El Banco Central desestima el condicionamiento político
Algo similar está sucediendo con las disponibilidades de la base monetaria, programa que el BCU va regulando ayudado ahora por una menor exigencia de la demandas del gobierno central. La contracción de la cantidad de pesos disponibles en el mercado ha contribuido a que la tendencia de revalorización de la moneda local frente al dólar tuviera picos que producen rispideces cotidianas en la relación del gobierno y los empresarios agroexportadores. Son ellos los que tienen mayor dificultad para asimilar las variaciones a la baja de los precios del dólar dada la fuerte protección y las condiciones generales que usufructúan los productores de materia prima agroindustrial. En esta línea de observación importa advertir que estos empresarios tienen abierta una línea de operaciones a término en canje de dólares con el BCU en la operativa diaria de Bevsa que paradójicamente no están utilizando. Importadores y exportadores pueden, y en condiciones adecuadas, eliminar el riesgo cambiario de sus operaciones comprando y vendiendo dólares a futuro con costos que el BCU toma si esas tasas son similares a los diferenciales de tasas en moneda extranjera y moneda nacional de la operativa semanal de Letras de Tesorería.
Rigidez de la pauta monetaria
Las fuertes oscilaciones del precio del dólar de los últimos días son naturales para el Banco Central que ha anunciado con anticipación sus objetivos de política monetaria y su disposición a no intervenir en el mercado cambiario. En cambio, la visión de otros vértices del equipo económico respecto a la fuerte oscilación cambiaria es bien diferente. El BCU ha generado los propios anticuerpos para que llegadas estas instancias, una eventual revalorización de la moneda nacional como consecuencia de una política de estabilización en los meses previos a las elecciones, pudiera ser defendida desde la rigidez misma del plan de estabilización. Desde allí, el BCU se niega a flexibilizar su política monetaria porque, entre otras cosas, tiene una misión diferente a la del MEF en lo que refiere a la defensa de la capacidad adquisitiva de la moneda nacional. Las oscilaciones cambiarias y una predisposición clara de la autoridad monetaria a intervenir fuera de programa para mantener el precio del dólar, además de las distorsiones del caso, supondría estimular la ya elevada propensión de los operadores a especular con una devaluación significativa del peso. Ello, entre otros problemas, agregaría dificultades para que la autoridad monetaria pueda continuar induciendo a los principales agentes financieros a utilizar la unidad indexada en las transacciones normales del sistema financiero. El BCU va a continuar impulsando la pesificación del mercado, entre otras razones porque así lo exigen las necesidades de mayor financiación del crecimiento y la mejora urgente de los márgenes operativos de las instituciones financieras.
El temor de la inflación
El BCU ha venido advirtiendo sobre la reincorporación del riesgo inflacionario a la ya complicada coyuntura. En los últimos meses la inflación ha regresado a escena. Los precios de la alimentación y la vivienda, con un fuerte impacto proveniente de los precios del petróleo están colocando al BCU frente a la inminencia de un aumento del IPC que difícilmente pueda mantenerse por debajo del 10% para el año en curso.
Desde principios del año un conjunto de informantes calificados le vienen diciendo al BCU que sus metas inflacionarias no son compatibles con la realidad actual (ver gráfica). Si en el último trimestre del año aumenta excesivamente la demanda de dinero tal cual se perfilan las cifras del consumo y continúan aumentando algunos precios críticos de la economía, el BCU pudiera verse impelido a contraer aún más la cantidad de pesos disponibles. La consecuencia inmediata, el aumento de la tasa de interés, pudiera ser efecto indeseado sobre toda una perspectiva de aumento de las tasas norteamericanas. Pese a lo cual, en los dilemas de todos los días, este sería un costo menor para el BCU, inclusive en lo que refiere al impacto del aumento de las tasas sobre sus propios balances.
Si estas hipótesis resultaran correctas, Uruguay continuaría trabando con dólares «baratos» un clima de estabilidad general y tasas reales en alza sin que éstas lleguen, tampoco, a niveles de hot money. *
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