Ni el método ni la gente aceptan viejas picardías
Carlos Viera, uno de los más cautelosos expositores actuales del pensamiento frenteamplista no pudo soslayar implícitas interrogantes acerca de cómo piensa el Encuentro Progresista mantener la estabilidad. De inmediato, Isaac Alfie impelido o por motus propio lo que no importa en demasía aceptó conceder un postergado reclamo de sus socios políticos: la eliminación del adicional del impuesto a las remuneraciones personales para un conjunto de trabajadores y pasivos. La semana pasada se han sucedido, además, otros hechos de importancia no menor vinculados al tema: entre ellos, la renuncia de Viera a la Comisión de Programa y en el otro ámbito, la liberación de partidas adeudadas por el MEF a las intendencias municipales sin consulta al Clearing del estado de cuentas de estas con las empresas pública que hasta ahora condicionaba la liberación de dichas partidas.
Construyéndose en público
Lo de Viera, básicamente se explica por la dificultad que tiene y tendrá la izquierda de ir construyendo su pensamiento práctico en discusión abierta con la gente y el mercado; ahora ya no hay protección de los cerrados ámbitos de comisiones de programa para pensar en cómo hacer las cosas realmente. En algún momento imaginé que la izquierda podía forzar una discusión sobre ejes de otra naturaleza, basada simplemente en valores. Ahora sé que eso no es posible. No sólo porque el caso Viera me lo ha demostrado sino porque es notorio que en este país situado al borde del colapso, la vida misma le impone a una fuerza de alternativa sinceramientos y precisiones prácticas. Y la izquierda había logrado hasta ahora mantenerse ajena a interrogantes elementales pero muy urticantes para una fuerza política sin experiencia en el manejo de agregados económicos-sociales complejos. Pero que, sobre todo, había podido hasta ahora permanecer alejada de la discusión acerca de cómo se mantiene la estabilidad en escenarios de crisis estructural como la que ahora vive el Uruguay. La fuerza política de la izquierda se ha construido en la oposición obligada y voluntariamente en muchos casos se ha conformado en un border line necesariamente impreciso entre la legalidad y la ilegalidad, entre la realidad y una utopía de conciliación de la unidad corporativa, la democracia, la estabilidad y el bienestar público, entre la denuncia y la enmienda.
La estabilidad, la asignatura postergada
En definitiva Carlos Viera, aún conociendo perfectamente los riesgos a los que se exponía, no pudo soslayar la oportunidad de avanzar un poco más en las respuestas a sus propios interrogantes: cómo financiar sin ajustes ortodoxos o más endeudamiento el mantenimiento de la cara estabilidad. Ese es el problema esencial: la izquierda va a seguir pagando lo que quizás no pueda en la construcción imperativa de su pensamiento práctico. Empero, el verdadero riesgo consiste en la postergación infinita de una discusión abierta de las asignaturas pendientes cuando éstas surgen. La izquierda es acusada de insuficiencias y ella responde encerrándose o lo que es peor, demandando «picardías» o atándose las manos de inmediato como en el caso agrario. Amén de problemas de un posicionamiento contradicho con la transparencia de procedimientos, esta práctica reiterada se va fagocitando la audacia y valentía de sus mejores hombres y mujeres. Si hay algo que la sociedad teme de la izquierda es que reitere el oscurantismo y las picardías de los otros.
Un poco más allá y desde otra perspectiva
En los dos casos citados hay temas de contenidos y formas que importa diferenciar. En materia de contenidos los temas son esenciales y de primer nivel; refieren al pensamiento y el comportamiento político respecto a un tema difícil pero esencial: cómo defender la estabilidad, un valor que se intuye esencial pero no se conoce. Con una dificultad además, que en esta materia y en estos tiempos si la izquierda debe construir su plan en debate público exponiéndose a riesgos elevados es probable, tal cual lo demuestran los últimos hechos, que el oficialismo en el gobierno haya decidido arriesgar la estabilidad abriendo las canillas del gasto y la inversión pública. Esa estabilidad, de hecho y pese a conocer perfectamente la permanencia de los riesgos del desequilibrio, el discurso oficial hace ya unas cuantas semanas que se ocupa de temas más rentables. La izquierda, en cambio, debe referirse y pensar en la estabilidad. Aquí es interrogada con fuerza. No sólo por quienes quieren introducirla en una discusión para la cual no está bien preparada. El interrogatorio deviene del pensamiento responsable que se ha ido extendiendo en zonas amplias de la población violentamente agredida por los desequilibrios de los últimos años. El tipo, la calidad de los votantes que permanecen indecisos o en precarias adhesiones le exige a la izquierda algo más que picardía. Esa gente que decidirá la elección es la que valora la estabilidad y la transparencia en su sentido más amplio y vital. Esa gente ha pegado un respingo no por las expresiones de Viera ni porque se haya asustado por las advertencias de aquellos en los que ya no confía. La sorpresa y las nuevas dudas de quienes han de definir la próxima elección no surgen en ese centro atento y más amplio de lo que muchos creen, de una «incorrección» de Viera. Ahora las nuevas dudas surgen de percibir una fuerza política de alternativa que se muestra débil e inclinada a conceder cualquier cosa que demanden las corporaciones agredidas por la mera expresión de voluntad de un potencial gobernante de elaborar soluciones globales. Es obvio que el Encuentro no tiene posibilidades de afrontar el tema acerca de cómo mantener la estimulación de la inversión agraria y proponer un nuevo relacionamiento de los agraciados productores y empresarios con una sociedad empobrecida al extremo. Empero, nadie duda tampoco y en lo más duro del mercado tampoco que ningún gobierno será capaz de soportar una polarización del ingreso de mayor magnitud que el actual. Pero, además, ese tipo de votantes que decidirán la puja, ahora saben más que en el 99. Y esperan en tanto, del Encuentro algunas cosas que en el ejemplo de Viera con los empresarios de ADM éste no pudo soslayar. *
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