Zaidensztat: "Nos cuesta mucho controlar a las empresas, mal podemos controlar el ingreso de 1,5 millones de uruguayos"

"Implantar hoy el impuesto a la renta es para favorecer la evasión"

El titular de la DGI se explayó sobre la filosofía del organismo y cómo se viene llevando adelante una reestructura que apunta a su modernización y una sustantiva mejora de la gestión de manera que cada uno pague lo que le corresponde. Esto es lo que conversó con LA REPUBLICA.

–Comencemos hablando del año que ya fue. Usted es consciente de las críticas que han llovido sobre el organismo a lo largo de los tiempos remotos y actuales. ¿Cuáles son los resultados que puede mostrar?

–El objetivo principal de la DGI es obtener recursos para que la sociedad los utilice de acuerdo con lo que el legislador en el Presupuesto de la Nación determina qué se hace con ellos.

En ese sentido, el nivel de recaudación está relacionado en forma estrecha a los niveles de la actividad económica.

Venimos de un 2002 donde se sufre una de las peores crisis que padecimos los uruguayos, y 2003 lo arrancamos de otra manera. En febrero (que se recauda lo generado en enero) se siente el primer síntoma de crecimiento pero durante el primer semestre y fundamentalmente abril, que es el mes de presentación de los balances de la actividad del año anterior y de la declaración de impuesto a la renta, se sintió el impacto de la caída natural de la actividad de 2002.

A partir de mayo la recaudación comienza a crecer, fue el mes clave, tanto de la recuperación de la actividad como de la recaudación. Recuérdese que es en ese período cuando se concreta el canje de deuda con los acreedores del país. Este fue el punto de quiebre donde los distintos agentes se comienzan a recuperar. Se llega entonces al fin del primer semestre con un arrastre de la caída de 2002 que arroja una recaudación de -0,6%. Pero, a partir de junio, comienza para cada mes y comparado con el mismo mes del año anterior, un crecimiento real de dos dígitos que va oscilando entre el 11y el 15% durante todo el segundo semestre lo cual nos permite, en cifras preliminares, concluir que en el segundo semestre alcanzamos un 12,5% de crecimiento real y para todo 2003 a un crecimiento real de 5,8%.

–Con esta perspectiva, ¿qué es lo que podemos esperar?

–Lo que entendemos es que estamos frente a un tendencia muy fuerte de crecimiento que se debe fundamentalmente a dos factores: en primer lugar, la consecuencia de la mejora en algunos sectores de la economía y la mejora notoria de la recaudación.

Si bien en algunos de estos sectores que se están recuperando rápidamente no hay pago de impuestos directamente, con todo hay un factor de dinamismo, de contagio, de circulación de dinero que hace que la gente pueda consumir y mejorar su calidad de vida. El sector agropecuario que ha tenido un crecimiento muy importante y lo va a seguir teniendo , así como el sector exportador generan una recuperación del empleo, y eso lleva a que la gente consuma más y ello dinamiza. El otro efecto es la recuperación de la recaudación, nótese que el crecimiento del PBI va a andar en el entorno de 1% pero el crecimiento global de la recaudación es de 5,8%.

–Como la mayor parte de los impuestos son directos al consumo, esta recuperación de que habla no ha llegado aún a la mayor parte de la gente, ¿cómo se explica este superávit de la recaudación?

–En la mejora de la gestión, en la mejora de la eficiencia de la DGI y en ese sentido quiero destacar que hemos empezado con un grupo muy importante de funcionarios los cambios que permiten y permitirán una mejora sustancial de la gestión.

–¿En qué se basó esa mejora?

–Toda organización debe adaptarse a los cambios y debe mejorar su gestión continuamente. En el local del Sindicato Médico del Uruguay hay una frase del doctor Fosalba que dice «detenerse es quedarse», yo lo comparto totalmente.

La DGI venía manejándose con niveles de gestión que no eran los correctos, había que cambiar.

Cuando llego, me encuentro con una institución que contaba con un importantísimo número de funcionarios comprometidos. Obviamente que hay algunos que están más motivados que otros para el cambio, eso pasa en todas las familias y en todas las empresas, pero desde que llegué a la DGI, encontré un núcleo muy importante de gente con ganas de mejorar las cosas y ganar en eficiencia. Esto es necesario, pero no suficiente para cambiar.

Por otro lado, la oficina contaba con muchísimos informes realizados por consultorías sobre reformas de la DGI, pero cuando cuando el ministro Atchugarry me otorgó el honor de venir acá, en primer lugar teníamos una necesidad muy urgente de caja. No hay que olvidar que esta oficina recauda más de 70% de los ingresos del Estado y que se había caído de manera sustancial la recaudación debido a la crisis, por tanto, las necesidades para continuar con el funcionamiento del Estado eran grandes y urgentes, había que contar con el dinero.

Por ello entendí que no podíamos seguir haciendo diagnósticos, uno de los problemas que tenemos en este país es que hay muchos diagnósticos y pocos resultados efectivos de cambio, por tanto nuestra meta no era engrosar bibliotecas sino analizar con los funcionarios las fallas y cómo mejorarlas. Hicimos un estudio de los problemas estructurales de la DGI que se arrastran de varias décadas y los problemas que son coyunturales.

Contamos además con la colaboración de un viejo amigo del país, el español Fernando Díaz Llubero que ya conocía muy bien los problemas de la DGI y colaboró fundamentalmente en todo lo que fue ayudarnos a ordenar las ideas, ya que acá andábamos apagando incendios, tratando de conseguir el dinero necesario para el funcionamiento del Estado.

–¿A qué conclusiones llegaron?

–Entendimos que había tres problemas estructurales a atacar. En primer lugar la política de recursos humanos, ya que los funcionarios no tenían un marco adecuado de sus derechos si bien lo tenían para sus obligaciones.

En segundo lugar, un problema de infraestructura física totalmente inadecuada y en tercer lugar, una falla muy importante en el uso de información, tecnología y métodos de trabajo.

Para el primero de los problemas contamos con el apoyo del Poder Ejecutivo y se presentó en el Parlamento, que lo hizo suyo, un proyecto de ley con un artículo que apuntaba a modificar el corazón de la estructura de la DGI.

Constaba de dos artículos. En el primero se bajaba la carga al IRP a los trabajadores de menores ingresos y a los jubilados y en el segundo, se establecía que en vez de financiar este cambio en el IRP como había sido tradicional a través de crear un nuevo impuesto o subiendo la tasa de alguno que se mantenía, se proponía un cambio en la filosofía consistente en cubrir lo que se perdía con la mejora de la gestión de la DGI y para viabilizar ello se permitió destinar un porcentaje de hasta el 25% de la mejora de la gestión , del incremento real, a darle a la oficina un presupuesto para inversiones. Nuestro presupuesto para el rubro de tecnología es menor a 50.000 dólares al año. También se destinará un porcentaje para los gastos necesarios para el funcionamiento. Sería bueno contarle a los lectores que ahora estamos sufriendo los problemas que nos genera el no tener toner para las impresoras que emiten los boletos de pago.

En tercer lugar, la ley no permitió algo que es emblemático, poner reglas de juego que sean fructíferas, sanas, por las que si los funcionarios pasan a trabajar de dedicación parcial a total reciban un sueldo digno y acorde con lo que se está pidiendo.

Ahora trabajamos para plasmar esto en una realidad.

–¿Con eso alcanzó?

–No, nosotros entendíamos que para cambiar una oficina con las falencias que mostrab
a la DGI era necesario llevar adelante una reingeniería de los procedimientos y sistemas de trabajo que deben estar acompañados de información y del manejo de tecnología adecuada. En ese sentido conseguimos apoyo del Poder Ejecutivo en redireccionar un apoyo de la Unión Europea que venía para otros fines. Para nosotros era una inversión que había que hacer y como el Presupuesto ya había pasado no podíamos acceder a nuevos recursos, por eso el ministro Alfie y el presidente Batlle nos apoyaron y otorgaron estos 5,5 millones de euros que a partir de este mes darán sustento a un proceso continuo que comienza en este verano.

–Pero hay que seguir recaudando y siendo eficiente mientras se procesan estos cambios.

–Los uruguayos tenemos muchísimos impuestos, esta oficina recauda 25 y la pregunta siempre es si la evasión se produce porque la presión fiscal es alta, o al revés.

Es una condición necesaria que la DGI sea eficiente, sobre eso no hay dudas. Cuando una administración es eficiente recauda mucho más y por ello decimos que cuando todos pagamos, pagamos menos ya que la mayor eficiencia recaudatoria es condición necesaria para bajar la presión fiscal. De todo este cambio que pretendemos implementar el resultado la sociedad lo va a vivir sobre todo en el mediano y largo plazo, más allá de los actuales éxitos.

Esta reforma busca que el dinero no quede a medio camino y que cada uno pague lo que le corresponde. La eficiencia nuestra consistirá en que se cumplan las normas por parte de todos por igual, de manera de poder vivir en un país más justo y equitativo, porque pagar impuestos es un acto de solidaridad. Ello nos permitirá lo que todos deseamos que es dar más recursos a los sectores que más lo necesitan, y todo eso sale de la propia sociedad.

–¿Se puede a través de la DGI favorecer a la población de menores ingresos?

–Sí, se puede y a eso apuntan los cambios que llevamos a cabo actualmente.

En las empresas gastronómicas que cerramos recientemente, por ejemplo, esos dineros que no fueron vertidos a la DGI se quedaron en los bolsillos de algunos, no fueron para la sociedad, por ello es necesario que todos paguen lo justo para poder efectuar esa rebaja. La primera condición para esa baja, aunque no suficiente, es que la DGI sea eficiente. Hoy el país dispone de un sistema de pago adecuado para todos. El que trabaja en la calle paga $400 para el BPS pero $0 a la DGI. El pequeño empresario paga el monotributo, es decir el que factura menos de $30.000 por mes, paga $1.000 de impuesto y después cada categoría de empresa tiene su sistema. Me permito señalar que con los cambios que ya introdujimos hemos superado las propias metas que se había trazado el equipo económico en la recaudación.

Pero hay otros factores que contribuyen a la evasión. Hay también una necesidad de educación tributaria en la ciudadanía.

–Unos piden que se apriete al comercio informal y otros sostienen que se hace la vista gorda con el comercio formal.

–Quien con mucho esfuerzo paga todos sus impuestos, entendemos, que la informalidad o el no pago de lo que corresponde lo irrite, por ello afirmamos que todos tienen que pagar lo justo, lo que les corresponde, por ello nosotros debemos ser eficientes.

Para nosotros hay que volver al sistema formal a los informales y también lograr que el formal pague lo que le corresponda y no lo mínimo. Los empresarios deben pagar lo justo, y es obligación nuestra controlar eso.

 

La retención del IVA

–Los agentes de retención del IVA ¿funcionan?

–El sistema nos entusiasma porque debemos controlar menos empresas, ya que esa tarea la realiza el agente de retención. Y si uno tiene bien controlado al agente, no hay problema. Está claro que nadie le presta su billetera a quien no le tiene confianza y no puede controlar, nosotros tampoco lo hacemos. Este sistema lo hemos profundizado ya que funciona bien en todo el mundo.

Ahora se instrumentó que las empresas públicas retengan a sus proveedores 60% del IVA, ya que encontramos un proveedor muy importante del Estado (que comprenderá que no le puedo dar el nombre) que venía desde hace mucho tiempo vendiendo y a través de diferentes artilugios se quedaba con el IVA y eso significó una evasión de muchos millones de dólares.

–Más de una vez usted ha manifestado que se debe adaptar la actual normativa sobre el secreto tributario.

–Este parece ser al país de los secretos, pero éstos deben ser para favorecer a la gente de bien, pero no para favorecer al que evade, defrauda o perjudica al resto de la sociedad. Por eso planteamos más de una vez si no sería hora de rever el abuso del secreto. Hay cosas que están bien en la normativa; pero no puede ser que también se ampare a quien perjudica al resto de la sociedad.

Hace unas semanas en el Parlamento se planteó el análisis del secreto bancario, limitarlo en o relativo al problema tributario, y el ministro Alfie lo apoyó ya que una cosa es el secreto en su amplitud y otro limitarlo para determinado tipo de actividades, lo compartimos. En la administración tributaria no tendría que existir ningún tipo de secreto bancario y debemos aggiornar el bancario también, al igual que otros secretos que lo único que hacen es encubrir a aquel que quiere trabajar por la vía torcida.

–¿Es posible implantar el impuesto a la renta de las personas físicas?

–En el estadio de desarrollo que está hoy la administración tributaria poner este tipo de impuesto es para favorecer a quienes tienen mayor poderío económico, lo que les habilita para poder evadir.

Hasta 1973 teníamos ese impuesto y nos aportaba el 1% del total de lo recaudado.

Por eso, cuando decimos que hay que dotar de eficacia a la DGI, debe entenderse que es una condición necesaria para aplicar bien cualquier impuesto.

Hay que tener en cuenta que involucraría a más de un millón y medio de uruguayos a los que habría que controlar en sus ingresos. Si hoy nos cuesta mucho controlar a las empresas, mal podemos pensar en un control para que todos paguen lo que corresponde. Si no nos transformamos y somos eficaces es como discutir hoy de qué lado del manubrio de la motoneta vamos a poner un cenicero, hoy la DGI no es capaz de controlar a las empresas, menos podemos pensar en las personas físicas.

Hoy el problema con que nos encontramos no es con la evasión del mes anterior o debido a la crisis que vivió el país, muchas veces los problemas de evasión vienen de muchos años atrás, por eso hay que ser eficiente y plasmar esta reforma que intentamos llevar adelante. Si funciona bien que después el sistema político discuta qué tipo de sistema de impuestos quiere. *

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