UN FIN DE SEMANA CON TRECE GOLES...

Jugar bien

Probablemente los partidos de fútbol de estos tiempos, sean desde el primer punto de vista posible, es decir el visual y desde el segundo, el sentimental; espectáculos atrayentes.

Este fin de semana que pasó se convirtió en el Estadio Centenario en sólo dos partidos una cifra astronómica de goles: 13.

Entonces uno imagina que estamos frente a una progresión futbolística notable. Delanteros de «época», capaces de romper récords cada domingo y fulgores así.

Cuando se «mete mano» en el análisis de nuestro «fóbal» resulta que el principio de tantos gritos sabatinos o domingueros, está sustentado en lo mal que se juega.

Sí, así como lo lee. Se juega mal. Algunos confunden bien con bonito y entonces se enfrascan en discusiones que en otros puntos del planeta ya caducaron por innecesarias.

Jugar al fútbol supone, como dice el maestro Tabárez, cuatro estaciones: defender, atacar, pasar de defensa a ataque y de ataque a defensa.

Cuando algo de todo esto no se hace en equilibrio con lo demás, entonces se juega mal.

No alcanza con atacar bien. Tampoco con defender bien.

Los equipos uruguayos de hoy defienden peor que mal. No hay una sola defensa de este fútbol a la que se le puedan cargar elogios sin caer en exageraciones. Danubio, que es probablemente el que mejor equilibrio consigue entre los cuatro «estados» del fútbol, aparece de pronto como el gran candidato.

Pero el domingo, frente a un rival que iba perdiendo los jugadores como botones un saco de «ciruja», terminó metido contra su propio arco. Y en su casa.

En Peñarol tenían la esperanza de que Nunes marcara como Baressi, esto es, siendo el último, muchas veces sea también el que salga.

Quedó claro, que a Baressi y a Nunes los separa algo más que el color de sus ojos y Bizera, sólo se parece fisonómicamente hablando a Gutiérrez.

Encima, hasta los ochenta, de tanto en tanto, aparecía alguno que se dejaba la barba y por lo menos impresionaba.

Ya ni barbas quedan en las defensas uruguayas.

Nacional no resiste a Fénix y un domingo obliga a Munúa a ir a buscar la pelota tres veces a su propio arco.

Hay algunos errores, a los que en realidad les cabe mejor la definición de horrores. Ciertas jugadas cedidas por los defensores de nuestro fútbol, son de una inocencia y un candor dignos de «carmelitas descalzas».

Hagamos un ejercicio intelectual y de la memoria. Piense en todos los campeones de la Copa Libertadores de América. De todos los países. Ninguno de ellos tenía una defensa de la que por lo menos no se dijera que daba miedo. Porque eso eran, defensores de temperamento y calidad.

Aquí no nos queda ni una cosa ni la otra. Y encima, como decía hace algún tiempo aquí, el viejo «centrojás» está desapareciendo del planeta fútbol.

No hay un solo equipo uruguayo hoy que pueda dar batalla en ninguna competencia de verdadero rigor internacional.

Existe un agotamiento mental de toda la sociedad que encuentra en el fútbol una exacta posibilidad de expresarse a través de un libre albedrío del juego, que tal vez, divierte. Pero sólo eso. La calidad está escondida detrás de un desarrollo del intelecto que nos ayude a construir en función de la exigencia.

Hoy por hoy tenemos un fútbol de campito.

Táctica y estratégicamente involutivo.

No apto para la competencia de alto vuelo. *

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