El nuevo "niño mimado" del organismo internacional es el "líder" Lula Da Silva

FMI sin consenso para implementar sistema de reestructuración de deuda

«En el FMI somos gente práctica (…) Sabemos que no contamos con el alto apoyo necesario para un cambio estatutario» de la Carta del Fondo Monetario Internacional (FMI) que permita instrumentar un mecanismo de reestructuración de la deuda para países en dificultades, dijo el número uno de la institución, Horst Koehler.

«Estamos muy satisfechos de que existe amplio acuerdo para aplicar CAC», indicó no obstante, en la conferencia de prensa de apertura de la reunión de primavera del FMI y el Banco Mundial (BM).

«El FMI está ahora involucrado activamente en difundir las CAC para que no haya suspensión de pagos (‘standstill’) y también estamos comprometidos a trabajar en un código de conducta en este contexto», agregó.

Koehler y su número dos, Anne Krueger, alabaron el empleo de México de este tipo de cláusulas en sus dos últimas emisiones de deuda.

Facilitar reestructuración

Las CAC facilitan la reestructuración de la deuda en caso de crisis, al permitir al país acordar con la mayoría de los acreedores e impidiendo que una minoría obstaculice las negociaciones, como sucede muchas veces actualmente.

Por la falta de acuerdo, la asamblea de primavera del FMI y el BM ya no se centrará en la discusión del mecanismo de reestructuración de deuda, como estaba previsto.

Halagos a Lula

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, cumplió ayer cien días en el poder, en medio de los halagos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y los mercados y ácidas críticas de la oposición.

Para el director gerente del FMI, Horst Koehler, los primeros cien días del gobierno de izquierda de Lula son «impresionantes».

Lula, dijo, disfruta de una «credibilidad de la que a veces otros líderes carecen» para combinar crecimiento económico y equidad social.

Los mercados financieros también están dando un voto de confianza al gobierno de Lula, determinado a mantener una política fiscal rigurosa por el tiempo que sea necesario.

El riesgo Brasil, que mide la confianza de los inversores en la economía brasileña ha pasado de 2.400 puntos en lo peor de la crisis a menos de 900; el real se sitúa en torno de las 3,20 unidades por dólar después de haber rozado las cuatro unidades.

También la inflación ha empezado a caer y los créditos externos comienzan a llover de nuevo, mientras que la balanza comercial acumula ya más de 4.000 millones de dólares.

El ministro de Hacienda, Antonio Palocci, ha asegurado que el gobierno mantendrá la misma política macroeconómica austera, destinada a conseguir un superávit primario del 4,25% del Producto Interno Bruto (PIB) y mantener la inflación bajo control.

«Se han producido números positivos, pero tenemos que verificar que eso se debe a que hemos establecido un calendario muy claro para hacer frente a reformas estructurales, con una política fiscal rígida y una política monetaria ajustada», dijo este jueves en una entrevista al diario Gazeta Mercantil.

Lula ha prometido que la semana próxima enviará al Congreso los proyectos de reforma del sistema de pensiones y la tributaria y espera que para agosto o setiembre sean aprobadas. Sin duda, con esta decisión Lula quiere demostrar a los críticos que el gobierno no está paralizado, como alegan.

Su proyecto Hambre Cero, ha tardado meses en despegar, a pesar de la adhesión que recibe de la sociedad y del empresariado. *

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