Superproducción e importaciones sumergen a vinos de California en crisis
El sector vinícola de California atraviesa una crisis que podría enviar a la quiebra a varias empresas, víctimas de la sobreproducción y de la competencia de vinos extranjeros, que impulsan el precio a la baja.
La botella de vino californiano más buscada el año pasado no fue un elegante Merlot a 150 dólares la botella, sino un simple vino de mesa a 1,99 dólares, de la marca Charles Shaw.
Esto no tiene nada de sorprendente según los especialistas, que coinciden en que la crisis era previsible, visto el ritmo más lento de la economía norteamericana, la abundancia de uvas y los precios muy razonables de los vinos importados.
«Será un año muy difícil para muchas empresas vinícolas de California», predice Rich Cartiere, del Wine Market Report, empresa con base en el corazón del Napa Valley, en Calistoga, al norte de San Francisco. Y anticipa: «Habrá quiebras, algunas fusiones-adquisiciones y no pocas reestructuraciones», así como serias dificultades de ventas para dos tercios del sector.
Aunque el sector vinícola, que con 15.000 millones de dólares es el tercero a escala mundial, sigue creciendo, avanza a un ritmo dos o tres veces más lento que dos años atrás, señala Cartiere. Algunos señalan que la quiebra de tres empresas estos últimos seis meses, y la compra de dos respetados productores por parte de la marca de calidad media de los hermanos Gallo, anuncian una consolidación del sector.
En cuanto a los viticultores, que habían aumentado un 50 por ciento su superficie de explotación desde comienzos de los años noventa, vieron caer brutalmente las cotizaciones, a veces hasta un 70 por ciento, durante las últimas vendimias. Hasta tal punto, que algunos prefieren dejar pudrir las uvas en vez de venderlas, y otros reemplazan viñas por árboles frutales.
«Es realmente el marasmo», resume Alan Fischer, un minorista establecido en Oackland, en los suburbios de San Francisco. «La gente de Napa Valley se lanzaba a dictar sus precios según su ego. Ahora todo el mundo se encuentra con botellas en las manos que no puede vender», agrega.
Los consumidores siguen comprando tantas botellas como antes, e incluso un poco más, con un aumento de 4 a 5 por ciento en volumen en 2002, según el consultor Jon Frederikson. Pero más que los vinos californianos de precios altos, prefieren los sudamericanos, europeos o australianos, más accesibles.
Las importaciones de Australia casi se duplicaron en dos años, y las de Italia aumentaron un 30 por ciento.
Esta búsqueda de los buenos precios explica asimismo el éxito fenomenal del vino Charles Shaw, comercializado el año pasado en los supermercados.
Hace dos años, explica Fischer, era impensable encontrar vinos bebibles a dos dólares, lo cual es ahora factible debido al derrumbe de la cotización de la uva.
«En este momento, el que gana es el consumidor», comenta Carey Birdseye, del Instituto del Vino de San Francisco, una asociación de productores californianos.
En la actualidad son los productores de vino de tamaño intermedio los que corren más riesgos, enfrentados por una parte a la competencia de los vinos de mesa económicos y por otra a los de gama alta, que se pueden permitir recortar los precios conservando sus ganancias. *
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