El técnico y el conductor

Carreño, está dando una prueba de fuego. Su comportamiento en medio de la tormenta es observado con lupa por todos. Periodistas, hinchas, dirigentes y hasta por sus propios jugadores, que siempre necesitan una referencia de criterio y equilibrio.

Está en juego saber si puede conducir al plantel o lo deja a la deriva.

Una cosa es la medida de reclamo planteada por los jugadores y otra es la conducción del grupo.

Esto va más allá de la dirección táctica del equipo.

Se trata de la conducción de la vida, de la marcha del plantel. De su capacidad de persuasión, de convencimiento. Al conocimiento, debe agregarle carisma.

Aun en el medio de las medidas de protesta, existen límites que hay que respetar. Cuando se producen situaciones de reclamo, pasar a la agitación y vulnerar cierto margen de respeto es apenas un pasito y las consecuencias pueden ser muy grandes. Y graves.

El timón es del técnico. Hasta que éste lo pierde.

Los jugadores, como en un partido deciden dentro de la cancha con su capacidad. Pero el que determina quienes entran a esa cancha y la estrategia a desplegar, es el director técnico.

En una situación como esta, es igual.

Tras el incumplimiento de los dirigentes, la medida la toman los jugadores, pero los límites hasta dónde pueden ir éstos, los tiene que poner el conductor del grupo.

Corre el riesgo, y lo sabe Carreño que solo se quede en un buen estratega táctico. Hay muchos así.

La materia que tiene que aprobar ahora, es la de conductor. «Dominar el vestuario» como dicen los españoles.

Si lo hace, estaremos frente a un buen proyecto. Porque se trata de una persona con condiciones intelectuales para definir correctamente lo más específico de su función que es la de estratega futbolístico y anímico.

Agregarle la autoridad para la conducción total del grupo, significa elevar su techo.

Pero tiene que llegar al puerto con este barco en el medio de la tormenta que es la vida del equipo de Nacional hoy por hoy.

Si no toma el sartén por el mango, será tal vez sólo un cocinero y no un gran «chef».

El propio Carreño, ha dicho públicamente que él es quien manda y que por ello el viaje a Colonia se hizo en ómnibus, como cierta coherencia lo indicaba.

Si se lo mira con atención como creo que está sucediendo, y a su vez Carreño plantea el tema es porque las dudas existen.

Y no está mal que así sea.

Nadie compra su cielo o gana su gloria sin transpirar o sin pensar. O las dos cosas a la vez.

Las dificultades están ahí para ser traspuestas. Si problemas hay, soluciones se necesitan.

Estas llegan de la mano de la inteligencia y la capacidad para aplicar esa inteligencia.

Arriesgar, aun en un mero juego periodístico, si Carreño puede o no con este grupo es prejuzgar.

Y prejuzgar al fin y al cabo no resuelve nada.

Solamente es útil estar atentos y observar los acontecimientos con prescindencia de preconceptos. Y ser honestos en la evaluación.

Determinar si hay revancha luego o no, esa es tarea para los dirigentes. Si es que pueden. *

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