1259, test de Cúper (de Héctor)
Héctor Cúper, actual DT del Inter italiano, dice siempre (siempre que lo dejan) que un equipo se forma a partir de un número: 1259.
Un buen arquero, seguro bajo los caños, con presencia en toda el área, buen lector del juego y si es posible con voz estentórea, un dos o «full back», es decir, el cuevero, un volante central, un «5» a lo Krasouski (nada de esas modernidades de repartirse la cancha), es decir, con una mirada simétrica de la cancha y juego sencillo: quite y toque; y adelante un «9». Esto es un centrodelantero («centrofobal» de acuerdo a la vieja nominación) de área, y periferia, conocedor de todos los secretos de cómo se juega dentro de la «18», pero que además sepa acompañar en la concertación del juego.
A esto se le ha llamado desde siempre la columna vertebral.
Sin un verdadero desarrollo de ella, es muy probable que un equipo no consiga finalmente ser campeón, o por lo menos sea mojón de un tramo de la historia del fútbol.
Julio Grondona propone como fórmula de la victoria una dudosa combinación de juego y asuntos monetarios: «Un club para ganar, necesita un gran arquero y un contador», ha dicho alguna noche entre botellas de champaña el presidente de la AFA.
No es que Cúper haya descubierto la pólvora con su número de cuatro cifras con el que pretende sustentar su idea de equipo de fútbol constituido desde una columna.
Todo lo contrario. Cúper aplica lo que ha visto, aprendido y estudiado. Sólo eso. Nada menos que eso.
El problema no es que Cúper no haya descubierto la pólvora, sino que aun cuando el tema parece más que obvio, son varios los que parecen olvidar este añejo concepto de diagramar un conjunto. Al menos a juzgar por lo que se ve.
Los aspectos de conducción, de fundación del grupo, de la defensa de los postulados «filosóficos» (parece altisonante, tal vez lo sea), la construcción de recursos que sean patrones de comportamiento y de juego, dominio de las voluntades individuales en un ambiente plural, la fijación de pautas y códigos, todo eso también es trascendente en la vida de un DT. Pero no se puede ser sólo psicólogo y prescindir del director táctico.
Jugar como dice Cúper, con un equipo de muestre su columna, esto es su «1259», es entender el fútbol en su totalidad.
Porque si es por ser ofensivo, que no pongan arquero, se están perdiendo un jugador más en ofensiva y con uno más tal vez el contrario no tenga nunca la pelota.
Confieso que nunca vi una superioridad tan abrumadora de uno sobre otro en un partido de fútbol, tanto que la tenencia de la pelota fuera el ciento por ciento de un solo equipo. Es un imposible que sólo puede figurar en algunas ideas más «proselitistas» que realizables.
El fútbol es tan rico en figuras que el propio Roberto Perfumo dijo alguna vez que en determinadas situaciones la mejor jugada significa tirarla a la tribuna.
Eso es «tenerla clara».
Pero los proselitistas del esteticismo, pacatos y maniqueos, se escandalizan pensando que cuando Perfumo dice lo que dice, está proponiendo jugar tirando la pelota a la tribuna siempre.
Significa una idea muy limitada del juego.
Atacar y defender. Esto es el fútbol. Por suerte, porque si siempre atacara un solo equipo y éste ganara 18 a 0, las canchas estarían más vacías de lo que están.
Negar que la inteligencia nos puede ayudar a defender mejor y a atacar mejor es negar la gran condición de la raza humana: el intelecto.
Salirse de la presunción que somos el ombligo del mundo no nos resuelve todo pero ayuda muchísimo. *
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