Europeos lograron bajar el euro
Esta advertencia podría sin embargo ser insuficiente para impedir que el euro vuelva a subir frente al dólar cuando el instituto monetario enfrenta una presión política creciente para bajar sus tasas de interés, estiman los economistas.
El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, se encargó de iniciar la ofensiva verbal.
El lunes se declaró por primera vez «preocupado». Y en la primera reunión del año del BCE afirmó que no veía con buenos ojos la «volatilidad excesiva» del cambio.
Este discurso fue retomado luego por otros responsables del BCE: el gobernador del Banco de Francia, Christian Noyer, reconoció que los «bruscos movimientos» del cambio «no eran buenos para el crecimiento mundial» y su homólogo alemán, Ernst Welteke, subrayó que «la apreciación del euro podía frenar la recuperación».
«De momento tratan de hacer bajar el euro por la palabra», resume Dennis Heidt, cambista del banco BNP Paribas.
Operación exitosa
La operación, al menos temporalmente, fue un éxito. Ayudadas por un déficit comercial estadounidense inferior al previsto, las declaraciones contribuyeron a hacer bajar la divisa de alrededor de 1,29 dólares el lunes a un poco menos de 1,25 la mañana del viernes.
Sin embargo, estima Steve Barrow, economista del banco Bear Stearns, «el movimiento será de corta duración».
Los responsables europeos se encargan de mantener la presión. El ministro francés de Economía, Francis Mer, advirtió el jueves sobre la «volatilidad» del cambio, que consideró «peligrosa», mientras que su homólogo alemán, Wolfgang Clement, instaba a una colaboración internacional para hallar «un equilibrio entre las monedas».
Europa no es sin embargo unánime. El ministro español de Economía, Rodrigo Rato, estimó en cambio que la paridad euro/dólar «refleja mejor las realidades (…) que hace dos años».
Más problemas
Un problema más grave es que los estadounidenses siguen adaptándose a la baja del billete verde, que favorece sus exportaciones. El presidente de la Reserva Federal (Fed), Alan Greenspan, relativizó el déficit corriente estadounidense, considerado una de las razones de la caída del dólar.
Estas divergencias son de mal augurio para una iniciativa común de los países del G7 para frenar la subida del euro en la reunión de ministros de economía de los próximos 6 y 7 de febrero en Estados Unidos.
Los europeos podrían quedarse solos. Según Laurent Codogno, economista del Bank of America, pese a todo esto el BCE no tiene prisa. Sólo bajará sus tasas «si el euro supera 1,30 dólares durante dos o tres meses consecutivos sin que continúe la mejora de la demanda mundial», dijo. En cuanto a una intervención directa en solitario en el mercado de cambios, en su opinión sólo recurrirá a ella «si el euro alcanza un nivel extremo, como 1,35 o 1,40 dólares».
Para el BCE, la subida de la divisa es también interesante porque reduce la inflación importada y aumenta el poder adquisitivo de los consumidores europeos.
Además, los países de la zona euro realizan gran parte de sus intercambios comerciales entre ellos, lo cual limita el impacto de las variaciones del cambio. *
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