Uruguayos consumieron el año pasado casi 50% menos de carne que en 2000
El consumo interno bajó prácticamente a la mitad en tres años. En el año que recientemente culminó, los uruguayos consumieron 110 mil toneladas de carne, marcando un nivel de consumo per cápita de apenas 35 kilos, o sea 30 kilos menos con relación a los 65 kilos de consumo considerado «normal», el cual se registrara en el año 2000.
Para López la industria frigorífica en 2003 tuvo su año de oro «mediante la combinación de la devaluación, apertura de mercados, precios, volúmenes exportados, y hasta el hecho registrado que en un pico de baja oferta ganadera de poszafra con aumento del precio de los novillos salió a pagar contado».
A continuación, parte del diálogo que manteníamos con el señalado consultor.
–Según la información del INAC al 27 de diciembre pasado se alcanzó en términos récord en 2003 un volumen de 313 mil toneladas de carne vacuna exportada en peso carcasa, ¿cuáles son las causas, a su juicio, que promovieron ese récord?
–La respuesta es muy sencilla. Se quitaron de la mesa de los consumidores uruguayos nada menos que 90.000 toneladas de carne vacuna que pasaron a engrosar las exportaciones y por tanto es lo que explica ese récord con apenas 1.700.000 reses faenadas al cabo de 2003. También es cierto que la apertura de los mercados de Canadá y EEUU le dieron un fuerte impulso a la corriente exportadora con mejora de los precios promedio comparados con 2002, pero no se trató de un crecimiento genuino de la eficiencia productiva del complejo cárnico en materia de vacunos como sucedió, por ejemplo en el año 2000, sino que aquí el gran sacrificado fue el consumo interno que cayó en cifras patéticas, por el efecto combinado de la reducción de la masa de ingresos de la población (desocupación, subempleo, informalidad, rebaja de salarios en la economía formal, etc.) y el impacto de la devaluación que incrementó enormemente el precio de la carne al consumo, derivando que con relación al año 2000 ese consumo cayera en un 45%.
–Precisamente, ¿cómo evalúa las cifras de achique del consumo interno de carne vacuna de los uruguayos?
–La comparación corresponde hacerla a partir de un consumo normal de 200 mil toneladas que se registró en el año 2000, año en que se batió el récord de exportación con 272 mil toneladas.
En 2003 se faenaron 1.700.000 vacunos que representa una producción en gancho de los frigoríficos de alrededor de 425 mil toneladas peso carcasa.
Quiere decir que deducida de esa cifra la exportación de 313 mil toneladas, el consumo interno absorbió poco más de 110 mil toneladas bajando el nivel de consumo per cápita a apenas 35 kilos, o sea 30 kilos menos con relación a los 65 kilos de consumo normal del año 2000.
Es evidente que hubo un gran sacrificio de los uruguayos consumiendo menos proteínas rojas, que es lo que esencialmente explica que en algunas tiendas se festeje con serpentinas y papelitos un récord en cuya base se verifica el deterioro alimentario de los uruguayos.
–¿Esa caída del consumo también se reflejó crudamente en el cierre de muchísimas carnicerías y una mayor concentración en los negocios de expendio a gran escala?
–Mire, yo creo que este récord debe dar para repensar muchas cosas.
Primero, no olvidemos que desde hace varios años la producción ovina se desmoronó a favor de los vacunos; en segundo lugar se instaló entre los uruguayos una singular pobreza que diezmó el tradicional consumo de carne vacuna y liquidó desde el punto de vista comercial muchas fuentes de trabajo; tampoco ese récord derivó en más empleo en el ámbito de la industria que ya tiene cerca de un 40% la actividad tercerizada, ni tampoco los mejores precios captados en las exportaciones mejoraron en valores unitarios básicos los salarios de los trabajadores que dependen estrictamente de los incentivos por productividad, es decir ingresos basados en el esfuerzo físico.
Así como es justo reconocer que en 2001 y en parte de 2002 la industria frigorífica perdió y desacumuló capital a partir de la crisis de la aftosa, en 2003 tuvo su año de oro mediante la combinación de la devaluación, apertura de mercados, precios, volúmenes exportados, y hasta el hecho registrado que en un pico de baja oferta ganadera de poszafra con aumento del precio de los novillos salió a pagar contado y hasta se contribuyó con el erario norteamericano, pagando el arancel de 26% para exportar carne vacuna en sobrecuota.
–En síntesis, ¿usted juzga críticamente ese récord de exportación en tanto trasladó su costo al mercado interno y tampoco respondió a productividad genuina?
–Yo creo que Uruguay debe trabajar y expandir constantemente los mercados externos, dada nuestra condición de exportadores netos en materia de carne vacuna, pero no a costa de desequilibrios que paupericen el consumo interno que quizás algunos economistas desdeñan, pero que en 2001 contribuyó a mantener abierta las industrias cuando la crisis de la aftosa nos radió de los mercados por seis meses. *
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