Cuando aún teníamos el metal dorado

Una de las dificultades existentes para invertir en oro es que se precisa un lugar físico para guardarlo. A diferencia de las monedas, que se depositan en una cuenta bancaria, el oro debe guardarlo en su casa, o si se quiere arriesgar menos, en un coffre-fort.

Una onza (unos 33 gramos) cuesta hoy día unos U$S 422 en el mercado local. Si la fuera a vender le pagarían U$S 397.

El precio internacional en el cierre de ayer fue de U$S 405. Fuentes de Cambio Gales (casa cambiaria) señalaron que la venta de oro no ha tenido mayores variaciones en los últimos meses. Esto demuestra que por lo menos los ahorristas siguen pensando en un mundo de monedas como el dólar y, en menor medida, el euro.

Por otra parte, no existe oro en las reservas del Banco Central. A mediados de los 90, casi un 20% de estas reservas fueron en el metal. En abril de 2001 (a pocos meses de asumir el presidente Jorge Batlle) quedaba menos del 10% de las reservas del BCU en oro. En concreto había U$S 277 millones, cotizada la onza a U$S 272. Esto lleva a que había un millón de onzas.

Si las mismas se hubieran mantenido, hoy día su valor sería de U$S 400 millones, o sea U$S 173 más que el valor que ese mismo oro tenía en 2001.

Claro que tener parte de las reservas en oro, en un mundo cada más inestable, significa que las mismas pueden oscilar muy fuertemente a la baja o al alza, dependiendo de la cotización del metal, lo que no es aconsejable para un país. *

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