Se aceleran los tiempos para Uruguay
En diciembre se suponía que sobre mediados de año Uruguay se encontraría con el cambio de algunas variables relevantes que proviniendo del mercado financiero internacional deberían impactar en el mercado local. En particular estas proyecciones se articulaban con simulaciones sobre lo que podría suceder en el eslabón más débil de la economía: el sistema financiero.
Ese escenario de la previsión se ha adelantado a partir de la decisión de la Reserva Federal norteamericana adoptada el miércoles de la semana pasada. La decisión de la Comisión de Política Monetaria de la FED mantuvo la tasa básica en el 1% pero modificó su estimación acerca de cuándo comenzaría a producirse el esperado aumento de la tasa de interés. Ahora ya no hay mención de «prolongado período» sino que ahora, la FED dejó inferir que si la efervescencia de los indicadores de demanda seguían aumentando, la Reserva podría «ser paciente» pero en poco debería comenzar a aumentar ese precio principal de la economía internacional en breve. Todo el mundo estaba esperando una señal y la Reserva la otorgó. Luego, entre el viernes y el lunes se multiplicaron las buenas nuevas vinculadas, precisamente, al crecimiento de la demanda interna y la consiguiente presión sobre el aumento de la inflación norteamericana. Sin embargo los problemas se multiplicaron cuando esa esperada señal se encontró con algunos problemas coyunturales y otros más permanentes en Brasil.
¿Fin del idilio de Lula y el mercado?
Efectivamente, entre el miércoles 28 de enero y ayer, miércoles 4 de febrero el riesgo Brasil ascendió de los 400 puntos básicos a 520. Esto significa que los precios de los bonos brasileños cayeron aproximadamente un 20% en estos días. Importa señalar que esta caída comenzó en el exterior con los fondos de inversión y pensión vendiendo títulos de deuda brasileños y de otros mercados periféricos incluyendo el uruguayo. Fue un reflejo casi automático de los operadores financieros internacionales atentos además, a la existencia de factores de riesgo específicamente brasileños. Entre ellos, las dificultades de la negociación política para acercar algunos cambios que Brasil procesa actualmente. Además, esta reacción se multiplicó por el conocimiento de las dificultades que comenzó a tener Argentina con sus acreedores. En ese período el dólar pasó de 2,85 reales a los 2,94 del lunes y paró allí luego de que el BCB anunciara que dejaba de comprar. Ayer cerró a 2,92. Antes de esto incluso había comenzado el retiro de capitales del mercado bursátil.
En Uruguay
En Uruguay esta situación se viene reflejando en la caída de los precios de los bonos con el consecuente aumento del riesgo país. En los últimos días los precios han caído más de un 10% y pese a el impacto en el sistema financiero se advierte una expectante cautela de los operadores en su toma de posiciones sobre mediano y largo plazo.
Paralelamente, las nuevas condiciones han determinado que el BCU suspendiera su emisión de U$S 250 millones de dólares en unidades indexadas (UI) muy importante para el programa de financiamiento de tesorería pero, sobre todo, porque esta emisión había sido diseñada para explicitar el advenimiento de un período de mayor confianza que, en principio, debía alentar a los ahorristas e inversores a confiar más en la moneda nacional.
Asignaturas bancarias pendientes y ahorristas atentos
Este adelantamiento de las zonas de turbulencias encuentran al país con problemas de financiamiento externo y, con un sistema financiero aún muy vulnerable, regulado con muchas dificultades y con tareas que al BCU le resulta difícil acelerar por las resistencias y desavenencias que se multiplican en el entorno político del regulador.
El problema esencial del sistema financiero es que sus ofertas se están encontrando con un ahorrista muy cauteloso, atento como nunca a los factores de riesgo que pudieran dañar su capital. En tanto, si bien los depósitos en el sistema han venido creciendo en el último año, las características de dichos depósitos inhiben al sistema financiero de prestar en moneda nacional en el mediano y largo plazo. Sin mercado de capitales capaces de financiar inversión o capital de trabajo a mediano plazo, el crecimiento que insinúa la economía tiende a quedarse sin financiamiento.
Empero, la preocupación se concentra específicamente sobre la estabilidad y afirmación del sistema bancario. Los datos de diciembre señalan que los ahorristas que venían volviendo lentamente a las ventanillas nada tienen que ver con aquellos ahorristas de antaño. En los últimos doce meses finalizados en diciembre los residentes han incrementado sus depósitos a la vista y en cuenta corriente en un monto equivalente de U$S 1159 millones. Pero en el mismo período, los mismos residentes retiraron de sus depósitos a plazo U$S 1.344 millones más.
O sea que luego de haberse superado la crisis financiera de 2002, luego de haberse reprogramado exitosamente la deuda pública en 2003, los ahorristas no sólo no han recobrado la confianza sino que ahora están utilizando todos los resguardos que tienen a mano ante el riesgo de nuevos desequilibrios. Ese escenario no parece preocupar en demasía al sistema político y el BCU opera sin apoyos explícitos de la política en un frente muy delicado, seguramente el más delicado también en la perspectiva de la transición. *
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