Tengo una casa disparatada, no tiene techo, no tiene nada…
CARLOS VIERA
Seguramente bien asesorado, con dichas expresiones, el Sr. Presidente nos está diciendo que el ahorro no debe invertirse en la producción y en el largo plazo, sino ubicarse a corto plazo y en instrumentos financieros, como dinero en caja o depósitos a la vista (disponibilidades transitorias) en papeles estatales, en depósitos bancarios o en préstamos al consumo. Entonces uno se pone a pensar, tratando de hacerlo con mente abierta. De repente no nos dimos cuenta que para que una economía progrese, se debe fomentar el ahorro pero, eso sí, inmovilizarlo, o volverlo a ahorrar, o utilizarlo para financiar déficits anteriores y, si se lo usa para otorgar crédito a alguien, que sea para que lo gasten de inmediato en consumo. ¿Capaz que haciendo circular el mismo dinero, por cada etapa financiera que se agregue, genera intereses sobre intereses, o sea ingresos sobre ingresos, y estamos de maravilla? ¿No será una insensatez haber inventado para definir esto un término tan despectivo como el de burbuja financiera? Una posibilidad es que, hasta ahora toda la Academia haya estado equivocada y nadie se haya dado cuenta que el crecimiento económico deviene de ese incesante proceso de pase de mano del mismo dinero. Y que lo que distorsiona la economía, es interrumpir este glorioso fluir del dinero, aplicándolo a la inversión productiva, que no hace otra cosa que aumentar la demanda de crédito y hacer correr riesgos innecesarios. Siguiendo el mismo y esclarecedor razonamiento, debimos caer mucho antes en la cuenta, que es mejor que las cosas no se produzcan aquí, sino que se importen de otros países, de esos que son tan tontos que se dedican a hacerlas.
En esa misma dirección, ¡qué interesante sería que todo el ahorro de los trabajadores se colocase en el exterior a buenos intereses, y viviésemos como opulentos rentistas cuando llegase el momento de la jubilación! Ahora entendemos, porqué el Cr. Berchessi insistió tanto en esto. Quizás era todo lo contrario a lo que siempre pensábamos y en este país sobra ahorro interno y entonces, él que junten los trabajadores, mejor que vaya a convertirse en palanca para la producción en otros países, a esos mismos tontos que son los que se dedican a producir y exportar.
Estábamos así pensando, casi agradeciendo al Dr. Batlle de habernos abierto lo ojos, luego de tantos años de ignorancia, ya se estaba pintando una sonrisa en nuestros labios, cuando nos quedamos dormidos y nos pusimos a soñar, pero no fue un sueño plácido, fue una pesadilla. Resulta que como el ahorro no se aplicaba a la inversión, el país se estancaba. Como faltaba el dinero y encima había que pagar mucha deuda interna y externa, los intereses eran altos, beneficiando a los pocos que tenían dinero, y para poder pagarles a los rentistas, había que sacarles una porción más a los que trabajaban, a los que menos tenían. Ãstos pedían prestado para sobrevivir, especialmente para comprar artículos importados y por momentos, estaban contentos porque el dólar hasta estaba bajando. Pero al poco tiempo, como todo se importaba, los consumidores no tenían dinero para comprar nada y empezaron a cerrar las empresas, tanto las que producían en el país como las que se dedicaban a importar, quedaban cesantes los trabajadores y, por ende, perdían sus derechos jubilatorios. Iban mermando los nuevos aportes al Fondo Previsional y la rentabilidad era floja porque los papeles estatales estaban bajando su cotización.
Escuchando a Stirling
En eso despertamos, justo para escuchar al Dr. Stirling afirmar que los ahorros de los trabajadores eran sagrados. Allí nos volvió la tranquilidad al cuerpo. Seguramente ya no se irían a invertir en títulos públicos (algo riesgosos, al punto que el gobierno obligó a las AFAP, a canjear los de vencimiento a corto plazo por otros con vencimiento a largo plazo) o en inversiones financieras de corto plazo de carácter especulativo, sino en actividades que contribuirían a generar nueva riqueza y tendrían garantías reales, como por ejemplo, bienes inmuebles. Pero no, decía todo lo contrario, seguramente porque su asesor estaba ocupadísimo en distinguir la diferencia entre los verbos aplicar y prestar. Asimismo, Stirling seguramente olvidó que la única parte de la reforma de la seguridad social que contó con consenso, fue la que refería a la acumulación de un fondo que podría servirle al país para la inversión en obras de infraestructura, vivienda, etc, supliendo los préstamos que se tomaban desde el exterior. Ello está establecido en estos términos, tanto en el fundamento de la ley, como en el folleto oficial en que se difundieron las bondades de la misma. Olvidó también el candidato que, tan sagrados deben ser los fondos administrados por las AFAP, como el Fondo de Vivienda administrado por el Ministerio correspondiente. Sin embargo, en este último, sí que se le ha metido la mano en el bolsillo de los trabajadores y jubilados, porque la aplicación del fondo al destino específico fue menor al 60% en el año 2003 y el Tribunal de Cuentas ha estimado que, entre 1998 y 2002 se escamotearon 141 millones de dólares que pasaron a engrosar Rentas Generales (más o menos lo que costó la Torre de Antel).
Alfie a escena
Estábamos reponiéndonos de lo escuchado cuando entra en escena el Ministro Alfie. Fue patético. Nos preguntamos: ¿como un Ministro que desconfía así de la gente, puede pretender que la gente confíe en él? Ya se había hecho toda la película: ciudadanos que tomarían un crédito del Banco Hipotecario (financiado con dinero de las AFAP) se convertirían en malos pagadores, el BH se «lavaría las manos» no haciendo valer las garantías y la AFAP perdería el capital, como el BPS lo había perdido antes. Sin comentarios y encima un cero en historia del BPS.
En suma, el FA-EP-NM está proponiendo algo dentro del marco legal promovido por los propios beligerantes. No se obligaría a invertir en vivienda pero se estrecharían los márgenes para que se invierta de corto plazo en instrumentos especulativos, o se cometa el absurdo de tener el dinero de los trabajadores inmovilizado en disponibilidad transitoria y, en cambio, se estimularía la inversión en el largo plazo, en instrumentos con garantía real, que, al tiempo de cumplir una finalidad productiva y social, tengan retorno a largo plazo como corresponde a una institución que debe brindar sus prestaciones también en el largo plazo.
El disparate es por donde se lo mire, por Batlle, por Stirling, por Alfie y por los voceros del Partido Nacional, que se plegaron al absurdo. Ya que hablamos de viviendas, como en la conocida canción, la conducción económica actual es como una casa que le faltan las paredes, le fallan las vigas, no tiene puertas, no tiene nada y entonces el techo se derrumba.
El oficialismo no tienen otro programa que el desastre actual. En esas manos estuvo y está el país. Así nos fue, pero ya pronto se termina. *
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