Productores afectados por última granizada se organizan en reclamo de soluciones

El gobierno nacional continúa incumpliendo con los granjeros

De la reunión participaron unas veinte personas, pero los pequeños productores del lugar afectados serían unos 500. El promedio de pérdidas es del 50% pero hay algunos que perdieron el 80% y hasta el 100% de su producción. Varios todavía esperan la indemnización prometida por el gobierno por los daños que provoco el tornado del 10 de marzo de 2002. El objetivo ahora es incluir en las acciones que decidan a la mayor cantidad de productores afectados de otras zonas como Paso de la Arena, el Cerro, Sauce, Progreso y Las Piedras.

La visible mezcla de angustia y bronca que les genera la problemática no impidió que algunos ya denunciaran su situación ante la Junta Nacional de la Granja (Junagra) si son frutas y verduras y ante el Instituto Nacional de Vitivinicultura (Inavi) en el caso de la vid. La respuesta que la Junagra dio ante la consulta de los productores sobre la perspectiva de pago es que «no hay plata».

Rossi apuntó que según la ley mencionada (17.503), «se iba a atender los efectos del 10 de marzo y se iba a crear un seguro, pero no es verdad que de ahí en adelante no se fuera a indemnizar más a nadie» porque se establece claramente que el objetivo de la creación del fondo es la atención de las catástrofes climáticas y para ello se determinó la discutida aplicación del IVA a frutas y verduras.

Por otra parte, la ley también prevé el financiamiento de «una estrategia integral de apoyo al desarrollo de la granja vegetal», para lo cual el MGAP debía elaborar en un plazo de 180 días a partir de la promulgación de la ley, un Plan Estratégico para el sector de la granja vegetal que, entre otras cosas, «reduzca la vulnerabilidad de los ingresos y del empleo en la granja vegetal a través de políticas estables y compensaciones frente a desequilibrios imprevistos». Dicha propuesta debería haberse presentado ante la Asamblea General, pero según informo el legislador, «no existe tal informe y por lo tanto tampoco hay tal plan de promoción».

Para Rossi, la situación generada a partir de la granizada del 9 de enero corresponde a esos «desequilibrios imprevistos» que menciona la ley pero eso todavía no está claro. Respecto al fondo, el diputado se dispone a consultar al MGAP para «saber si efectivamente se recaudó, cuánto se recaudó, quién tiene la plata, cuánto se distribuyó y cómo va a funcionar en el futuro», y si esta situación «no encaja dentro de la ley, deben crearse mecanismos que atiendan estas situaciones», pero reiteró que «para mí, sí encaja».

De granjero a milico

LA REPUBLICA conversó con algunos de los presentes en la reunión. Wilde Mederos es un veterano productor de la zona de Sauce. Perdió casi toda su cosecha de uva: «El grano que tiro, lo tiro, pero el machucado va a seguir cayendo. La recuperación del daño grande va a llevar flojo dos años. Veré qué hago en ese tiempo», comenta, agregando que no tiene posibilidad de reconvertirse. «¿En 24 hectáreas de tierra voy a criar cuatro vacas? No puedo. Arrancar la viña ni soñar porque vale mucho más que la tierra. Yo ya soy un viejo, pero mis dos hijos jóvenes trabajan en la viña y no sé… se pondrán de milicos».

Califica su situación como «muy grave porque tengo una pequeña bodega y compraba un poco de uva pero el BROU me retiene el dinero que tengo en plazo fijo y ahora no puedo comprar. Si pudiera hacerlo, podría tirar un poco más». También se queja de que «Inavi nos quiere reconvertir y hacer arrancar las viñas híbridas, que son las mejores uvas que existen en el país, para que nos endeudemos y nos fundamos».

Visiblemente angustiado, Sergio Davio relató que la familia productora perdió el 80% de la verdura de hoja como lechuga y acelga que cultivan en su predio de 9 hectáreas, y el 60% del tomate a campo. «En 20 años que llevamos plantando, nunca nos había pasado algo así».

Su hijo comentó: «Para volver a cosechar el tomate hay que esperar que pase todo el invierno para preparar las tierras con el consecuente gasto de gas oil y maquinaria, que son carísimos».

Con cierto aire de resignación, Davio padre dice: «No esperamos que nos ayuden nada, tenemos que valernos por nosotros mismos; ya estamos plantando la verdura de ciclo corto como la lechuga y la acelga». La familia comercializa la producción en ferias para lo cual «trabajamos de sol a sol para producir buena calidad y vender en moneditas. Además, muchas veces la producción vuelve de las ferias porque no se puede vender».

Padre e hijo agradecen a Dios no estar endeudados, pero comentan que no pueden pagar el seguro: o pagamos el seguro o comemos». *

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