Necesario puente entre el corto y el mediano plazo
De allí surgirá el programa que, respaldo mediante de la ciudadanía, será aplicado a partir de marzo del año 2005. Seguramente será una respuesta válida pero para el mediano plazo. Mientras tanto, la gente tiene que llegar al 2005 en condiciones físicas y anímicas y además, en el ínterin, estará críticamente en juego el grado de operatividad que tendrá el aparato productivo en el futuro inmediato.
Sin embargo, existe un puente entre este corto y este mediano plazo. En la orilla del mediano plazo, aquella donde se ubica la perspectiva del gobierno para el 2005, sabemos que ya ha comenzado una ardua tarea de elaboración programática. Nada será sencillo.
Las ideas neoliberales vienen siendo inculcadas desde la dictadura, junto con una alta dosis de individualismo. No obstante, poco a poco la gente ha comenzado a descalificarlas. Si bien desde la izquierda se ha ido esbozando un modelo alternativo, ello no basta. Deberá primero calificar y luego tornarse creíble cuando obtenga legitimación en la práctica. No bastará con proclamar que se colocará el bienestar de la gente en el sitio en que ahora se tributa culto al dios mercado; que un gobierno de izquierda atenderá la problemática social en el marco de la redistribución del ingreso; que practicará políticas activas sin tener complejo de intervencionismo; que elaborará un plan de desarrollo potenciando la base productiva del país; que aplicará políticas específicas para los distintos sectores productivos, incluyendo estímulos selectivos, sin temor a la palabra subsidio, en tanto sea transparente y bien financiado; que respetará las restricciones del marco económico, pero también las provenientes del marco social; que bregará por el logro de equilibrios macroeconómicos tratando además que sean genuinos y sustentables y que pondrá lo financiero al servicio de lo productivo. Además, de todo eso, deberá inspirar confianza acerca de la viabilidad del modelo alternativo y de que será capaz de hacer lo que propone.
El desafío debe ser asumido. Una mirada desde lo económico advierte que para que este nuevo modelo que se está delineando sea exitoso, deberá resolver adecuadamente algunos problemas. Para empezar, somos un país pequeño, sin petróleo, altamente dependiente de la región, sin gravitación en el mercado internacional (tomadores de precio) y que no nos caracterizamos por haber desarrollado actividades dinámicas, con alto componente tecnológico, ni productos demasiado diferenciados. El inconveniente de la pequeñez del mercado nos limita ya que nos obliga a resignar la obtención de economías de escala o soportar ineficiencias en el caso de incorporar equipos diseñados para escalas mayores. Entonces, la proyección exportadora con la consiguiente ampliación del mercado, pasa a ser un prerrequisito para el éxito de cualquier modelo económico que se intente en el país. En este contexto, se plantean interrogantes acerca de cuál será el rol del mercado interno y cuál será el grado de apertura económica que nos inserte convenientemente en el exterior.
Estas interrogantes nos conducen a la otra orilla del puente, al terreno del corto plazo. Y al hacerlo advertimos que la oportunidad está allí. Desde una nueva correlación de fuerzas en el entorno regional se está relanzando el Mercosur, básicamente apoyándose en lo que ya estaba acordado pero que, no por casualidad sino por orientación política de sesgo neoliberal, había quedado en el papel. En efecto, ahora en el Mercosur soplan vientos de complementación productiva. De concretarse un proceso en este sentido, no cabe duda que nuestro país recibiría un dinamismo en su producción y un empuje exportador, impensables antes de que Lula y Kirchner imprimieran este golpe de timón. Nos animamos a decir que un impacto de este tipo sería suficiente para zafar de la recesión en breve tiempo.
Asimismo, una buena armonización de políticas macroeconómicas, aunque sea lenta y comience por aspectos básicos como lo son las políticas cambiaria, tributaria y crediticia, contribuiría decididamente, junto con el punto anterior, a una ampliación y reactivación contundente de nuestro mercado interno.
Por lo tanto, la forma en que el país encare ahora su política exterior, en particular la integración regional, será vital para el bienestar inmediato de la gente. Según sea esa forma, dará luz verde, roja o amarilla para el tránsito hacia la mejora que más adelante se podrá plasmar de la mano del programa del EP-FA. Este es un nuevo campo de batalla. La oportunidad está allí y depende de todos. Si dependiera sólo del accionar del gobierno, ya sabemos que habrá luz roja, o amarilla con mucha suerte, dado su desinterés notorio por otro tipo de integración regional que no sea la de carácter mercantil y dado su especial inclinación por un utópico acuerdo bilateral de comercio con EEUU. Pero como la política exterior debe ser una política de estado, la izquierda uruguaya seguirá empujando para que desde ya se arranque con luz verde hacia escenarios más promisorios.
En esa línea de acción se inscribe el documento elaborado en forma conjunta por el EP-FA y el NE que incluye sus aportes sobre la política de inserción externa del país y donde queda marcada la coincidencia con la dirección que Lula y Kirchner le quieren imprimir al Mercosur.
Si a pesar del actual gobierno, se logra atravesar este puente, el tono del programa del EP-FA podría ser otro.
En él se podría relativizar la referencia a cambios muy graduales y necesariamente complementados en dos o más períodos de gobierno.
Su inclusión en el programa de 1999 marcaban prudencia en el marco de un escenario regional, donde la correlación de fuerzas era poco auspiciosa. Actualmente la situación de la gente se ha agravado considerablemente y ha surgido esta oportunidad que habilita plantearse metas más ambiciosas y posibles de ser logradas en plazos más breves. Entonces la señal podría ser la de un cambio drástico, que abra paso al nuevo Uruguay que libere su potencial genuinamente productivo y lo inserte en un escenario regional estimulante, lo que podrá redundar en resultados alentadores para el país, en plazos antes impensables. *
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