¿El agro salva al país, o es el país que salva al agro?
El economista comenzó su análisis señalando que «de cada 100 pesos producidos por el sector agropecuario durante el trienio 1999-2001, el Estado le transfirió alrededor de 40 pesos, lo cual deriva en que el cociente gasto público agropecuario pasara de 0,17 en el trienio 1985-1987 a 0,28 en el período 1992-1994, culminando en el 0,385 para el trienio 1999-2001. Papa, en su nota publicada en el semanario Brecha, subraya que «la evolución indica que el esfuerzo productivo del agro ha estado crecientemente respaldado por una transferencia de recursos públicos en apoyo a la actividad y sus actores».
Más adelante señala que la intervención directa del Estado se centró en: fomento productivo (el 27,8% del total), infraestructura (14%) e inversión social (58,2%). Con respecto a este último ítem, recordando un estudio de Gabriel Lagomarsino, Papa escribe que «se detecta que la relación entre erogaciones y recursos es creciente a lo largo de la década ya que en 1990 por cada dólar recaudado se pagaban 2,6 de prestaciones (invalidez, vejez, subsidio) mientras que en el 2000 esa relación se incrementó a 5,6 dólares».
Para el economista ha llegado el momento de «convocar a los sectores sociales involucrados para contribuir a elaborar un plan estratégico en función del cual asignar, evaluando sistemáticamente, el nada despreciable gasto público destinado al sector. Y además convoca a las gremiales agropecuarias a no gastar esfuerzos en su tradicional crítica contra el «costo del Estado» y concentrarse en determinar la mejor manera de maximizar el gasto público del cual se benefician, ya que «la competitividad espuria perjudica el logro de la sistémica», en el entendido de que esta bonanza actual es coyuntural y debería aprovecharse para sentar las bases de mejoramiento real de la competitividad del sector aprovechando, precisamente, el apoyo estatal de que hoy gozan.
Papa concluye que a todo lo antedicho debe agregarse el bajo monto de impuestos que se paga y las soluciones que el sector obtuvo para enfrentar su endeudamiento, por lo que insiste en que «no olviden aquello de la competitividad sistémica».
El País también lo comparte
Las opiniones de Papa, un calificado técnico, que podrían ser tildadas de «izquierdistas» coinciden en un 100% con la opinión de Julio Preve, el analista rural del diario El País en su suplemento Economía y Mercado.
La coincidencia de los dos analistas ratifica la objetividad del análisis, Preve comienza sosteniendo que «el panorama fiscal del sector agropecuario ha cambiado por completo en unos pocos años».
Preve coincide con las cifras expuestas más arriba pero en su análisis se centra en la tributación la que «se ha reducido a casi la tercera parte si se la compara con el año 1998, o a la mitad del promedio de recaudación neta del período 1995 a 2000″, para afirmar seguidamente que «la presión fiscal en 2003 fue el 5,5% del Producto Bruto del sector», «el guarismo menor desde 1995, es claro pues que la presión global se ha reducido muy significativamente».
Al detallar el mundo tributario agrario recuerda que «hasta no hace mucho» había cinco impuestos pesados a la tierra: Imagro, Primaria, Patrimonio, Caja Rural y Contribución Inmobiliaria.
«Los tres primeros se han derogado y en cuanto a los dos últimos, que llegar a ser los más duros, se han aliviado considerablemente», sostuvo.
En cuanto a la Caja Rural, se han derogado los aportes patronales y con referencia a la Contribución Inmobiliaria informa que se le han realizado ajustes, y se ha exonerado las primeras 50 hectáreas en predios de hasta 200 hectáreas, por lo que su recaudación ha caído a menos de la mitad. En relación a otro tipo de impuestos, el IRA (impuesto a la renta), «va muriendo» y el Imaba «hoy es casi la tercera parte de lo que era en 1998″.
Por lo expuesto por los dos analistas, el clásico sticker de las 4×4: «Bajen el gasto del Estado» parece no reflejar objetivamente lo que viven hoy los productores agropecuarios y patentiza que el resto de la población (empresarios y asalariados) vive otra realidad. *
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