Lo que se pudo rescatar del naufragio
La crítica situación del país (que se extendió a los bancos) sigue allí, marcando a fuego a los uruguayos, manifestándose en otros hechos como la emergencia alimentaria, la emergencia sanitaria, la sangría social por la gente que se va, sumiéndolos en la oscuridad y en la desesperanza, sin que la gente perciba que exista una salida en el corto plazo.
Pero detengámonos a analizar la solución dada a este aspecto particular de la crisis, de por sí importante. Empecemos por señalar algunos puntos que nos parecen centrales. En primer lugar, tres de los cuatro bancos se liquidan, tal como estaba acordado con el FMI, pero la novedad es la forma especial de liquidación, que habilita el nacimiento de una nueva institución bancaria.
En segundo lugar, el Estado aplica la asistencia financiera otorgada a las instituciones (del orden de 1.000 millones de dólares) y lo hace con tres destinos: 1) cediendo parte a favor de los ahorristas, para que mantengan derechos sobre un porcentaje cercano al 70 por ciento de sus depósitos, lo que no se aseguraba con la liquidación; 2) transformando otra parte en acciones del Nuevo Banco Comercial, de modo de permitir su capitalización; 3) con la parte restante es como si se compraran las malas carteras de los tres bancos liquidados, creando entonces un Fondo de Recuperación, que intentará rescatar paulatinamente algo.
En tercer lugar, el nuevo banco será estatal, nace satisfaciendo los requisitos de capital y liquidez exigidos en las normas del Banco Central y tendrá los depósitos reprogramados a plazos que sean compatibles con la disponibilidad de recursos que se espera obtendrá. Si bien la intención es tener como referencia los plazos de los depósitos reprogramados del BROU, en este caso dichos plazos quedaron indefinidos.
En cuarto lugar, el nuevo banco está diseñado para intermediar, o sea captar más depósitos y mantener, y en lo posible ampliar, las líneas de crédito. Por lo tanto, dada la crisis de confianza, aún no del todo superada, era vital crear un mecanismo de seguro de depósitos.
Finalmente, un quinto aspecto que interesa destacar es la solución poco prolija que se estaría habilitando por la Ley para la reapertura del Banco de Crédito, en este caso apartándose de lo acordado con el FMI. El banco tenía al Estado (vía Corporación para el Desarrollo) como accionista mayoritario y al Grupo Moon como accionista minoritario. El Estado asume su pérdida (resigna parte de la asistencia otorgada) y se retira. Pero no sin antes comprar, con el resto de la asistencia, las carteras incobrables, que eran créditos otorgados a empresas que integraban el Conjunto Económico del accionista minoritario. Lo que intenta hacer el Estado es sanear el banco de las carteras pesadas, dejarlo en manos del accionista minoritario (sin detenerse demasiado a examinar su conducta como banquero) a cambio de que aporte la liquidez mínima necesaria. A su vez, trata de cobrar directamente aquellas deudas que las empresas del Grupo no le pagaban al banco pero quizás ahora, lentamente, comiencen a pagarle al gobierno, en tanto que, concomitantemente, quedan afectados los ingresos de las salas de juego, que fueran antes concedidas, y ahora ampliadas, a dichas empresas. Como puede apreciarse, es una solución ingeniosa, pero discutible y poco prolija, por decir algo suave.
Pro y contras
Sin duda hay pro y contras en relación a lo votado por el Parlamento. Hubo también una información que lució insuficiente, hecho que pesó para algunos más y para otros menos. En un platillo de la balanza figuran aspectos positivos:
· Impide un nuevo golpe recesivo por la vía del corte abrupto del crédito y muy probable ejecución de las garantías.
· Permite mantener un ámbito de negocios que no fue invadido por otras instituciones y que el país necesita recrear para apuntalar la reactivación productiva.
· Habilita otra vía para intentar la captación de los recursos que los uruguayos mantienen fuera del sistema bancario y que es previsible que tengan un paulatino retorno a las instituciones financieras, siendo que las que tienen casas matrices en el exterior tienden a trasladarlo fuera del país.
· Rescata algunos puestos de trabajo. Busca salvaguardar lo máximo posible los derechos de los ahorristas. · Al reprograrmar a los ahorristas, permite refinarciar a los deudores que lo necesiten en forma justificada.
Carencia
No obstante, sobresale en el otro platillo una carencia, sólo justificable por el rigor de los plazos. Nos referimos a que el plan de negocios debió ser explicitado al momento de solicitar que el Parlamento aprobase la ley. No era un punto menor, ya que, junto con el seguro de depósitos, constituía la base para generar confianza en la nueva institución. Al no hacerlo, se perdió una oportunidad porque generó razonables dudas en gente que era proclive a compartir los argumentos para encarar esta salida y, en cambio, por otro lado, dio pie a que algunos personajes, cultores del fracasado modelo que nos llevó a esta situación, reaparecieran ahora, como agoreros del desastre, lanzando irresponsables profecías, que corren el riesgo de ser autocumplidas, no por válidas, sino por el clima de desconfianza que provocan. Cabe también la duda de si fue suficientemente corregido, otro punto inquietante que refiere a la administración de este nuevo banco estatal. De ella dependerá mucho. Ni el Directorio puede ser político, no la gerencia la puede ejercer otro banco del exterior. Si bien fue descartada la participación de la fracasada e indagada Corporación para el Desarrollo, las decisiones quedaron a cargo del Poder Ejecutivo y serán de enorme importancia. Del mismo modo, después del esfuerzo que hace el país todo para recrear este instrumento por considerarlo valioso, no tendrá sentido su reventa a inversionistas del exterior que no vinieron en la emergencia y donde todavía resuenan los ecos del notorio incumplimiento con los depositantes en nuestro país, del que hicieron gala los tres bancos internacionales accionistas del Banco Comercial.
A modo de apretadas conclusiones, decimos:
1) No fue la salida ideal, fue una posible. 2) Quedó demostrado que había otras opciones a la Ley que bajo presión indebida se aprobó a fines del mes de julio pasado. 3) Se abre una posibilidad de recuperar un instrumento que avive la intermediación que necesita el país. 4) En el peor de los escenarios, se estarían atenuando los efectos muy nocivos de una liquidación lisa y llana. 5) Los problemas del sistema financiero son otros, mucho más profundos.
Pasan, por ejemplo, por el tipo de funcionamiento bancario que le sirve al país, donde el ahorro interno no fluya hacia el exterior y donde se estimulen destinos productivos del crédito, por instituciones que se ocupen del fomento de la pequeña y mediana empresa, por la desdolarización de las operaciones, por rever el concepto de plaza financiera con alto perfil off shore, por la reforma del BROU, por cambiar el carácter cortoplacista de las operaciones y, sobre todo, por prestar con una tasa interés normal para que pueda ser asumida sin merma de competitividad con los productores de cualquier otra parte del mundo. No era el caso solucionarlos en esta instancia, y menos todos juntos. *
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