Se cumplió un año del feriado bancario que cambió la historia del país

A un año de la debacle y sin señales claras

Se cumplió esta semana un año del feriado bancario que implicó la aceptación oficial de la crisis que vivía el país y, además, el principio del fin de varias instituciones financieras nacionales. Sin embargo, no ha sido el principio del fin de un sistema financiero que a todas luces demostró su agotamiento.

La falta de control a la salida y entrada de capitales, el secreto bancario a ultranza así como otros íconos de aquel modelo, continúan hoy reinando y no parece que existan intenciones de reformularlos.

Es más, el seguro de depósitos, un mecanismo que el propio gobierno se comprometió a instrumentar para otorgar mayores garantías a los ahorristas, curiosamente no está en la discusión actual.

En realidad la crisis bancaria estalló en febrero de 2002, y en el año la corrida de depósitos (que comenzó con los argentinos) superó el 45% del total en el sistema y la reducción de activos de reservas del BCU estuvo por encima del 80% a julio del mismo año.

Durante el cuarto año de la recesión, Uruguay registró un progresivo aumento de su indicador de riesgo país hasta llegar a su nivel histórico el 30 de julio, de 3.099 puntos básicos, contra 216 puntos el 2 de enero del mismo año. Actualmente se ubica en 670 puntos.

Eduardo Fernández, presidente de AEBU, afirmó a la agencia AFP: «Estamos intentando salir del pozo, pero estamos agarrados a una tabla». Sostuvo que si bien hay sectores que muestran una recuperación, como el agropecuario, esto no genera un efecto apreciable para el conjunto de la economía. El propio ministro Atchugarry sostuvo esta semana que el país aún no salió de la crisis y que se debe ser muy cauto.

El Instituto Cuesta Duarte, por su parte, entendió que la crisis expresó «el agotamiento de un patrón de crecimiento que ha dado como resultado que el 31% de los uruguayos se encuentre en situación de pobreza».

El economista Luis Porto dijo a AFP: «Ya tocamos fondo y si no hay sorpresas en el corto plazo entendemos que la economía uruguaya encontró su piso y que lentamente comienza a reactivarse con un pequeño rebote en ese piso, medido punta a punta en el último año».

Fundamentó su comentario en la mejora de Argentina en los últimos meses, al señalar que Uruguay es una economía «argentino-dependiente» en comercio y servicios.

También basó su optimismo en la mejora de los precios internacionales de productos agropecuarios, la reapertura del mercado cárnico de Estados Unidos, y la reducción de costos internos en dólares frente a Europa y a la región.

Marcel Cibile de la consultora KPMG apuntó que existe una recuperación también en el sistema financiero, con el retorno de depósitos de residentes y no residentes, que se mantiene firme y en ascenso desde mayo último, según los últimos informes del Banco Central (BCU).

En su comentario, el analista de KPMG citó también como positivos los indicadores del sector construcción, con pequeños aumentos en los últimos tres meses, lo que permite indicar que «paró la caída» en ese rubro, dinamizador del mercado de trabajo.

 

La depresión

El economista José Pedro Caumont dijo a LA REPUBLICA que en realidad la crisis se detuvo «a un costo muy alto».

Afirmó que «la economía se encuentra en depresión y no es posible sacarla de esta situación con políticas fiscales y monetarias».

A su criterio el problema de fondo es el Estado y su accionar por lo que brega por «una reforma drástica», a fin de producir ahorros significativos que puedan generar algo de confianza en los inversores del exterior.

Su interpretación del canje de deuda es que «en el corto plazo se logró postergar problemas para más adelante».

Consideró al mismo tiempo que hay tiempo suficiente para tomar las medidas adecuadas para contar con los fondos suficientes como para honrar la deuda. En ese sentido «hay que lograr un superátiv primario suficiente, que demuestre que Uruguay es capaz de pagar, de lo contrario es imposible lograr alcanzar ese nivel de credibilidad».

Abogó por una reducción «racional» del gasto del Estado, contemplando que hay mucho empleado que está en situación difícil, a los que habría que subsidiar, pero hay otros que no y existen situaciones pocos sustentables como que la Universidad continúe siendo gratuita o permanezcan los subsidios del Estado para AFE, Pluna y el Correo. Entiendo que todo esto se tiene que rever.

Para Caumont se pueden genera recursos suficientes, «existe la posibilidad, lo que hay que ver es si hay voluntad política para ello». *

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