Son dos modelos de país inconciliables y definen de qué lado se posiciona cada uno

Hay que optar por el modelo incluyente- distributivo o por el concentrador y excluyente

Más aún, estamos convencidos de que la crisis actual y la emergencia en la que vivimos no vino de la nada, ni fue sólo el resultado de un shock externo, sino que fue el resultado inevitable de un modelo de crecimiento excluyente que se impuso en la región a través del llamado Consenso de Washington en los años 90. Y por ello no queremos para el país salir de esta crisis con un nuevo modelo excluyente que beneficie a unos pocos como está sucediendo ahora.

Y por ende debemos poner en el debate si el crecimiento y la distribución deben ser simultáneas o primero crecer para después distribuir.

En el Uruguay desde el tristemente famoso discurso del entonces ministro de Economía (1976) Valentín Arismendi ante el Consejo de Estado, donde justificó la política de reducción salarial en la necesidad de concentrar el ingreso para que los más ricos dispongan de dinero para invertir, la idea de que la torta crezca para después repartirla es la dominante. Luego lo repitieron uno a uno los ministros de la democracia: Zerbino, De Posadas, Mosca y Bensión.

¿Como nos dicen los liberales que opera esta fórmula mágica?

Concentrar el ingreso lleva a que los ricos dispongan de más dinero y éstos ahorran más que los pobres. Ese ahorro luego se transforma en inversión que genera empleo y mejora la productividad y esta mejora se transforma en mayores salarios para los trabajadores. Y por ende el crecimiento inicial basado en la concentración del ingreso se transforma luego en mayores empleos y más altos salarios y comienza la redistribución de la riqueza.

Siempre se cumplía la primera parte de la historia, es decir la economía crecía, el ingreso se concentraba, pero la distribución nunca llegaba.

La experiencia uruguaya

Un reciente libro del profesor Luis Bértola, actual decano de la Facultad de Ciencias Sociales, nos ilustra sobre el largo plazo de la historia económica y social del Uruguay. De ese libro extraemos la siguiente gráfica que nos muestra cómo evolucionó el producto en el país y cómo evolucionaron los salarios reales.

La evolución del producto refleja el crecimiento económico, mientras que un país en el que la tres cuarta partes de la fuerza de trabajo es asalariada, la evolución del salario real es un buen indicador de la distribución.

Dividamos la gráfica en dos partes:

a) Un período en que la economía uruguaya empezó a crecer en el año 1943 en el marco del modelo de industrialización sustitutiva de importaciones.

b) Un segundo período (previa transición del estancamiento en los 60) que se inicia a comienzos de los 70 y que también se caracteriza tendencialmente por el crecimiento económico (como se ve claramente en la gráfica).

 

En el primer período la economía crecía y distribuía al mismo tiempo. Fíjense que la evolución de producto y salarios en muy pareja durante todo el tiempo e incluso en ciertos momentos corren los salarios por encima del producto.

En cambio en el segundo período la brecha entre crecimiento y distribución es apabullante. Ello con un primer período en la dictadura, que hizo la tarea de bajar brutalmente salarios, en que el crecimiento fue a costa de la reducción sustantiva de salarios y el porvenir de más empleos y mejores salarios no sólo no vino, sino que terminado el crecimiento en 1981 sobrevino la recesión de 1982 que llevó el salario a su nivel más bajo en la historia moderna (como se ve en el gráfico) y el desempleo llegó a un récord sólo superado por la crisis actual.

Y luego un segundo subperíodo donde hay crecimiento económico muy por encima del de los salarios.

Y además siempre es bueno recordar y la gráfica lo muestra claramente que lo recuperado en democracia, pone al salario real al nivel de 1982, es decir sólo se recupera lo perdido en la crisis del 82, pero lo perdido durante la dictadura pasó al olvido. Y también debemos recordar que esa recuperación se concentró en dos a tres años cuando se retornaba de la democracia con sindicatos fortalecidos y convocatoria a Consejos de Salarios.

Por lo tanto en los 90 tampoco operó la ley de «crecer primero para distribuir después».

¿Qué expresaba cada modelo de país?

La historia de la segunda mitad del siglo XX en el país nos muestra entonces dos modelos de país: por un lado un modelo que crece y distribuye al mismo tiempo y otro que, a cuento de distribuir después, crece concentrando la riqueza.

El primero se caracterizaba por:

· Un estado regulador de la actividad productiva y de los mercados.

· Una determinación negociada de los salarios a través de los Consejos de Salarios creados en 1943

· Un conjunto de ingresos adicionales a los trabajadores como asignaciones familiares (verdaderas no yutas como las de ahora) creadas por ley en ese mismo período

· Una protección del Estado a la producción nacional.

· Empresas Pública potenciadas que al mismo tiempo que desarrollaban producciones estratégicas universalizaban los servicios públicos.

· Todo lo anterior potenciaba el mercado interno y permitía un desarrollo social equilibrado entre regiones, entre producción exportable y mercado interno y entre diferentes segmentos de la población. No había exclusión social.

El segundo, el de los 70 para acá, que hemos llamado en nuestros trabajos modelo LACE (liberal, aperturista, concentrador y excluyente) se ha caracterizado por:

· Un estado que ha desregulado la actividad productiva, liberalizado los mercados y permitido un mayor dominio de los oligopolios nacionales e internacionales.

· Una desregulación laboral creciente sin convocatoria a Consejos de Salarios y con tolerancia a la represión sindical.

· Una pérdida de valor real para los beneficios sociales creados en aquella época a través de la reducción sustantiva del salario mínimo nacional respecto al cual se fijan dichos beneficios.

· Empresas públicas que se las debilita y se las pretende privatizar de hecho o de derecho.

Por todo ello es que el debate de hoy no es reactivación sí o no, sino cómo crece la economía.

El gobierno sigue hablando de profundizar el modelo de los 90, planteando más desregulaciones, más apertura irrestricta y más contracción del mercado interno en un marco de un modelo de crecimiento cuya única tabla de salvación son las exportaciones que crecen hoy a costa de salarios de hambre.

En cambio nosotros hemos planteado un modelo en donde el crecimiento y la distribución se den simultáneamente, donde el mercado interno y el externo se complementen y donde el Estado asuma un rol estratégico de articulación económica y de factor de redistribución de la riqueza.

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