América Latina orejea los problemas cárnicos en EEUU
Argentina y Brasil, los dos grandes productores latinoamericanos de ganado, vislumbran, junto a nuestro país, la posibilidad de sustituir a Estados Unidos como proveedores de muchos países, pero les preocupa más la posible caída de sus exportaciones al mercado estadounidense.
En ese sentido el embajador de nuestro país en EEUU, Hugo Fernández Faingold, ya anunció que probablemente este problema acarree un descenso en las compras de carnes por parte de aquel país y, por otra parte, vaticinó que «los precios serán otros». Pero también entendió que se pueden abrir nichos interesantes y que ha llegado el momento para Uruguay de iniciar una importante ofensiva de marketing para informar a empresarios y consumidores norteños sobre lo lejos que están nuestras carnes de contraer el mal ya que su alimentación es 100% natural.
En Brasil, por su parte, mañana se reúne el presidente Lula con sus principales asesores en la materia a fin de delinear una estrategia que le permita absorber rápidamente al menos parte de los mercados que ha perdido EEUU.
México enfrenta una gama de problemas, que van desde impedir que el mal traspase sus fronteras por la vía del contrabando de ganado en pie o faenado, hasta sustituir los suministros de carnes rojas desde el vecino país, su principal proveedor y socio junto a Canadá en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En este proceso de sustitución es donde Uruguay puede ser tenido en cuenta.
En cambio, Chile, un productor marginal de ganado bovino, alienta esperanzas de que el mal propicie una mayor demanda mundial de carnes inmunes a esa enfermedad, como las de cerdo, pollos, salmón y otros pescados y mariscos, en las cuales tiene una alta capacidad de oferta.
Una rara enfermedad
En vísperas de la Navidad, desde el noroccidental estado de Washington se informó de la detección de una res con síntomas de encefalopatía espongiforme bovina, más conocida como «mal de la vaca loca», surgida en los años 80 en Gran Bretaña. La enfermedad, controlada en Europa al costo del sacrificio de miles de bovinos, tiene su origen en la alimentación de ganado con proteínas animales y puede extenderse a los humanos al consumir carne de un vacuno afectado, provocando el mal de Creutzfeldt-Jakob, que desde 1998 ha contagiado por esta vía a 153 personas en el mundo, una enfermedad muy rara en el planeta. Los primeros síntomas son temblores, nerviosismo, pérdida de memoria y equilibrio, debilidad y alucinaciones. Luego la persona pasa con rapidez a un estado en que no puede caminar ni hablar.
La aparición de la enfermedad de las vacas locas en Estados Unidos implicó, naturalmente, el inmediato cierre a las exportaciones de carnes de ese país en casi todo el mundo, en particular en Asia, donde se ubican los mayores compradores de productos bovinos estadounidenses.
En 2002 Japón gastó 1.400 millones de dólares en la compra de carnes rojas de Estados Unidos y Corea del Sur hizo lo propio por 732 millones.
Esos dos países, más México, importaron 3.200 millones de dólares en carnes estadounidenses el último año. Son tres mercados que ahora podrían ser abastecidos por los grandes productores ganaderos de América del Sur y es hacia allí donde apunta Lula que culminó recientemente una gira asiática en busca de apertura de nuevos mercados para su país.
Una ventaja competitiva de la ganadería sudamericana en estas circunstancias radica en que las reses pastan en praderas naturales y su alimentación incluye insumos vegetales como soja y maíz, sin harinas con base en proteínas animales, causantes de la enfermedad. El presidente de la Asociación Brasileña de Exportadores de Carnes, Marcus Vinicius Pratini de Moraes, explicó que las ventas cárnicas de su país pueden crecer 20 por ciento este año, en volumen.
En contraste con el optimismo del brasileño, Carlos Nassif, dirigente de Confederaciones Rurales Argentinas, dijo que la aparición del mal «no beneficia a nadie» y, por el contrario, tiende a frustrar las expectativas de su país de mayores ventas de carnes rojas a ese mercado en 2004″. «Pero ahora lo más probable es que baje el consumo interno (estadounidense) de carnes y que las toneladas que Estados Unidos no podrá exportar, porque se le cerraron los mercados, las volcará en su mercado interno», señaló Nassif.
Con Nassif coincidió el ingeniero agrónomo Juan Lema, técnico del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay.
No obstante, la aparición del mal en Estados Unidos «puede tener un efecto positivo en el mediano plazo, pues Uruguay puede apostar a mercados como México y los países asiáticos, para llenar el vacío que deje la carne estadounidense», añadió Lema.
México en 2002 importó cerca de 400.000 toneladas de carne vacuna provenientes de Estados Unidos. Claro que Uruguay deberá disputar este vacío con Australia y Nueva Zelandia que ya son proveedores del país norteño. *
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