesta por el mercado. Tiene más que ver con el turismo e inversiones de los argentinos y con el dinamismo de la demanda mundial resultante de la valorización del euro y de la apertura de China.
Además, tanto se apoyó dicha política en el descenso del salario real del sector público, que permitió la clamorosa rebaja en algunos impuestos.
En realidad, la reactivación le llega a la gente en cuentagotas y el mercado interno sigue sin remontar. Este país sigue sin recuperar el crédito. Así como ello, siguen pendientes de solución grandes problemas, a los que sólo se atina a transferirlos hacia adelante y siguen aumentando las demandas postergadas.
El nuevo gobierno heredará la administración de un país que ha sido agredido por la política económica aplicada. Ahora bien, puestas las cosas en su sitio, agradecer las gestiones para postergar una parte del pago de la deuda con el FMI, sería igual que agradecer a quien primero agrede y luego arrima un calmante.
Las incongruencias de Alfie
En efecto, detrás de esto que pareció un simple anuncio, este ministro de Economía nos está señalando algunas actitudes bien interesantes. En primer lugar parece haber virado su posición conceptual en relación al tratamiento de la deuda externa. Resulta que ahora, la deuda no se paga, sino que se posterga. Entonces, ¡cuánta tinta y cuánta saliva se malgastó para anatemizar a los que anticipamos la necesidad de renegociar! Eso sí, se cambia alegremente de posición, ya que parece ser que no pagar puntualmente deja de ser algo sagrado en lo que le va la vida al país, pero no se escucha autocrítica alguna.
En segundo lugar, en la forma de plantear este anuncio hay un mensaje que es congruente con la forma de actuar del ministro desde tiempo atrás. Consiste en considerar correcto que un gobierno al que le queda poco tiempo y tiene mínimo apoyo popular, no intente incorporar como política de Estado, un problema tan crucial para el país.
No queda allí la cosa. Hay un tercer mensaje que surge nítido. Seguramente se intenta que la historia registre que fue Alfie quien determinó la política económica del nuevo gobierno a pesar de ser de signo contrario al Partido Colorado al que pertenecía el señor ministro.
Habrá otra política económica
Nosotros decimos que el país está creciendo por razones que, en lo esencial, son ajenas a la política económica del actual gobierno. Decimos que atender la emergencia social no admite la menor demora y que la tendencia a la exclusión social debe revertirse. Decimos también que la renovación tecnológica y el mayor ensamble entre la educación, la investigación y la competitividad son componentes impostergables para reperfilar el país. Afirmamos que existe un clamor por un Uruguay más democrático, donde se abran vías de diálogo y de entendimiento para que la ciudadanía se inserte más en el quehacer del país. Decimos finalmente que el nuevo proyecto de integración regional, diseñado desde el progresismo, a la vez que irá avanzando hacia la complementación productiva que traerá un dinamismo impensado sobre la demanda a nuestro país, le permitirá acceder al crédito regional, posibilitará un mayor poder de negociación en lo comercial y en lo financiero con extrazona y entrañará grandes ventajas para solucionar la problemática energética.
Por todo ello, señor Alfie y señores del coro, no tengan duda de que con el EP-FA-NM habrá otra política económica. Por algo no opinamos del mismo modo. No seremos irresponsables ni aplicaremos el gatopardismo. Con eso de marcarnos el camino como si fuese un destino ineluctable no conseguirán el continuismo de la política económica.
Encontraremos un país en ruinas, muy trabado, pero igual podremos. *
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