El canje de deuda: una visión integral
Pero a la hora de evaluar el canje de deuda hay que analizar las resistencias que el gobierno había puesto en este proceso y cómo, una vez más, quienes planteamos la necesidad de reprogramar la deuda externa teníamos finalmente razón.
En octubre de 2002, en el Informe de Coyuntura de esa fecha, desde el Instituto Cuesta-Duarte del PIT-CNT en el capítulo de análisis de la deuda externa planteábamos que era inevitable que, dados los vencimientos de deuda del 2003 (y posteriores) que superaban los 2 mil millones de dólares, se refinanciara la deuda externa pública.
Y que, de no hacerse, el resultado era el «default» interno, es decir, pagar la deuda externa pero no pagar los gastos internos; y entre ellos, el riesgo caía sobre salarios y jubilaciones.
En aquel momento el gobierno sostenía que sí tenía los fondos suficientes y que no era necesario un proceso de renegociación.
La verdad fue que la deuda era efectivamente impagable y el gobierno en febrero de 2003 asumió la realidad y comenzó a instrumentar esta refinanciación de la deuda pública que se ha dado en llamar el «canje de la deuda».
¿Por qué se ha llegado a una deuda insostenible?
En 10 años, el país pasó de una deuda pública sostenible (menos del 40% del PBI) a una insostenible, donde la deuda es ya casi un año del producto del país.
1) El déficit fiscal.
Esta es la principal causa del endeudamiento público, dado que como el gobierno gasta más que lo que le ingresa, acude a endeudarse para financiar la diferencia.
El déficit fiscal comenzó a ser importante en el país desde mediados de los 90, pero adquirió trascendencia con el GASTO ELECTORAL de 1999, que incrementó en más de 500 millones de dólares el gasto ese año y los déficits posteriores de 2000 a 2002, producto de la baja de la recaudación. En estos años el gasto no subió; por el contrario, fuertes ajustes, en especial en salarios e inversiones públicas, redujeron el gasto, pero como los ingresos se ligan a las ventas y al empleo (al no haber impuestos sobre las altas rentas ni las riquezas) al caer el PBI, las ventas y el empleo, cayó la recaudación.
El déficit fiscal, causa y consecuencia del endeudamiento externo
Cuando los gobiernos pretenden continuar financiando los gastos públicos, que son superiores a sus ingresos, debido justamente a la propia reducción de la base tributaria, esos gobiernos deberán tomar dinero prestado. ¿De quién? De los mismos que ellos no quieren gravar, es decir de los capitalistas, de los propietarios de bienes inmobiliarios, de los ejecutivos, etc.
Llegamos entonces a una paradoja bien interesante:
Los gobiernos necesitan recursos para financiar su gasto público y podrían obtenerlo de los gravámenes a los altos ingresos y la alta acumulación de capital. Pero, en cambio, no lo gravan; pero como tienen déficit, emiten títulos que compran estos ricos con los ingresos no gravados y por ello obtienen una renta.
Conclusión: la brecha fiscal se cubre de igual manera con plata de los ricos, pero en lugar de aportarlo como impuesto y reducir sus ingresos, los ricos lo aportan como financiamiento, y mediante los intereses, aumentan sus ingresos.
Brillante el negocio entre el Estado y los capitalistas.
Como dice François Chesnaix en un famoso libro sobre la acumulación financiera: Se ayuda a los rentistas a invertir ventajosamente su ganancia en vez de gravar su riqueza.
2) La asistencia a los bancos en crisis
El otro componente del vertiginoso crecimiento de la deuda del año 2003 es la asistencia a los bancos. Otra vez la paradoja del financiamiento de la sociedad a pocos. Los no residentes habían depositado en el Uruguay cerca de 7 mil millones de dólares, es decir habían invertido a riesgo esa cantidad de dinero.A cierta altura, evaluaron muy alto el riesgo y decidieron solicitarlo en un contexto en que los bancos en su mayoría no podía hacer frente a ese pago. Entonces el Estado asumió deuda externa para financiar la asistencia a los bancos y su posibilidad de pagarle peso a peso su deuda externa con los no residentes depositantes
Entonces, una deuda externa que era privada (de bancos que debían a no residentes depositantes) para que éstos pudieron cobrar se asumió una deuda pública que financió la crisis bancaria.
En síntesis: Uruguay tiene una deuda externa muy alta, producto de los tres pilares de su modelo de crecimiento de los años 90: La plaza financiera a la que hubo que asistir, el déficit fiscal provocado por una estructura tributaria regresiva e ineficaz, y la recesión productiva a la que finalmente llevó la apertura desenfrenada de los 90.
El canje de la deuda
En este contexto que no debemos olvidar para no cometer errores el gobierno asumió la inevitabilidad de refinanciar la deuda externa pública y así lo hizo exitosamente, lo cual es bueno en primer lugar porque ahuyenta de manera muy importante el riesgo de default interno.
Al mismo tiempo alivia la carga financiera del país y le da tiempo para recomponer su economía.
Es entonces que, más allá del debate sobre si ésta fue o no la mejor manera de reprogramar que no creo sea hoy lo esencial la clave es el futuro, si esto sirve o no para el país del futuro.Y entonces uno debe analizar el conjunto de las proyecciones con las que ha trabajado el equipo económico para los próximos años.
allí encuentra que para recuperar el equilibrio entre deuda y PBI es necesario crecer a un ritmo sostenido de más de 4% ya en 2004, 2005 y 2006.Y es allí donde no encontramos consistencia en la propuesta del gobierno, ya que con las medidas que ha planteado, en el aprovechamiento del desahogo que da el canje, no se ve una propuesta reactivadora, y menos aun, distributiva.
¿Para qué reprogramar la deuda?
Sólo un programa que garantice el crecimiento económico permitirá obtener dichas tasas de crecimiento y, por ende, hacer que en el futuro, cuando haya que pagar esa deuda, la riqueza del país lo permita.
Por ello es vital la necesidad de discutir qué hacer con los recursos que no se destinarán a pagar la deuda y cuál será la política económica de ahora en más, aprendiendo de los tres ejes que nos llevaron a la situación actual:
* apertura indiscriminada y desprecio al mercado interno;
* liberalización libérrima financiera;
* recaudación tributaria basada en ventas y empleo, despreciando el gravamen sobre las altas riquezas.
Desde nuestro punto de vista, el gasto, hoy, que debe ser expansivo, debe tener tres objetivos:
* paliar la emergencia social;
* reactivar el mercado interno;
* fortalecer las políticas sociales.
En ese sentido, el destino de los recursos debe orientarse a mejorar los salarios públicos (en especial los salarios menores), a susbsidiar empresas que generen o ahorren divisas, siempre y cuando contraten con dicho apoyo nuevos trabajadores; a aumentar la inversión pública y a incrementar los recursos destinados a salud, vivienda, educación y minoridad.
En el acuerdo financiero con el FMI, el gobierno plantea transferir a reservas todo lo que se ahorre de este proceso de canje (incluidos los desembolsos de los organismos internacionales) llegando a un saldo de reservas de 1.422 millones de dólares a fines de 2004.
Otra vez la discusión de siempre en cuanto al mejor uso de las reservas.
En 1999, planteábamos destinar 300 millones de dólares a la reactivación económica y social cuando había 3 mil millone
s y se nos decía que era mucho.
Luego, para asistir a los bancos, se quedaron casi sin reservas, y hoy otra vez plantean recuperarlas por si, sin ver que destinando una parte de ellas a los tres objetivos antes enunciados, la economía crecerá, habrá mejora en los ingresos de los hogares y se consolidarán la confianza y, por ende, las reservas.
Y no olvidar, para finalizar, que la base de la deuda ha estado en el déficit fiscal y la base de éste en la caída de recaudación producto de no gravar a los ricos.
Por ende, no es con nuevos ajustes fiscales de baja de salarios o inversiones que vamos a salvar el futuro de la deuda, sino con una reforma tributaria que aumente la carga de los sectores ricos que hoy no aportan al fisco. *
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