El EP-FA propugna estabilidad macroeconómica y competitividad
Las declaraciones de Viera en un desayuno de trabajo organizado por la Asociación de Dirigentes de Empresa, ACDE, y la Fundación Konrad Adenauer Stiftung, confrontaron con las del nacionalista Sergio Abreu y el oficialista Julio Herrera sobre «Crecimiento Económico y Desarrollo Empresarial».
La jornada comenzó con el profesor Ing. Jörg Menno Harms (empresario alemán) y el Ing. Gabriel Andrade (Microsoft Uruguay), quienes pusieron especial énfasis en la búsqueda de una buena interacción entre Estado y empresa, así como en la importancia de asumir el desafío tecnológico si se aspira construir un crecimiento sólido y genuino en el mundo globalizado de hoy.
En los comentarios, el Dr. Abreu no escatimó críticas a «un líder político que anda por el interior del país diciendo cosas». Fustigó la práctica de plebiscitos que, no bien se introduce una transformación en el sector público, opera para echarla por tierra, e insistió en que su partido estaba contra cualquier monopolio, sea público o privado. Sorprendió a todos cuando dijo que los ciudadanos uruguayos se creían todos profesionales pero al parecer necesitaban hacer cursos de posgrado.
Por su parte, Julio Herrera impactó a la nutrida concurrencia al negar que Uruguay tenga un buen nivel educativo porque, a su entender, se ha producido un enorme descenso, cuya principal causa estaría radicada en la politización que desde hace mucho tiempo padece la enseñanza.
El Ec. Carlos Viera, retomó en su comentario el enfoque técnico dado inicialmente por los conferencistas. Repasó las distintas concepciones doctrinarias sobre la relación entre el Estado y las empresas del sector privado, indicando en cada caso, la coincidencia o no de su fuerza política. Descartó que el EP-FA coincida con la visión liberal ortodoxa que sostiene que la mejor política hacia los sectores productivos es no tener ninguna política en relación a ellos. Luego estableció su acuerdo limitado a algún aspecto de la postura que propugna intervenciones sólo ante fallas del mercado y al solo efecto de restablecer condiciones de competencia. Se detuvo explicando que dicha corriente de opinión distinguía correctamente entre monopolios naturales y monopolios simples. En ambos casos la posición era proclive al intervencionismo estatal, pero de diferente manera. Ante la presencia de monopolios estatales, ampliar la competencia sería contraindicado para los intereses de la sociedad en su conjunto, debiendo intervenir el Estado para regular dicho monopolio, garantizando la ampliación de la oferta e impidiendo el costo social que conllevaría. Señaló que, distinta es la intervención recomendada por esta teoría en el caso de monopolios no naturales, donde se promueve ampliar la competencia, impedir la concentración excesiva, etc.
Intervención estatal
Viera observó que, a la luz de estos estudios, que concitan consenso en la ciencia económica, hay dirigentes políticos (en clara alusión a los dichos del Dr. Abreu) que están hablando con ligereza, cuando proclaman su aversión a todo monopolio y que todo se resuelve con más competencia.
Luego explicó que las corrientes modernas de opinión se pronuncian por la conveniencia de la intervención estatal aplicando políticas tanto horizontales (diseñadas para mejorar el ambiente general de negocios y que son neutras entre sectores de actividad) como políticas verticales (contienen estímulos selectivos para los distintos sectores de la actividad). Dijo que el programa del EP-FA se afilia a la visión de la corriente neoestructuralista latinoamericana, que propugna la competitividad internacional, la estabilidad macroeconómica y el desarrollo hacia afuera. Enfatizó su acuerdo con esta posición, señalando que la clave de la productividad está en la difusión tecnológica masiva, y por lo tanto le compete al estado un rol fundamental para que exista una fuerte estructura científico tecnológica ligada al sector productivo.
Invertir bien
Criticó duramente las políticas aplicadas en la década de los noventa, período en el cual, según Viera, hubo financiamiento externo y sin embargo el país perdió una oportunidad histórica para invertir bien, de modo de sustentar su crecimiento futuro, insertándolo al mundo en acelerado proceso de cambio tecnológico. Invertimos poco y mal y cuando hubo crecimiento éste fue sesgado e insustentable, afirmó. La prueba está en la bajísima tasa de inversión en general y en la insignificante tasa de inversión en investigación y desarrollo, que no llega al 1% del PBI. Además expresó que la actual reactivación «no implica un cambio estructural, dado que seguimos exportando en su inmensa mayoría, productos de bajo contenido tecnológico».
Viera culminó su disertación expresando su total discrepancia con ciertas aseveraciones que resonaron en el ámbito parlamentario en ocasión de discutirse el atraso de los desembolsos de los rubros presupuestales para programas de investigación científica. Allí se escuchó dijo Viera que no era necesario que el país dedicase recursos a la investigación porque lo mejor era abrir la economía al máximo para que ingresasen empresas y productos portadores de investigación realizada en el extranjero.
El economista manifestó no ver la posibilidad de acordar sobre política económica con fracciones políticas que «han perdido toda credibilidad desde el momento que son las mismas que proponían en 1999 un pacto de equilibrio fiscal y luego, cuando tuvieron el gobierno y constituyeron coalición con mayoría parlamentaria, incurrieron en déficit enormes». Finalmente se mostró perplejo ante ciertas manifestaciones del Dr. Abreu. Si la razón para mandar estudiar más, y a hacer posgrados a los ciudadanos, fuera su comportamiento electoral en las elecciones pasadas o en algún plebiscito, entraríamos en un camino peligroso, subestimándolos, concluyó. *
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