Los ilusionistas de ayer y de siempre
Si no fuera uno de los responsables de la conducción económica del país en la década de los noventa, lo tomaríamos como un comentario más, de alguien mal informado o equivocado. Pero, este «miembro del Partido Nacional», según luce acompañando su firma, fue ministro de Economía y artífice de la política de atraso cambiario, de la cual se enorgullecían los integrantes de la coalición de gobierno, por lo menos hasta que se desencadenó la profunda crisis económica y social.
En su momento fue una política ilusionista. A esta altura de los acontecimientos, quedó claro que, tanto aquí como en Argentina, fue una política exitosa para la estabilización de precios pero que claramente tuvo un marcado sesgo antiagropecuario, de desmantelamiento de la industria nacional y atentatoria contra el empleo de la gente. No importa su nombre, si De Posadas dice que no fue neoliberal, la llamamos de otra forma: ruinosa para el país productivo.
Fue ilusionista porque hizo creer a mucha gente que estaba en el primer mundo (recordemos las palabras de Menem) que mientras se caía la producción agropecuaria, la industrial y el empleo, podía seguir gastando más y más en productos importados, que luego el país pagaría con crecidas dosis de crédito externo, que absorbidas por este uso, rara vez se utilizaban para la inversión.
Tal fue la ilusión, que cuando la crisis nos sacudió duro y despertamos, la cruda realidad nos mostró que perdimos una década mientras el mundo avanzaba raudo. Caímos en la cuenta de que nuestro nivel productivo de 2003, con su repunte y todo, se asemejaba al que teníamos en 1993. Pero no sólo eso, sino que el país estaba endeudado hasta la médula, asfixiado por el exigente perfil del servicio de esa deuda, con alto déficit fiscal, con el crédito prácticamente cerrado, con problemas en el sistema financiero, lleno de impuestos y con tarifas de los servicios públicos engordadas por impuestos encubiertos.
¿Y las propuestas ?
No obstante, en algo coincidimos: los problemas de Uruguay no son pocos ni simples. El nuevo gobierno, del signo que sea, heredará estos problemas y no podrá tomar esa herencia «a beneficio de inventario». También coincidimos en que las cosas no se arreglarán sólo con eliminar la corrupción. Se requerirán propuestas. Y a propósito, hablando de ilusionistas y de magos, ante tamaña crisis ¿dónde están las propuestas de los partidos que han participado en el gobierno de coalición? A falta de plataformas debidamente difundidas debemos suponer que, salvo grave inconsistencia, son las medidas que se están aplicando desde el gobierno actual. En buen romance estamos hablando de ajuste, de ampliar el superávit fiscal para poder pagar la pesada carga del servicio de la deuda. Se ufanan de la recuperación económica como si fuera mérito propio, pero, salta a la vista que no tiene sus causas en la política económica. Hay recuperación porque el país productivo está mostrando su potencialidad cuando se le quitó el palo que le habían puesto en su rueda.
Se comienza a crecer porque en 2002 el mercado terminó destrabando la falta de competitividad cambiaria, medida resistida por la política, tomada a regañadientes, bajo la fuerza de los acontecimientos explosivos.
¡Gracias Argentina!
Luego también repuntamos porque desde 2003 Argentina, sosteniendo un crecimiento del 8,7%, aportó una inyección de demanda agregada, vía turismo, corriente comercial y de inversiones en el litoral, demostrando una vez más la notable influencia que tiene su economía sobre la nuestra.
El tercer factor radica en la buena performance exportadora, que a todos nos congratula, pero que tiene mucho que ver con la estabilidad cambiaria en la región, la mayor valorización del euro frente al dólar y el impacto mundial de la mayor demanda de China, y poco que ver con nuestra política económica.
En estos momentos, es bueno escuchar a Stirling renegar del atraso cambiario, pero al mismo tiempo es extraño que nadie haya reparado en los anuncios o señales que, connotados miembros del equipo económico han emitido en sentido contrario. En efecto, nada menos que el actual ministro, economista Isaac Alfie, en oportunidad del lanzamiento de las Letras de Tesorería en Unidades Indexadas, alentó a los inversionistas informándoles que, hacia el mediano plazo de esos documentos, la inflación iba a superar el aumento en el tipo de cambio (léase, atraso cambiario). Y sin ir tan lejos, en recientes declaraciones formuladas en ACDE el economista Julio de Brun (según versión de Búsqueda del 3/06/04) habría manifestado que es factible esperar que en la segunda mitad de esta década el peso uruguayo registre una apreciación con respecto al dólar (léase, atraso cambiario) y admitía que eso generaría reclamos por parte de las empresas.
Sin embargo, tales propuestas, las únicas que se han escuchado, parecería que cayeron en el vacío o pasaron desapercibidas. De lo contrario, sin duda que hubiesen provocado la reacción de las gremiales empresariales, sobre todo las que agrupan a productores agropecuarios, a exportadores, a los industriales, a los agentes del turismo, etc. sectores éstos que todavía están soportando las secuelas de semejante política.
Desde nuestro punto de vista, las propuestas contenidas en el programa de la izquierda apuntan centralmente a una salida. Contrariamente a lo que insinúa De Posadas, no ignora la cruda realidad que imponen las restricciones que se heredarían del actual gobierno.
Las propuestas de la izquierda
El primer eje propositivo tiende a sondear las posibilidades de un alivio a la carga anual del servicio de la deuda con los organismos multilaterales de crédito. Ello supone su replanteo en buenos términos, mostrando vocación de pago acorde a las posibilidades del país, pero defendiendo al mismo tiempo la viabilidad de nuestro programa de reactivación y de fortalecimiento social. Quien diga lo contrario y tenga honestidad intelectual tendrá que tener una propuesta electoral consistente en poner más impuestos y reducir más los gastos, para así poder juntar, 3.000 millones de dólares en el año 2005 y algo cercano a ello en 2006, o bien conseguirlos en préstamo (??), a efectos de poder cumplir con los pagos anuales previstos por concepto de amortizaciones e intereses. Es reconfortante que un colega prestigioso como Ernesto Talvi reconozca la situación delicada que entraña esta restricción (Búsqueda 3/06/04 página 19)
El segundo eje tiene que ver con la oportunidad histórica de pasar a integrar un Mercosur rediseñado, que supere la integración comercial para pasar a una nueva faz, con énfasis en lo productivo. Un impulso en tal sentido tendrá un efecto positivo insospechado sobre la demanda regional a nuestro país, ambientará la coordinación de políticas macroeconómicas, favorecerá la creación de instrumentos de crédito regional, permitirá tener un mayor peso en las negociaciones comerciales con extrazona y generará otra correlación de fuerzas al momento de la negociación de la deuda externa de cada país. No es una utopía. Es una realidad al alcance de la mano porque en esa dirección van los acuerdos entre Lula y Kirchner, a los que Uruguay deberá respaldar e integrarse al esfuerzo para acelerar su puesta en práctica. Pero además, como si ello fuera poco, ya existen tratativas concretas para que, sobre la base de la coordinación entre empresas estatales latinoamericanas, plasmar un nuevo formato en la integración energética regional, lo que sin duda abreviará plazos para la obtención de objetivos muy sentidos en esta materia.
En tercer
lugar, el nuevo gobierno debe prometer ser responsable. Deberá velar por un verdadero e integral equilibrio macroeconómico, que genere expectativas estables. Deberá además reponer el clima de confianza y la credibilidad y establecer y respetar reglas claras de juego, de modo que los avances que se vayan logrando se consoliden en vez de esfumarse. No más ilusiones financieras. No más acuerdos como los del 9/9/99 entre Batlle y Lacalle, donde se prometió el oro y el moro a los ciudadanos y luego se desconocieron. No más atraso cambiario.
Pero también no más mejoras de ingresos que después sean borradas por la inflación o los impuestos. No más prescindencia ante el drama del desempleo. Ni salariazo irresponsable, ni dejar de avanzar gradualmente para resolver lacerantes situaciones en lo social, ni dejar sin solución la iniquidad para con los que tienen salarios y pasividades sumergidas. *
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