¿Para lograr la reactivacón o profundizar el ajuste? – Novedoso invento: un "ministro técnico"
El centro de la cuestión es que si el nuevo ministro no va a cambiar los aspectos básicos de la política económica, ésta seguirá no contribuyendo a la esperada reactivación.
Quizás la ciudadanía no ha captado aún la dimensión de la crisis que provocó la aplicación de la política neoliberal en ambas márgenes del Plata. La caída del modelo fue estrepitosa y su efecto devastador.
Fue como si un incendio gigantesco se propagara por todos los sectores de la economía y de la sociedad, llegando finalmente a los tanques de combustible, al propio sector financiero, cuya explosión reprodujo el incendio a grandes proporciones. Desde luego que había matices diferenciadores de las crisis argentina y uruguaya, pero tuvieron en común que ambas desembocaron en una elevada y abrupta devaluación de la moneda. Conste que no fue un cambio en la política económica, fue una imposición del mercado, presionado al máximo por tantos años de atraso cambiario.
Terreno arrasado
Producido el incendio, la política económica debió aplicarse sobre terreno arrasado. A la vista está la divergencia entre las soluciones encaradas en Argentina y en nuestro país. A vuelo de pájaro, observemos sólo algunos aspectos que marcan dicha divergencia: Argentina pesificó, junto a ello introdujo soluciones para el endeudamiento, dejó de pagar la deuda externa, dedicó sus escasos recursos a la reactivación el mercado interno, mejorando los ingresos y acumuló una masa importante de reservas en base a la exportación de sus productos agrícolas.
Fue una respuesta fuera de los lineamientos del FMI y que se distanció de la ortodoxia neoliberal. Mientras tanto, en Uruguay la política se ciñó a lo que marcaba la receta neoliberal para estas circunstancias: mantuvo la dolarización, no se arbitraron soluciones reales al endeudamiento de los sectores productivos ni de las familias, se renegoció sólo el plazo de la deuda externa privada, se promovió otro férreo ajuste en el ya deteriorado mercado interno para poder pagar los intereses de la deuda externa y se delineó esta estrategia en el marco de un acuerdo con el FMI.
Según éste, los saldos positivos que arrojasen los movimientos financieros con los organismos internacionales de créditos, deben mantenerse como reservas, lo cual no deja espacio para su internación hacia el crédito para la producción. A este centro medular corresponde agregar el denodado esfuerzo que demandó rescatar una parte del siniestrado sistema financiero y lograr que se estabilizara del lado de los depósitos.
Esa fue básicamente la política seguida por el ministro Atchugarry. A la vista están los resultados en comparación con la situación en Argentina, comparación ésta que desde tiendas oficiales se trata de ignorar.
Inconsistente
Pues bien, decimos sin titubear que esa política es inconsistente con la reactivación y en tanto ello, imposible de generar los excedentes que se pretenden para el cumplimiento de los compromisos por intereses de la deuda externa. Todos los indicadores acusan la falta de ractivación del mercado interno y sabido es que los efectos reactivadores por la mejora en las exportaciones es lento y poco difundido. Por otra parte, es muy débil el componente crediticio para cuyo logro se desplegaron tantos esfuerzos. Sucede que los depósitos crecen pero a la vista, modalidad en la que los ahorristas se consideran más seguros, pero que no permite su aplicación como créditos a plazo. Distinto hubiera sido si se contase con un Fondo de Garantía de Depósitos. Este ya está creado por el artículo Nº 55 de la Ley Nº 17.613, a instancias de la oposición política. Su instrumentación, no su aprobación, dice el Dr. Lacalle, está pendiente desde el comienzo del año a la fecha, por lo que quedó en el debe del ministro saliente. Asimismo, el Nuevo Banco Comercial está sometido a una insana indeterminación sobre la tercera parte de su cartera y por consiguiente de su patrimonio, producto de que, siguiendo lineamientos del FMI, se estableció un plazo por demás prolongado, que puede llegar hasta el final de este año, para examinar dicha cartera y aceptarla o no, con la consiguiente incertidumbre sobre los derechos de los ahorristas y virtual parálisis en el accionar de la institución.
Esta es la política que el nuevo ministro dice que va a mantener. La política que, por otra parte, salvo para aumentar las tarifas de los servicios públicos, descarta toda intervención en la economía, así el precio de un alimento básico como la carne, tenga una suba sideral. Recordamos la ligereza con que la Ec. Fanny Trilesinsky ironizó, en plena campaña electoral, cuando Nin Novoa manejó a modo de una posibilidad más, la implantación de tipos de cambio diferenciales según productos de exportación e importación.
El mundo da vueltas insospechadas, pero quién iba a pensar que cuatro años después, ocupando un cargo de confianza en el gobierno de Jorge Batlle, su ironía refiriéndose al Encuentro «Nostalgista» en vez de Progresista iba a volverse tan en su contra.
Porque representando cabalmente la política del gobierno, al ser consultada por la prensa, ni siquiera se dio por enterada de la existencia de instrumentos que se aplican en todas partes del mundo como lo son las detracciones cuando el precio internacional está alto y los subsidios cuando el mismo está bajo, lo que estabilizaría el precio interno y en los hechos es muy similar a un tipo de cambio diferencial.
Programa fiscal
No es extraño que las primeras manifestaciones del novel ministro se refirieran a la preocupación por el programa fiscal y por el cumplimiento de los compromisos adquiridos con los organismos internacionales. El espacio para el diálogo y en general para el «estilo Atchugarry» parece ser menor ante el ajuste que impone la restricción fiscal. Puede ser que a esto se aluda cuando se dice que terminó el tiempo del hombre político y que empezó un tiempo del hombre técnico. Lo que es aberrante es que se diga que hay un tiempo para un ministro político y otro tiempo para un ministro técnico. En mi modesta opinión no existe un «ministro técnico». Como si el cargo de ministro de Economía, al igual que cualquier otro ministerio, no fuera siempre un cargo político donde se deben tomar decisiones que tendrán que tener sustento técnico.
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