FMI aprobó la marcha del acuerdo y Kirchner ordenó girar 3.150 millones de dólares
Con ese paso, la Argentina no entra en default con los organismos financieros, pero las diferencias que mantiene con el Fondo en relación con la deuda externa tendrá todavía episodios con ruido, especialmente entre junio y setiembre, cuando se discuta el superávit fiscal destinado a los acreedores que ahora llega al 3% del PBI y, se supone, que el FMI reclamará elevarlo al 4,25% que hoy destina Brasil con igual propósito.
Por la mañana, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, llamó a Krueger y le comunicó una contraoferta a demandas del Fondo sobre la puesta en marcha de mecanismos y organismos que ordenarán negociaciones entre Argentina y sus acreedores de la deuda privada en default que suma más de 83.000 millones de dólares, según se sume o no los intereses caídos desde que no se paga un peso por esos bonos.
Según fuentes confiables, Krueger le respondió que «no estaba en condiciones de dar una respuesta» que debía consultar con los integrantes del G7 en el FMI y que llamaría al Presidente para la comunicación final.
Así ocurrió pasado el mediodía y, traductor mediante, Kirchner y la señora más fuerte de las finanzas mundiales, se pusieron de acuerdo en cuatro puntos que estaban en litigio con lo cual le anticipó que el board del FMI el 22 próximo aprobará el examen trimestral reciente del convenio firmado en setiembre y un día más tarde, se reintegran al Banco Central los dólares de sus reservas remitidos en la víspera.
Los cuatro asuntos nada tienen que ver con ese acuerdo bilateral sino que fueron incluidos («nos corren siempre el arco», dicen aquí) para presionar por más plata para los tenedores de bonos. En síntesis se convino que habrá una cláusula gatillo que permitirá el cambio de algunos de los bancos que conformar un comité ad hoc que se encargará de discutir con los acreedores diversas maneras de pago pero que finalmente deberían, en principio, estar ceñidas a la quita del 75%. El FMI pedía inamovilidad de esos bancos y funciones que podrían superar a las del propio gobierno.
Cuatro puntos cuatro
Por el segundo punto, el FMI retiró el pedido que se privilegie al Comité Global de Bonos, formado en Nueva York por sectores que dicen poseer papeles por 37 mil millones de dólares. Serán un sector más de los diversos que tienen reclamos con la Argentina.
Por otro punto, también afín a la idea local, no se fijó un porcentaje de aceptación de propuestas para dar finiquita la cuestión de la deuda. Hasta ayer se decía que el Fondo reclamaba que sólo con el 80% de aprobación se daba como arreglada la cuestión y que Argentina pedía que fuera del 50% con idea de aceptar el 66%.
Y el cuarto punto se diría en el documento que hoy se conocerá en Washington dando legalidad al entendimiento, que setiembre no es el mes en que deben comenzar las negociaciones con todos los acreedores, tiempo reclamado antes por el FMI para hacerlo coincidir con la discusión del futuro déficit fiscal comentado.
Hubo antes de estos anuncios, palabras muy severas de parte de Silvio Berlusconi y del ministro de Economía de España, Rato, para que Argentina pagara el vencimiento de ayer.
Pero los mercados, aun antes del anuncio, primero trascendido y más tarde sólo confirmado por voceros de segunda línea, reaccionaron positivamente. El dólar no se inmutó, la Bolsa trepó algo más del 6% y los bonos defaulteados no tuvieron las oscilaciones de tiempos de crisis.
Para la óptica oficial, se trata de una salida honorable para Kirchner quien había asegurado que sin garantías de retorno de la plata a las arcas locales no iba a ordenar el pago. Los puntos acordados, a pesar que exceden la revisión del acuerdo bilateral, se acercan más a las propuestas del gobierno argentino que a las originales del FMI. Pero de todas maneras, el Fondo ha logrado comenzar a imponer un ritmo en las negociaciones con los acreedores, el reclamo del G7.
Analistas locales suponen que el G7 no quiso esta vez, llevar la crisis al extremo de explosión pero el forcejeo seguirá, todavía falta lo más fuerte. Y Kirchner deberá remontar, de todos modos, críticas de sectores de izquierda y de derecha, con distintos motivos, porque lo acusan de tener un discurso contradictorio. *
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