Análisis nacional:Uruguay está creciendo en un proceso muy frágil, lleno de riesgos

Crecimiento y transición

Si bien esos datos ya son conocido importa subrayar algunos de ellos: El crecimiento del PBI en 2003, fue del 2,5%, lejos de la propia previsión oficial ajustada en diciembre pasado y que, cómo hipótesis de máxima fueron utilizados por el gobierno para discutir los diversos waivers solicitados al FMI. Esa previsión era del 1%. El crecimiento anual comparado del último trimestre de 2003 se aproximó al 16%. Si bien el crecimiento se inicia a mediados de año, se desencadena en el último trimestre. En él, crecen todos los sectores. En particular es notable el despegue de la construcción y el comercio, fuertemente influidos por la preparación de la infraestructura turística y la canalización de ahorros nacionales y argentinos hacia la inversión inmobiliaria. Empero, el crecimiento es esencialmente de base agraria. En 2003, dos de cada tres unidades de valor agregado producido en la economía devienen del campo.

 

¿Sólo consumos postergados?

Pero algo más sucedió en ese último trimestre que debe ser observado con atención, entre otras cosas porque probablemente, eso sea lo que ha venido sucediendo en los primeros meses del nuevo año: el consumo de la población creció un 15% en relación al consumo del trimestre final de 2002. El aumento del gasto público es irrelevante; toda la reactivación del mercado interno durante octubre-diciembre respondió al incremento del consumo de las familias. Importa destacar otros datos: el país ha vuelto a importar bienes de capital en cantidades aún escasas para la propia reposición del capital, pero también aquí la realidad actual nada tiene que ver con lo que sucedía en este país uno y dos años atrás.

Aún es prematuro evaluar los impactos sociales de tal crecimiento. Sin embargo importa saber que, hasta hora, el crecimiento del nivel de actividad ha generado más empleo y ha sido posible sobre la base de una violenta reducción de algunos ingresos claves para la estructura social del país: ha descendido el salario privado fundamentalmente y los intereses percibidos por los rentistas no agropecuarios. Es presumible que, pese al crecimiento y dadas las características del modelo agroexportador utilizado, haya aumentado muy fuertemente la pobreza y la marginación social.

 

Cuellos de botella

A la vez, el crecimiento ha comenzado a develar los problemas que tiene el país en materia de infraestructura  energética, logística, almacenamiento, etcétera . Y sobre todo, ahora, este crecimiento se enfrenta a problemas que tienen un denominador común: la confianza. Esos problemas son: el financiamiento y las garantías que los beneficios que está generando la fuerte inversión social, efectivamente puedan ser socializados de tal manera que ello, por sí mismo, contribuya a consolidar la salida comprensiva a la crisis más grande de nuestra historia reciente. Dicho de otra manera, si el Estado no encuentra la forma de garantizar que el crecimiento va a contemplar en el corto plazo al menos parte de la deuda social acumulada, ese crecimiento es insostenible. La conformación del país no admite la permanencia de una polarización creciente. La dificultad agregada es que, justamente, esa es la característica del modelo de crecimiento acelerado elegido por el gobierno con participación relevante del propio Presidente de la República.

En cuanto al financiamiento, a diferencia del modo con el cual se financió el crecimiento de los 90, en el Uruguay de hoy ya no es posible «fomentar» ad libitum las demandas de los sectores productivos. No lo admite el sistema financiero, ni su regulación, ni en el fondo lo admite la confianza de los ahorristas ni la de los inversores.

O sea que el crecimiento tiene un cuello de botella que va a estar conformado en torno a la capacidad de los empresarios de afinar sus proyectos disminuyendo sus riesgos. Es allí también donde el Estado debe jugar su papel. Lejos ahora de preocuparse por las políticas activas y de contribución a los empresarios, lo que el mercado requiere del gobierno para contribuir a sustentar el crecimiento es su presencia activa en la defensa de las normas de competencia y la mejora de todas las garantías. Lo demás no le interesa a nadie que no esté en la campaña político electoral.

 

Transición o confrontación, los roles…

Este tipo de problemas, asociados al crecimiento, distan de ser problemas del gobierno actual y ya se conforman como asuntos sobre los que unos y otros actores deben trabajar en la transición. Uruguay está creciendo en un proceso muy frágil, lleno de riesgos de toda naturaleza. Es casi inimaginable que todos los factores externos sigan siendo tan positivos como hasta el presente, excepción hecha de los precios del petróleo. La oportunidad que crea esta coyuntura puede y debe ser utilizada por quienes aspiren a suceder al actual gobierno. La población más atenta, probablemente, la que definirá parte importante de la contienda electoral no entendería que la actual oportunidad que vuelve a tener el país, fuera soslayada o aún enfrentada por un juego de roles clásico oposición-gobierno. *

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