Trovadores…

Por esas calles con luz de patio, que todavía conserva Jardines, esas que parecen arrancadas al Montevideo de otros tiempos, aquellos en que Jorge Luis Borges, nada menos, definía así a esta ciudad; ayer, hubo fiesta.

Vecinos de toda la vida y otros que hacía mucho tiempo no se veían o algunos (los menos) que ni siquiera se conocían entre sí, terminaron abrazados unos a otros regalándose lágrimas recíprocas.

La gurisada del barrio, saltaba en patas, como mandan las tardes de calor, las mujeres del lugar, siguen suspirando un «que divino el Polillita», y los muchachos sienten el frenesí desnorteado de los campeones, que no saben bien a donde los llevará al final del día, mientras los más veteranos, se trenzarán hasta la madrugada, recordando proezas de viejos cracks, «que estos jóvenes de hoy no tienen idea cómo jugaban».

Cuando es el pueblo más pueblo el que está de fiesta, todo es sencillo.

Calles, ropas, luces, gestos, perros, modos, casas, barrio, voces, árboles, miradas… todo tan simple como querer y quererse.

En Jardines, como en tantos barrios, el fútbol es la comunión del domingo.

Ahí no hace falta que nadie les recuerde a esas gentes, lo bueno que es para la vida en sí misma, tener un poco de tierra del lugar en las vueltas de la oreja.

La picardía, la lucidez de Jorge Fossati, le devolvió a Danubio, su porte de equipo equilibrado, conocedor del juego y sus secretos o por lo menos buen intérprete de las «verdades» que la impronta futbolera reconoce.

Sabía que este partido era para el hombre de las Pampas y Biaggio le respondió convirtiéndose en el hombre de los goles.

Los partidos apretados, por el juego o por las presiones psíquicas del entorno y la coyuntura, le quedan a su medida.

Fossati, lo sabía y por eso le devolvió la titularidad para este partido frente a un rival de esos que tiene por costumbre no respetar pergaminos.

Ese Jadson Viera, más que Viera, fue «una fiera», por su derroche de voluntad y clase, Polillita Da Silva es capaz de hacer que un toque suyo, sea comparable a una pincelada de Degàs y el Pato Sosa, emerge caudillo cuando la batalla es batalla.

Ha andado caminando con paso firme durante todo el torneo. Presentando credenciales cada vez que se las requerían, hilvanando domingos de alegría, uno tras otro.

Mientras los poderosos, dirimían sus intrigas, prepotencias, sus grandezas y sus miserias en el gran coliseo como si se tratara de Julio César, Marco Bruto, Cleopatra o Cicerón, Danubio, te la cuenta con la claridad principista de un Trovador o de un Juglar.

Y esta urbanidad humilde que sabe de amaneceres duros, de días, meses y años enteros de dientes apretados, de atardeceres bien compartidos, es el lugar ideal, para escuchar hasta las pausas de este trovador.

Su mensaje es claro, descifrable de principio a fin.

Sabe lo que tiene que decir, a quién y cómo se lo tiene que decir. Lo recita con la gracia de su verba enriquecida por su don de andariego y narrador.

No esconde sus principios, expone sus verdades desde las mismas entrañas. Sus venas abiertas, empero no lo desangran. Lo muestran tal cual es.

«El león, no tiene contemplaciones, mata con la misma fiereza a una liebre que a un búfalo», «divertido no es lo contrario de serio, divertido es lo contrario de aburrido», o «a Danubio le importa más… ser inteligente, que importante» decían las paredes del vestuario danubiano.

Ayer nos enteramos que estos son los principios escritos del Campeón. El barrio ya sabía que estas son las verdades de su trovador… *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje