Carbonero arrollador
Frente a aproximadamente 2.000 uruguayos que en su gran mayoría viajaron desde Sydney, los dirigidos por Gregorio Pérez mostraron una superioridad total frente al débil conjunto de la liga australiana al que derrotaron por 6 a 1.
No tuvo rival
Los primeros 45 minutos del partido amistoso entre Peñarol y el Wollongong, que de «Lobo feroz» tuvo solo el nombre, finalizaron con cinco goles de diferencia y la mascota veía desde afuera del campo, cómo su equipo era literalmente pasado por encima.
Peñarol ingresó al campo de juego con la oncena que venía practicando como titular: Federico Elduayen, Cafú, Marcelo De Souza, Joe Bizera, Fernando Fajardo; Nicolás Rotundo, Pablo Bengoechea, Gabriel Cedrés, Fabián Canobbio; Fabián Estoyanoff y Daniel Jiménez.
En los primeros minutos del partido quedó en evidencia la tremenda diferencia futbolística de los equipos.
Peñarol salió a atacar al rival y a presionarlo en su propia salida lo que determinó que los australianos no tuvieran respuestas y no sólo se vieron desbordados constantemente por el rival, sino que nunca pudieron sacar una réplica que llevara algún tipo de peligro para el arquero aurinegro.
Al pasar el primer cuarto de hora, Fabián Canobbio ya había festejado dos veces su encuentro con las redes.
Después llegaron los dos de «Miliki» Jiménez y para cerrar el score del primer tiempo apareció Estoyanoff, que fue un azote constante por la punta derecha y que consiguió su gol en las postrimerías de la primera parte.
Es difícil hablar de las explicaciones futbolísticas de este resultado parcial. La forma de marcar con tres jugadores en el fondo del local no dio resultado porque estuvieron siempre mano a mano con los atacantes de Peñarol y nunca encimaron la marca de los más habilidosos.
Los «Lobos» no presionaron en la mitad de la cancha ni mostraron claridad en la salida desde el fondo; a su vez, la ausencia de argumentos ofensivos dejó preocupados a sus hinchas.
La diferencia también habría que analizarla por la diferencia clara que existe entre los equipos. El rival de Peñarol en la noche del sábado, cuando jugó por el torneo local, demostró un nivel comparado con la Liga Universitaria Uruguaya.
El entretiempo sirvió para que los casi 2.000 espectadores uruguayos descansaran sus gargantas y guardaran sus sonrisas por un cuarto de hora.
Otro partido en la segunda mitad
Para el comienzo del complemento, Gregorio Pérez realizó todos los cambios posibles.
Ingresaron: Berbia, Pilipauskas, De los Santos, Lima, Gaglianone, Leal y Bueno, en lugar de Elduayen, Cafú, De Souza, Fajardo, Cedrés, Estoyanoff y «Miliki».
Un dato curioso es que para la segunda parte también ingresó otra terna arbitral y en esta segunda mitad las cosas cambiaron.
La nueva defensa aurinegra ya no estuvo tan firme y el equipo australiano pudo practicar en varias oportunidades su única arma ofensiva: el desborde en velocidad y el centro al área. El Wolves encontró, sobretodo por el sector custodiado por el «Bola» Lima, una puerta al peligro de gol. En el medio se notó la ausencia de Cedrés, lo que obligo a Canobbio a volantear un poco más y jugar más alejado de los puntas. Leal y Bueno tampoco tuvieron el acierto esperado. En el caso del juvenil Leal, si bien intentó algunos desbordes no pudo con su marcador y perdió generalmente cuando fue al choque.
Por su parte, Bueno quiso jugar para el público y terminó actuando más de la cuenta, simulando infracciones que el nuevo juez del partido resolvía con un claro «siga, siga». El Wollongon se paró mejor en la cancha, paso a línea de cuatro en el fondo y al menos compartió la tenencia del balón con los aurinegros.
Aun así, el golazo de Canobbio tras recibir dentro del área y rematar de derecha con violencia y justeza sobre el ángulo superior izquierdo del arquero local, puso las cosas 6 a 0 para Peñarol.
Faltando un cuarto de hora, un penal de esos que se inventan sin mala intención, casi diríamos por cortesía con el anfintrión, marcó la posibilidad bien aprovechada por el rematador australiano.
El partido terminó con todos los jugadores en el medio del campo intercambiando camisetas y la hinchada festejando, al tiempo que se escuchaban los reclamos por otra goleada para el sábado. *
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