No existen instancias de consulta sobre el tipo de integración que se quiere

El Mercosur se debate entre el silencio y la discrepancia

El Mercosur nació con un pecado original, la falta de participación de la sociedad civil de los cuatro países que lo integran. Es que nació como un acuerdo comercial y como tal se desarrolló, pero los progresos de integración que se fueron concretando a lo largo de estos 14 años de vida no han sido comprendidos por los líderes políticos, y, en algunos casos, se podría afirmar que no han querido ser comprendidos.

Este proceso ha ido madurando. Ya no es solamente un acuerdo comercial sino otra cosa que pide y necesita otros niveles de integración, horizontales y verticales. Y eso no lo han entendido aún, en nuestro país, líderes como Luis Alberto Lacalle y Julio Sanguinetti que continúan aferrándose a una concepción que el propio desarrollo del Tratado de Asunción ha superado.

Pero si bien este proceso integrador ha ido progresando (sin desconocer marchas atrás ni limitantes que se han ido sucediendo en el tiempo) quedan institucionalizadas conductas y concepciones que tal vez era posibles en los inicios del Mercosur pero que, decididamente, no lo son ahora.

La falta de información es tal vez uno de los más visibles y que preocupan al periodista. Piense el lector qué conoce de lo que se está negociando con los europeos, o con la Comunidad Andina de Naciones, ni qué decir con el ALCA o con Sudáfrica, o con India. Nada, sólo los titulares. Es más, el Mercosur no tiene contemplada instancia institucional alguna que informe sistemática y profundamente a los habitantes de la región sobre el contenido de sus negociaciones extrarregión ni sobre las discusiones, propuestas y proyectos de desarrollo interno.

El absurdo de todo esto es que de muchas cosas nos enteramos cuando, por ejemplo, los europeos se deciden a hablar sobre las carencias que ven en el Mercosur.

Pero este no es el principal , ni mucho menos el único, problema. En realidad las limitaciones pasan centralmente por lo marginal que ha resultado hasta ahora el papel del Foro Consultivo Económico y Social del Mercosur.

Si para muestra vale un botón, aquí van dos: las Pymes no están representadas en el Foro y mientras la UE ya ha realizado dos consultas a la sociedad civil en relación a las negociaciones con el Mercosur, éste, si bien se comprometió a hacerlo, aún no lo ha hecho. Si tenemos en cuenta que el Tratado con los europeos posiblemente se firme en octubre, es obvio que no habrá consulta y si llega a concretarse «ya no tendría capacidad de incidir (la sociedad civil) sobre los contenidos del acuerdo» según señala Cecilia Alemany, licenciada en Relaciones Internacionales de la UdelaR.

Pero, por otra parte, si existiera la consulta, la duda surge sobre la información que se brindará a la ciudadanía, ya que la mayoría de los borradores de los acuerdos a aprobar son de «acceso restringido», es decir, no se informa sobre ellos, se prefiere el sistema «compre el paquete como yo se lo doy».

Todo ello ha llevado a que toda la negociación, como las restantes realizadas y las que están en proceso, sean puras, es decir no se consulte a nadie, cuando como señala Alemany existen «temas sensibles» sobre los que la sociedad civil «podría hacer aportes por sus especificidades».

Nada de ello sucede y, por ahora, no hay indicios de que las cúpulas negociadoras estén dispuestas a revertir su actitud.

Por otra parte, el Uruguay vive este problema agudizado por el boicot que algunas cámaras empresariales efectúan en la práctica, más allá que en las declaraciones se manifiesten activas participantes del proceso.

Una muestra de ello fue el rechazo de la Cámara de Industria a la invitación formulada por el presidente argentino Néstor Kirchner a que le acompañara a un viaje comercial que realiza a China en los próximos días. Se argumentó que el viaje es costoso para no concurrir, cuando en realidad es obvio que molesta el argentino y que se sigue pensando, como se afirmaba hasta no hace mucho, que había que distanciarse del Mercosur. Como el gobierno tampoco es muy fanático del Mercosur, los principales actores en representación del Uruguay difícilmente bregarán por una integración mayor de las sociedades al proceso.

Estamos muy lejos de sentirnos integrantes del Mercosur, por ahora, somos solamente uruguayos. *

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