Economías de pequeñas ciudades de Estados Unidos afectadas por la guerra
La economía de Oceanside, una ciudad guarnición militar en el Estado estadounidense de California (suroeste), ha sido duramente golpeada por la ausencia de millares de soldados desplegados en Irak.
Richard se acomoda aburrido en uno de los 16 sillones vacíos de su peluquería desierta para mirar las noticias en la televisión sobre la marcha de la guerra en Irak, donde combaten la mayor parte de sus clientes.
Sus cuatro colegas prefirieron quedarse en casa antes que matar el tiempo en el salón vacío un día más.
«Los negocios están muertos» repite este peluquero de Oceanside, una ribereña ciudad de California convertida en pueblo fantasma desde que los 33.000 marines que habitualmente residen allí partieron hacia el Golfo Pérsico.
«He estado aquí por ocho años y nunca había visto algo así», se lamenta Richard, quien prefiere no brindar su apellido. «Desde que los marines zarparon hacia el Medio Oriente a comienzos del año, la he estado pasando mal», sostuvo.
Los ingresos de la peluquería de Richard, al igual que los de otra docena de barberías que se encargan a diario de mantener el cabello de unos cien militares ‘corto y tieso’ se desplomaron desde que Estados Unidos comenzó a preparar su invasión a Irak.
La mayor parte de los negocios de Oceanside dependen sobre todo de la vecina base de marines de Camp Pendleton, cuyo número de efectivos representa casi el 20% de la población total de la ciudad de unos 170.000 habitantes. Las tiendas de aprovisionamiento militar, lavanderías, peluquerías, prestamistas y bares de dudosa reputación son más numerosos en Oceanside que en cualquier otra ciudad de su tamaño.
Pero cuando sólo quedaron 8.000 soldados estacionados y el resto partió a la guerra, muchos comercios luchan por sostener los costos de permanecer abiertos.
«No podemos esperar a que los muchachos regresen a casa», explicó con angustia Deby Alexander, cuyo esposo es el propietario del Dorothy’ s Military Shop, un combinado de lavandería, tienda militar y sastrería.
«No sólo porque queremos que vuelvan a salvo lo antes posible, sino también porque su ausencia tiene un duro efecto sobre nuestro sostén» económico, agregó.
«Los negocios cayeron cerca del 80% simplemente porque los marines no están. Seguimos adelante porque estamos aquí para servirlos a ellos, lo soportamos y esperamos ansiosos que regresen», señaló.
En las tiendas cercanas, los encargados de las barras esperan apáticos la llegada de clientes por un trago, mientras las agencias de préstamos, especialistas en adelantar algunos dólares sobre los salarios militares, permanecen desiertas. *
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