Los rivales de Nacional
La fertilidad de interrogantes que el fútbol genera, no siempre encaja con la precariedad o el carácter provisorio de las respuestas.
Cada uno de los partidos o la mera y general discusión futbolera de esquina, o de café plantean un universo completo entre estos dos signos: ¿?
Las certezas que afloran a partir de los mismos, no suelen ser tan caudalosas.
Y muchas veces ni si quiera son certezas. Apenas puntos de partida de otras dudas, pero no más.
¿Qué hacemos entonces previo a un partido como el de esta noche, con nuestra «necesidad» de encontrar disparadores de ideas sobre este?
Desperezarse, pensar y jugar intelectualmente.
El hijo de esta parición, tiene el valor de aquello que irremediablemente se esfumará con el pitazo inicial del juez y quedará decididamente sepultado allá por las once de la noche.
Así que si por cualquier razón, está leyendo esto y ya es miércoles, tómelo con calma o mejor hurgue en otras páginas del diario.
Perder, nunca es un buen resultado. Y eso es lo que le pasó a Nacional en la ida, de esta llave de la copa Sudamericana.
Lo peor que le puede pasar es que tal vez deba enfrentar a dos rivales a la vez.
El primero es Alianza Lima, de quien pienso (interpelación mediante de mis propios conceptos, que me permitan alguna aproximación a la seguridad que no he caído en la construcción de una idea a partir de cierta soberbia) es un equipo, futbolísticamente inferior a los tricolores.
Cuando digo esto, lo hago desde la lectura de las posibilidades absolutas de ambos.
Y para ello, el partido jugado en Perú, resultado al costado, son casi una confirmación.
El segundo rival, ese que «el Bolso» debe descartar, es la circunstancia. Porque ésta puede condenar a Nacional a pensar en el objetivo sin hacerlo en un equilibrado orden de prioridades.
Hace pocos días Sergio Markarian nos decía en una charla por demás ilustrativa, que los equipos uruguayos, son ansiosos por naturaleza y esa es una definición que explica la «forma uruguaya» de jugar al fútbol.
Y la ansiedad es una manifestación emocional que muchas veces resulta inhibitoria.
Si esa ansiedad se apoltrona en el talante de los futbolistas, en su exégesis, puede formar la idea de convertir el segundo gol antes que el primero.
Saltar la piola de una vez por todas, «salvarse» finalmente, es un concepto tan arraigado en el jugador, que bien puede el partido transitar por la calle empedrada del apuro.
Encima, no es justamente un momento de la vida de este plantel, cuando todo esté puesto blanco sobre negro.
Hay mucha carga en la cabeza de los futbolistas. Por un lado, la actitud de protesta, el reclamo tras el incumplimiento, por otro, la indesmentible lucha interna de poderes que se genera en tiempos donde la conducción se construye y se vulnera con la misma facilidad.
Todo eso complota contra la claridad conceptual necesaria para el desarrollo de la estrategia estrictamente futbolera.
Cuando la circunstancia es la que postula, agrega nervios, ansiedad y frustra el juego, que es donde los «tricolores» parecen mejores.
Porque jugando todo lo bien que estos futbolistas son capaces desde la potencialidad enunciada en los antecedentes, como en la Copa Libertadores, este equipo está en condiciones de llegar a las semifinales.
Para eso, Nacional tiene que jugar contra un solo rival esta noche en el Centenario. *
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