ANALISIS NACIONAL: Uruguay ya habita otro Mercosur

Movida fuerte de un gobierno inquieto

Un gobierno que la gente presume que no gobierna acaba de cerrar una etapa, en la cual hasta ahora el santo y seña de la estrategia de relacionamiento internacional del país era la adhesión vocacional y real del Uruguay al Mercosur como mercado natural pero, fundamentalmente, como zona de convivencia cultural y política.

El presidente Batlle y su equipo económico han forzado una definición importante. Han negociado y han obtenido que Brasil, particularmente, consienta en una salida informal uruguaya del Mercosur –formato bloque comercial– para pasar a constituirse en un estado asociado del mismo, con asociación real en suspenso por un período indeterminado en el área comercial. Al mismo tiempo, Brasil en particular y la Argentina también, han logrado la garantía de que Uruguay no vetará ni discutirá siquiera los próximos pasos que tras Brasil dará el bloque en su negociación con EEUU y Europa. En contrapartida agregada, nuevamente, Uruguay paga el mantenimiento de prácticas non sanctas de comercio y algunas libertades considerables con una adhesión más estrecha al otro Mercosur: al de los servicios, compras gubernamentales, flujo de recursos laborales, etcétera.

 

El estatuto de salida

Uruguay consiente en que el Mercosur integre en grados de formalidad diferente a Chile y Perú y la CAN en una relación que más adelante será determinante para los países de la comunidad andina. A la vez, ello ayudará a Brasil en su búsqueda de ir encerrando y conteniendo a la Argentina en un territorio de barreras más elevadas y, desde el cual, hará su política exterior en un momento crítico de las relaciones internacionales.

Uruguay permanece en el bloque, pero logrando postergar sus obligaciones comerciales con el bloque por un período de diez años. Por diez años podrá exceptuar prácticamente todo su universo arancelario del enorme colador que es ahora el Arancel Externo Común. Por el mismo período podrá mantener sus objetados regímenes especiales de importación; en particular el de admisión temporaria. Uruguay se libera definitivamente de los aranceles de importación de bienes de capital y logra consagrar el mantenimiento de sus zonas francas, privilegios en normas de origen, etcétera. Uruguay abdica de su negociación independiente en el ALCA y demás y acepta mejorar las condiciones de nacionalización de normas comunes. Pero, por sobre todas las cosas, Uruguay acepta incorporarse más decididamente a Brasil y Argentina en dos áreas decisivas: comercio de servicios y compras gubernamentales.

 

El momento

La excepción uruguaya a las reciprocidades y disciplinas en materia de comercio de bienes es importante y, por varias razones es más significativa que las reciprocidades concedidas por Uruguay. La industria manufacturera ve reforzado un sistema de protección excepcional. Ahora puede comprar bienes de capital de mejor calidad y más baratos de fuera de la región mejorando extraordinariamente su competitividad general y sobre todo, su competitividad en la propia región. A la vez, logra mantener regímenes de importación objetados por todas las normas del derecho comercial: en particular, el ya famoso régimen de admisión temporaria, normas de origen favorables, zonas francas y otros beneficios no arancelarios. En suma, la industria logra consolidar un escenario de elevada competitividad y alguno resguardo absoluto de mercado. De hecho, el empresariado industrial ve recreado en mejores condiciones aun el escenario de sustitución de importaciones. Empero, aquel que tendiera a eliminarse a principios de los setenta, es treinta años después un escenario de acumulación que, sin confianza y reinversión, pudiera ser excepcionalmente caro para un país pobre y pequeño como Uruguay.

 

La explicación del juego

El gobierno vuelve a asombrarnos y es conveniente recordar que ya lo había hecho cuando un año atrás iniciara la operación más audaz y trascendente que haya realizado el país en materia de renegociación, reperfilamiento y castigo –llámesele como se le quiera llamar– de su deuda pública. Lo volvió a hacer pergeñando una salida muy comprensiva y particular a la situación de fractura institucional que se conformará en oportunidad de la ruptura bancaria y cambiaria del año pasado. Ahora el asombro es un poco mayor dado que el gobierno situado en las peores condiciones que se podían imaginar, logra separar al país de la encerrona comercial regional que supone la estrategia comercial de Brasil y Argentina. En contrapartida, Uruguay acepta la ampliación del bloque y también consiente en abrir la protección en servicios y compras gubernamentales a la competencia regional. El problema consiste en por cuánto tiempo el gobierno este o el próximo lograrán dilatar la ejecución de las obligaciones que suponen las contrapartidas aceptadas. Si Uruguay cumple efectivamente su compromiso de abrir a la competencia regional los regímenes de compras públicas pudieran suceder algunas cosas que mejorarán la transparencia e indujeran, de hecho, una contribución importante a la reforma del Estado.

Si los acuerdos de normas laborales, códigos del consumidor y regulaciones resultan efectivamente exigibles en el corto plazo el nuevo gobierno podría tener ante sí imperativos novedosos en materia de administración de conflictos entre las distintas corporaciones nacionales.

 

Preguntas inquietantes

Hay interrogantes de respuesta obligatoria en la transición. Una de ellas, la central quizás refiere al sistema de garantías y contrapartidas internas derivadas del acuerdo externo.

En concreto, cómo garantizarán los beneficiarios principales del acuerdo que el fuerte potencial de acumulación que les lega el acuerdo mejorará la inversión, la transformación empresarial y la modernización de un sector que tienen incertidumbres de tipo estructural para reinvertir. Otras interrogantes aluden al riesgo que los socios quieran y puedan efectivamente llevar adelante la responsabilidad de llevar adelante la región a partir de la mejora de sus propios proyectos nacionales. Desde ahora Uruguay tomará en mayor medida aún todo el riesgo regional. Para bien o para mal.

 

La difícil asimilación de lo nuevo

La sociedad, embarcada en tribulaciones menores y de otro orden, está lejos de poder entender cuál es la índole y trascendencia real de los acuerdos logrados por Uruguay al término de su presidencia pro témpore del Mercosur. Los políticos y parte importante de las poleas de transmisión cultural disponibles permanecen lejanos a la comprensión de la esencia del juego. En realidad, el resultado del nuevo y audaz logro gubernamental es una invitación de riesgo a recrear escenarios históricos en los cuales no nos ha ido bien. Empero, Uruguay no está en condiciones de salir del bloque y se queda en él con escasa convicción.

La administración interna del potencial de beneficios que tiene el estatuto especial logrado por Uruguay en el Mercosur será más importante que los propios acuerdos.

Y una solución feliz del desafío sólo es imaginable si el sistema de representación y comunicación es capaz de contribuir a que la estrategia de relacionamiento externo ahora consolidada es comprendida, aceptada y, además, es controlada por la comunidad. *

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