AGUADA INUNDO DE GENTE EL PALACIO PEÑAROL PARA LOGRAR EL ASCENSO

Vuelve a Primera

 

La mañana del 27 de noviembre pasado no fue una más, al menos para los hinchas y dirigentes aguateros, porque los jugadores más allá de saber lo que les esperaba a la noche en el Palacio Peñarol, transitaron por un día normal. Los más jóvenes estudiando, otros trabajando, y cuando comenzó a caer la tarde las zonas aledañas a las calles Marmarajá y la avenida San Martín se fueron poblando.

Los anónimos colaboradores cortaron papeles, arreglaron alguna bandera, diseñaron una en homenaje a Waiter, otra con la forma de una camiseta haciendo mención al invicto, otros cortaron telas de los colores que identifican al club, instalaron una pantalla gigante y pusieron el champagne en la heladera al regreso.

Los jugadores siete y media lentamente fueron llegando y sintiendo el calor de los adelantados. Se vistieron lentamente, tranquilos, posaron para una foto más que iba a adornar las vitrinas y partieron en ómnibus sobre las 20 horas al lugar del partido, en tanto una peregrinación de hinchas iba recogiendo gente por las calles.

En el Palacio Peñarol

Fue el lugar de la fiesta máxima, el presidente del club, doctor Montenegro, al igual que el primer partido llegó temprano, siete y media llegó junto a su hijo, compró un pop y se sentó a ver el preliminar.

Lentamente el estadio se fue colmando y se dirigió junto a sus colegas de directiva, para que nada se saliera de la normalidad.

La parcialidad una hora y media antes preparaba sus gargantas con alguna estrofa, corearon el nombre de Diego en alusión a Losada, que se encontraba jugando por Cordón, muestra de lo que dejó su paso por el club y quizás siendo esto un presagio para la temporada 2003.

Distintas generaciones se fueron encontrando a la espera de la salida de los vestuarios del equipo, mientras que varios niños y niñas fueron a hacer el cortejo a quienes serían los futuros campeones. El recibimiento fue monumental, el Indio De Pena cargando su niña en brazos encabezó la fila y apareció en el rectángulo el equipo para el delirio. Manos arriba, luces, presentación, papel picado, globos, cánticos y el salto inicial.

La ansiedad y los nervios les hizo pasar a los jugadores un mal momento durante el partido, la hinchada cantó bajito, 25 de Agosto le puso un paño hielo a la fiesta, pero apareció el sexto jugador con toda la potencia.

Rovira clavó un triple que se lo trajo de Villa Biarritz y fue como si les volviera el alma al cuerpo a los aguateros.

La invasión y la peregrinación

El banco de suplentes comenzó a celebrar el ascenso a los cinco minutos finales del último cuarto, la gente se paró, no se sentó más, cantó, rodeó el rectángulo de juego, algunos se colgaron de los tableros, retiraron las estáticas de publicidad y los segundos se consumieron hasta llegar a cero.

Los aguateros invadieron el rectángulo, algarabía total, tocaron a sus héroes, cortaron la red, corearon al ¡dale campeón!, se acordaron de su clásico rival, se quedaron con alguna camiseta, Rovira quedó solo vestido con una calza, y otros como el Indio De Pena quiso quedarse con su camiseta para el recuerdo.

Los ojos de Waiter cargando a su hija se contagiaban de la emoción, sabía que era su última participación oficial en un Federal ya que se aleja del país por un tiempo, la directiva se unió en un apretado abrazo y el doctor Montenegro no paraba de saludar.

Minutos más tarde partió la peregrinación al club por calle Magallanes, rodeó el Palacio Legislativo, pero la vuelta por Yatay y ancló en Marmarajá y por San Martín, mientras el barrio salió a recibir a los campeones y los festejos terminaron con los primeros rayos del nuevo amanecer y con Aguada otra vez en Primera División.

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