De no haber sido por la emigración el desempleo estaría en 22%

Del mercado laboral salieron cien mil personas en los últimos cinco años

En el programa Primera Voz de 1410 AM LIBRE que conduce Sonia Breccia, el docente e investigador del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas destacó: «Los que perdieron el empleo pueden estar en Uruguay como desempleados buscando un nuevo trabajo; pueden haberse jubilado; pueden estar como inactivos, que no buscan trabajo porque creen que no van a encontrar; o pueden haberse ido del país. Ninguna de esas situaciones modifica el hecho de que 100.000 personas tenían un empleo y un ingreso que sus familias hoy han perdido». Notaro explicó que se calcula que hay entre 30.000 y 40.000 personas que emigraron en los últimos dos años, en general jóvenes de buena calificación en la población económicamente activa.

Eso lleva a pensar que si esas personas no hubieran emigrado tal vez la tasa de desempleo estaría un par de puntos más arriba y habría alcanzado el 22 por ciento.

En los procesos de desempleo como el actual también se registra el fenómeno conocido como «de trabajador desalentado»: aquel que ha dejado de buscar empleo no porque no lo precise sino porque cree que no lo va a encontrar. Esto, a consideración del economista, podría sumar otros dos puntos de la población económicamente activa, llevando el desempleo al 24 por ciento.

Notaro considera que el país se enfrenta a una «situación que es dramática: el desempleo aumenta, se prolonga, se concentra en determinados grupos y se va convirtiendo en marginación. Se va convirtiendo en que estas familias que no pueden pagar un alquiler son empujadas a un asentamiento, donde tampoco van a pagar energía eléctrica, agua potable, van a vivir en condiciones de vida muy deterioradas, se van cortando progresivamente los vínculos con el resto de la sociedad y el Uruguay se va descomponiendo aceleradamente».

Nuevo Uruguay

Jorge Notaro puso énfasis en destacar que «está surgiendo un nuevo Uruguay que se acerca mucho a lo que ha ocurrido en los últimos años en Brasil y Argentina. Hay una brecha social que separa a los sectores de ingresos medios y altos que viven prisioneros en sus condominios y con sus guardias de seguridad, del resto de la sociedad, un 20, 30 ó 40 por ciento, un porcentaje creciente que vive en la miseria, en condiciones de vida terribles y que muchas veces apela a la delincuencia, al tráfico de drogas, al asalto, al secuestro express, para compensar esa agresión que recibe de esta sociedad.

Entonces lo que hoy no se está gastando en políticas de empleo activas, en mejorar las condiciones de vida, en integrar a los discriminados, probablemente se tenga que gastar en los próximos años en la construcción de nuevos penales, en contratar más jueces, más abogados, más guardiacárceles, más policías, más ambulancias, etcétera».

Destacó como una posible solución la creación de fondos de inversión social o de empleo social similares a los que existen en otros países de la región. Se asigna a esos fondos una determinada magnitud de recursos. Estos fondos reciben pequeños proyectos –para el caso de Uruguay estarían entre 5.000 y 10.000 dólares–, en general diseñados para ser ejecutados por organizaciones sociales que contratan a trabajadores desempleados que responden a ciertos criterios de prioridades.

En Argentina la aplicación de tales programas ha permitido bajar aproximadamente un 4 por ciento la tasa de desempleo. En Chile han tenido un impacto muy importante y en Brasil fueron reforzadas las asignaciones de propuestas. *

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