Revelador informe del Instituto Cuesta-Duarte del PIT-CNT

Ingresos en picada: salario real actual no llega al 40% del de 1957

El análisis del asunto fue realizado por el economista Daniel Olesker y participaron como comentaristas el senador Wilson Sanabria (Partido Colorado) y el diputado Penadés (Partido Nacional), en un seminario realizado en el local de la central sindical y que fue posteriormente retransmitido por 1410 AM LIBRE.

El trabajo presentado es el resultado de una investigación realizada por Olesker, Paola Azar y Soledad Salvador durante el año 2002 y parte del 2003, pero abarca una serie de datos que se remontan a 1913. De allí surge que el crecimiento de la riqueza se acompasó con el crecimiento del poder de compra de los salarios hasta la década del setenta (ver Gráfico 1). Sin embargo, el golpe de Estado del año 1973 creó y consolidó un nuevo modelo de acumulación que consagró cambios cruciales en la estructura económica del país. A partir de entonces, la distribución de la riqueza hacia los trabajadores asalariados se convirtió en regresiva, y esto ha sido uno de los ejes del cambio.

El salario real es el poder de compra de un trabajador, lo que gana dividido el precio de las cosas que compra (alimentos, cuota mutual, etc.).

La caída del salario real ya había comenzado con el estancamiento económico del país en 1957, pero se acelera y profundiza con la iniciación del modelo económico denominado LACE (liberal, aperturista, concentrador y excluyente) en la década del setenta.

Entre 1957 y 1984, la caída del poder de compra de los salarios cayó brutalmente. Por ejemplo: si un asalariado cobraba 100 pesos en 1957, no obtenía más de 35 pesos en 1984. Desde ese entonces, hasta el inicio de la década del noventa, se procesa una recuperación que se pierde en el año 2002, cuando vuelve a alcanzar los niveles de 1984.

 

Una canasta inferior

Una de las tesis del trabajo señala que la reducción del salario real que se procesa en la dictadura significó un cambio del valor de reproducción de la fuerza de trabajo y de la canasta familiar de consumo. Ese cambio en la canasta familiar no se dio por el abaratamiento de sus componentes, sino por la reducción en la cantidad y calidad de bienes y servicios a los que pueden acceder los trabajadores con su salario.

El fin de la dictadura y el comienzo de la democracia encuentran el salario real en el punto más bajo del período. El salario real de 1984 era el 48% del de 1968.

 

La mitad de lo que se ganaba en 1968

Durante los últimos treinta años, el Uruguay ha experimentado una serie de cambios muy trascendentes. Si se toman las cifras en una perspectiva de largo plazo, la redistribución de la riqueza operada en el marco de la dictadura no se ha revertido.

Con la recuperación salarial gestada durante la democracia se volvió al nivel preexistente a la crisis de 1982.

Si se toma el salario real de 1968, a fines del año pasado el promedio del salario real llega a la mitad de lo que era en el año base. Pero, además, como no ha habido aumentos sustanciales, es posible concluir que los trabajadores permanecen a ese nivel.

Mientras en la primera administración Sanguinetti, el salario real con base 100 en 1968 pasa de 48 a 62,en la administración de Lacalle pasa de 62 a 64, y en el segundo gobierno de Sanguinetti de 64.64 a 65.41; es decir, casi no aumenta.

Con la apertura democrática, las reglas de funcionamiento del mercado de trabajo se alteraron por el resurgimiento del movimiento sindical y la participación del Estado en forma activa en los procesos de negociación salarial, a través de la reinstauración de los Consejos de Salario.

En 1990, la nueva administración de gobierno impulsaría reformas en las reglas del mercado de trabajo. La búsqueda de mejoras en la competitividad traería aparejadas nuevas modalidades de contratación, con el fin de asegurar una adaptación más flexible de la empresa a las condiciones del mercado y reducir los costos del trabajo. El Estado se retira de las negociaciones colectivas de trabajo y de su rol en la homologación (es decir, de la extensión de los acuerdos al conjunto de las empresas de cada rama de actividad).

A partir de 1992, se redujo sustancialmente el número de trabajadores amparados en contratos colectivos de trabajo por rama, los que en la mayor parte de los casos no fueron sustituidos por acuerdos por empresa. Sin embargo, esto se dio sin un aumento de la conflictividad, pues el eje de ésta pasó a radicar en las pérdidas de puestos de trabajo.

 

Públicos y privados

Entre 1986 y 1999, el empleo público perdió importancia dentro del empleo total.

Mientras los asalariados privados conforman el 56% de la fuerza de trabajo ocupada, al final del período los empleados públicos sólo alcanzan el 17%.

Tras la caída experimentada por el salario real del sector público hasta 1984 (32% en el sector público y 24% en el sector privado), los índices muestran una recuperación, que fue más acelerada en el caso de los trabajadores del sector privado. Los públicos, en cambio, iniciarían la década del 90 con un salario real 28% más bajo que en 1981.

Durante los noventa se ha producido un incremento mayor en los salarios reales de los trabajadores del sector público, que evolucionaron por encima de la trayectoria del salario real de los trabajadores del sector privado desde mediados de dicha década. Las remuneraciones reales de estos últimos trabajadores presentaron una trayectoria relativamente estable. Las pronunciadas caídas para el año 2002 llegan al orden del 25%.

 

Conclusiones

En perspectiva, el deterioro del salario real a través del tiempo, que es muy pronunciado entre 1968 y 1978, no se ha logrado recuperar desde entonces. Así, el informe concluye que «en la democracia se ha consolidado un modelo de redistribución de la riqueza gestado durante la dictadura y que tenía como objeto una menor participación global de los salarios en el producto total».

Desde 1985, se observa un incremento menor del salario real en el sector público que en el privado. Dentro del primero, los que más han sufrido el deterioro son los que trabajan en la Administración Central, dado que  a diferencia de lo que sucedió con las empresas públicas y los municipios  no han logrado la negociación colectiva de sus salarios.

Asimismo, los salarios son distintos según la rama de actividad, la incidencia de las diferentes empresas en el mercado local, su competencia con productos importados y, sobre todo, la fuerza sindical.

Un tema clave ha sido el alejamiento del gobierno de la mesa de negociación salarial.

Por último, dice el documento, existe una fuerte discriminación salarial hacia las mujeres. En el sector privado, si bien la brecha de género de las remuneraciones ha tendido a reducirse, aún es importante. En tanto, en el sector público, las diferencias se expresan por otros canales, ya que las brechas salariales no revisten importancia. Los retornos a la calificación en el sector público son menores que en el sector privado, lo cual afecta particularmente a la fuerza de trabajo femenina, caracterizada por presentar mayores niveles de escolaridad. *

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