La corrupción empresarial en EEUU obliga a mayor vigilancia
A modo de ejemplo, algunos de los excesos del año 2002 fueron:
El ex presidente de Enron, Kenneth Lay, recibió 152 millones de dólares en efectivo y acciones durante el año en el que se derrumbó la empresa en medio de revelaciones de que había ocultado sus deudas e inflado sus ganancias durante años. La ganancia de Lay en el 2001 fue 11.000 veces mayor que la indemnización máxima pagada a los trabajadores despedidos. El ex presidente de World Com tomó préstamos por 408 millones de dólares de la empresa que facturó ilícitamente 9.000 millones de dólares y fue forzada a la quiebra. El fundador y ex presidente de Adelphia Communicatios formó una asociación ilícita con otros cuatro directivos para vaciar la empresa. La Fiscalía lo obligó a entregar más de 2.500 millones de dólares.
De las quince personas acusadas en los escándalos de Enron y World Com y Adelphia, seis se declararon culpables de fraude y otros delitos.
A su vez, una decena de empleados jerárquicos de la agencia contable Andersen, Enron, InClone Systems, Merrill Lynch y World Com ejercieron su derecho constitucional de no incriminarse durante las audiencias realizadas por el Congreso.
Por otro lado, el organismo investigador del Congreso concluyó que la reelaboración de balances debido a irregularidades contables aumentó un 145% entre 1997 y junio de 2002.
Valga como ejemplo para ilustrar el despilfarro y la impunidad con que se movían algunos de estos gerentes, que el ex presidente de Tyco International gastó 6.000 dólares en una cortina de baño y que financió con recursos de la empresa parte de los 2,1 millones de dólares que costó la fiesta de cumpleaños de su esposa en la isla italiana de Cerdeña.
Para Lawrence White, profesor de Economía de la Universidad de Nueva York, estas conductas suceden cuando se produce «un quebranto de las instituciones». Agrega que «los directivos no administraban sus empresas pensando en los intereses de sus accionistas, los contadores no cumplían con sus deberes, los accionistas, adormecidos por años de ganancias supuestamente fabulosas, pensaban que no era necesario prestar atención, y los analistas eran comprados por las empresas que supuestamente debían estudiar».
Otro especialista, Barry Barbash, explicó lo sucedido debido a la «superficialidad de la época».
Infame entrenador
Si Enron y World Com fueron dos de los acróbatas financieros más ágiles, Arthur Andersen, sin duda, pasará a la historia como su infame entrenador. En el peor de los casos, Andersen debió percatarse de las maniobras contables. La firma auditora sostuvo que Enron y World Com le ocultaron información crucial, pero en junio, un jurado en Texas la declaró culpable de obstruir la acción de la Justicia al destruir documentos de Enron. Los vicios de Andersen apuntan a problemas mucho mayores, en particular los conflictos de intereses cuando el auditor es al mismo tiempo el consultor. Por ejemplo, recibía 27 millones de dólares al año como consultora de Enron y una cifra similar por sus servicios de auditoría. Estas maniobras han destruido la confianza de los inversores en la integridad de las declaraciones financieras. *
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