Un plan Marshall para América Latina costaría unos U$S 85 mil millones
La situación de los países latinoamericanos tal vez no sea la óptima para la instrumentación de una ayuda económica de ese tipo.
En su discurso durante la Cumbre de Monterrey, Néstor Kirchner solicitó que se trataran temas relacionados con el desarrollo económico y la lucha contra la pobreza, reclamo que también hizo Lula. Pero el presidente argentino fue más allá presentando una propuesta de ayuda económica de parte de Estados Unidos para América Latina, algo similar a lo que fuera el Plan Marshall para Europa luego de la Segunda Guerra Mundial. El propósito de este plan aggiornado sería, según Kirchner, fortalecer el desarrollo sustentable de los países de la región.
Pero América Latina no es prioridad en estos días para el gobierno norteamericano que se preocupa por sobre todas las cosas de «la lucha contra el terrorismo». Suponiendo que esto no fuera así y que la puesta en práctica de un ayuda económica estadounidense fuera más factible, la pregunta es si estarían todas las condiciones para que esta fuera provechosa.
Un poco de historia
Recordemos que fue el Plan Marshall, nombre que adquirió porque fue ejecutado por el general George C. Marshall, quien actuara como secretario de Estado durante el gobierno de Harry Truman.
El presidente nortamericano H. Truman impulsó la creación de este plan de ayuda económica que consistía en el otorgamiento de 12.000 millones de dólares de la época a Europa para su reconstrucción luego de la Segunda Guerra Mundial.
La idea inicial era que las empresas estadounidenses protagonizaran la acción del plan, luego de negociaciones con el Congreso norteamericano (mayormente demócrata en ese entonces). Esto cambió y fue el Estado quien asumió el rol principal como asignador de las prioridades de gasto.
En 1947 el Congreso aprobó 10.000 millones dólares que al año siguiente se transformaron en los 12.000 millones finalmente asignados. Pero lo que realmente protagonizó el programa de ayuda, según muchos analistas, no fue el dinero sino una campaña propagandística realizada por los asesores de Truman que incluía viajes y conferencias de Marshall por toda Europa. Los especialistas en el tema señalan que fueron estas acciones las que realmente fortalecieron la confianza de Europa en la recuperación económica y que los aportes monetarios sólo fueron el inicio de la misma y no un factor de desarrollo.
Para que el programa surgiera fue necesario que se produjeran antes algunos cambios en la ideología de la época, lo más significativo fue eliminar el castigo a los perdedores de la guerra, quienes hasta ese momento debían pagar por los daños ocasionados. El cambio consistió en integrar a éstos a los procesos de recuperación democrática y económica, el dinero saldría ahora de los ganadores.
Hacia 1954 el Plan Marshall ya casi no funcionaba debido a cuestiones políticas, pero al año siguiente la economía de Europa comenzó a resurgir a través de planes similares al Marshall que se daban en algunos países de la región y a la «economía social de mercado» nacida en Alemania. De ahí en más una serie de pactos y acuerdos llevaron a Europa a formar la Comunidad Económica Europea.
Volviendo a América
La situación en Europa al finalizar la II Guerra podría llegar a tener algún punto de comparación con la América Latina de hoy. Salvo por la falta de ataques bélicos la región presenta en estos tiempos un panorama devastador. Deudas impagables nacidas no hace mucho, exclusión social, aumento de la pobreza, exilio económico de millones de personas (en su mayoría altamente calificadas).
Por ejemplo en Uruguay casi un tercio de la población vive en situación de pobreza, situación que en los últimos cuatro años creció un 45%.
La mitad de los niños que nacen en el país lo hacen en hogares que sufren condiciones de vida extremas, lo que casi asegura transformar el presente en un tiempo mejor que el futuro.
La diferencia con la Europa de 1948 fundamentalmente radica en la no existencia de unidad entre los gobiernos regionales o en la disposición de estos para lograrla. Al finalizar la guerra, Europa contaba no solamente con el deseo de su gente de salir del horror que había vivido, también contaba con la predisposición de sus gobiernos para unificar criterios.
Haciendo números
Más allá de cuestiones políticas, un Plan Marshall parece imposible debido a las cifras necesarias. Si se extrapolaran los 12.000 millones de dólares otorgados en 1948 a la actualidad llegarían a unos 85.000 millones, mucho menos que la deuda acumulada por Brasil y Argentina.
Además, por esta época Estados Unidos afronta el mayor déficit presupuestario de su historia, unos 400.000 millones por año.
Pero, como ya se señaló, la mayoría de los analistas económicos no dan importancia a la parte monetaria del programa como sí lo hacen con la consagración de los valores democráticos, el respeto de la propiedad privada y las inversiones extranjeras, además de la apertura de mercados y por encima de todo esto al inicio de un proceso serio de integración económica y política. Los llaman cimientos fundamentales de la recuperación. Hoy la región no está por diversos factores (culturales, sociales y políticos) en su mejor momento para que un plan de este tipo, más allá de los números y el lugar de procedencia de los aportes económicos, tenga un final feliz. *
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