El Mercosur debe buscar soluciones de fondo a su relacionamiento comercial
Los problemas pueden servir para crecer o para destruir, ello depende de la voluntad de quienes encaren las soluciones. En este caso no parece que exista una intención autodestructiva pero, entonces, habrá que agarrar el toro por sus astas y emprender rápidamente medidas que fortalezcan y profundicen el acuerdo.
La actual situación generada a nivel comercial exige que los problemas se resuelvan definitivamente ya que ni los problemas de nuestro país con el aceite argentino, ni de Argentina con las bicicletas uruguayas, ni de nuestros vecinos con los textiles de Brasil, son nuevos. Parecen ser cíclicos y por lo tanto, las soluciones encontradas hasta el momento no sirven.
Con esta filosofía el ministro de Industria de nuestro país, José Villar, ha sido muy claro al señalar, en declaraciones a El Espectador que, a su juicio, no parece haber voluntad política del gobierno argentino para solucionar los diferendos comerciales existentes con nuestro país. Esta situación que se viene arrastrando en el tiempo le llevó a ir más lejos en sus declaraciones y señalar que se encontraba confuso con respecto a la vigencia del Mercosur.
Uruguay enfrenta problemas serios para ingresar bicicletas y neumáticos recauchutados a Argentina.
Pero tampoco nuestro país puede adoptar una actitud puritana, ya que viene sistemáticamente negándose a permitir el ingreso de carne bovina un 30% más barata destinada al abasto ciudadano. «En todos lados se cuecen habas», afirma el dicho popular y en esta ocasión no se trata de una excepción.
También Uruguay debe batallar con los productos de las provincias amparadas en la promoción industrial decretada por el ex ministro Domingo Cavallo que, con una serie de privilegios fiscales, ingresaban a nuestro país a precios de dumping. Nuestro país logró interponer, por medio de los derechos específicos (un impuesto que nivela los precios) un elemento que dio «aire» a la producción nacional. Recientemente caducó este tipo de exenciones, pero ya ha trascendido que se estudia instalar nuevas facilidades. Pero el presidente de la Unión Industrial de Corrientes denunció que se ha distorsionado estas leyes llamadas de promoción industrial generándose una competencia desleal entre las empresas argentinas de un mismo rubro. El mecanismo era aprovechar las ventajas impositivas para las plantas instaladas en algunas provincias como San Luis o La Rioja para hacerlas extensivas a otras plantas (de la misma empresa) no radicadas en esos lugares, cambiando de forma ficticia la procedencia de los productos.
Si se agrega a este panorama el importante diferendo textil entre «los dos grandes» (ver nota aparte), parece llegado el momento de, junto a la ofensiva mundial de búsqueda de nuevos mercados, invertir esfuerzos e inteligencia en profundizar el acuerdo a fin de fortalecerles para que pueda soportar los actuales cimbronazos, y los que vengan. *
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