El BCU no sabe si tiene una deuda o si recibió una capitalización
El ex superintendente de Instituciones de Intermediación Financiera, Cr. Carlos Fernández Becchino, vino del campo, «mi viejo era chacarero», contó el hombre. Su abuelo, el viejo Fernández, era bolichero en el Barrio Sur y su principal cliente era José Batlle y Ordóñez. Hasta los dieciocho años Fernández Becchino vivió en una chacra, haciendo los trabajos del campo. Después se recibió de contador.
«Tengo sesenta y cuatro años e hice lo que pude. No reventé de casualidad. ¿Saben lo que me costó el Banco de Crédito? Cuatro o cinco meses de trabajo. Empecé el 2 de agosto de 2001 y terminé el 28 de noviembre y paralelamente me encargué de la venta del Banco La Caja Obrera, bancándome a los Peirano, a este y al otro. Es imposible para un ser humano normal, y yo soy subnormal. ¡Lo que me costó la venta del Banco La Caja Obrera! Si encuentran una falla, soy tarado, porque me reventé para que no existiera la más mínima duda de transparencia. Me venían con una cosita chiquita y yo decía que no se vendía. Esa es la historia», dijo.
Trabajó cuarenta y un años y medio en el Banco de la República Oriental del Uruguay y en el Banco Central del Uruguay.
«Yo era superintendente pero no tengo ninguna diferencia con ustedes en cuanto al aspecto social, económico y de comprender al país les dijo Becchino a los legisladores. Ustedes están más cerca de la gente, sienten más los dolores, saben quién pasa hambre; yo estoy un poco más lejos, pero miren que lo vivo. Mi señora fue maestra y trabajó en Cerro Norte, así que la conozco bien. La tenía que llevar y traer porque si no la asaltaban. Los conozco también, los respeto y me respetaban, porque en una oportunidad a una mujer le dio un ataque de epilepsia y la llevé al Centro Coordinador del Cerro y ese día yo era un Dios. Estoy hablando de Cerro Norte, donde después que oscurece cobran peaje para poder entrar».
Una duda capital
El diputado Raúl Sendic quiso saber el martes pasado en la comisión parlamentaria investigadora bancaria cómo se ingresó la llamada capitalización que los socios internacionales del Banco Comercial aportaron en febrero del año pasado a la institución. Preguntó: «Ese dinero, esos recursos, ¿vienen a aumentar el activo o en realidad son un compromiso del Banco para el futuro? ¿Aumentan el activo o aumentan el pasivo del Banco por la forma en que esos millones de dólares ingresaron al Banco Comercial?».
La duda era razonable porque los US$ 100 millones fueron calificados como capitalización, es decir que aumentaban el patrimonio del Banco. Sin embargo en el convenio secreto firmado por el ex ministro Bensión se estableció que se trataba de un préstamo con altos intereses, y por tanto desde esta óptica se trata de una deuda creciente.
El ex superintendente de bancos, Fernández Becchino respondió: «No lo sé. No domino el convenio, nunca tuve en mis manos el convenio original; sólo tuve copias, inclusive, sin firmar. Lo único que sé de ese convenio es lo que me dijo el doctor Artecona. Eso es lo único que sé de ese convenio. La plata entró. Eso es seguro, porque de esa plata nos cobramos todo lo que había adelantado el Ministerio, que eran como US$ 77 millones».
Fernández Becchino aclaró aún que ese convenio lo superaba como a muchas otras personas. «No sé a dónde vamos a parar, porque por ahí se dice que toda la plata que ponga el Estado queda capitalizada. No lo entiendo. Es un convenio que firmó el Ministerio. Yo vine con el ministro a una Comisión de Hacienda del Senado; el ministro explicó y en determinado momento cortó la explicación y dijo que de ahí para adelante era confidencial. Y era confidencial para mí también; miren que yo no sé absolutamente nada», agregó.
El manejo del asunto fue calificado por el ex superintendente como espantosamente mal, porque no era para ir a pedir favores a esta gente. «Era para decirles: «Â¡Ustedes tienen que poner los US$ 600 millones que faltan acá, y se terminó! Y si no los ponen, ejecutamos». Había bancos que venían muy mal; el Crédit Suisse venía con una multa de US$ 100 millones que se le había aplicado por malos procedimientos bancarios, así que estaban en inmejorables condiciones de ganar. Pero se manejó distinto. ¡Y bueno!, ¿qué quieren que haga? Yo no fui. El primero en ir fue el contador Rodríguez Batlle y vino con los bolsillos vacíos; los otros que fueron vinieron con eso, que no sé si no es peor que venir con los bolsillos vacíos. Pero, ¿qué quieren que yo les diga? No sé», expresó el ex jerarca. Las propias declaraciones de Fernández Becchino están demostrando que por lo menos al 26 de febrero el Banco Comercial tenía un patrimonio negativo de US$ 600 millones. Al tiempo César Rodríguez Batlle y Eva Holz, entonces directores del BCU, votaban asistencia financiera para el Banco Comercial, argumentando que jamás se enteraron que la institución estaba quebrada ya. La sangría de la corrida bancaria continuó alegremente hasta el 30 de julio de 2002. Cinco meses más y el Banco Comercial jamás fue intervenido.
El diputado del Partido Colorado Gabriel Pais quiso saber qué mecanismos jurídicos existen para obligar al socio de una sociedad anónima a aportar capital.
El Cr. Becchino respondió: «¿Por el ‘afane’ de uno de los propios socios que ellos habían nombrado como administrador? ¡Ah, yo no soy abogado, pero creo que les corto la cabeza! Yo no soy abogado, soy contador, pero les corto la cabeza. ¡Si al administrador lo nombraron ellos! ¿Quién nombró a los Röhm? Me preocupé, mandé a un funcionario a que revisara las actas originales para ver si los delegados de esos bancos las firmaron, y están todas firmadas las actas del Banco Comercial por los delegados, como Brian O’Neil y Mulford.
Dígame usted, que es abogado, ¿no se puede hacer nada con eso? ¡No puede ser! ¡Yo no lo entiendo! ¡Era para hacerle un buco! ¡Seiscientos palos y, si sobra, te lo devolvemos! No puede ser. Yo no habría operado así. ¿Qué quiere que le diga? No sé; quizá no tengo razón y en Estados Unidos es distinto y me pegan una patada…»
El diputado Pais insistió en que jurídicamente no hay procedimientos para obligar a la capitalización.
La réplica del ex superintendente fue tajante: «Perdón, pero esto es un robo. ¡Robo vía administrador! El que yo nombré, el que estaba al tanto de todo los negocios que se hacían, ¿no es tan ladrón como el que administró? No sé; yo no soy abogado. Disculpen». *
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