Los buenos hábitos
Hace un par de semanas, el DT del Real Madrid, Vicente Del Bosque, decía que su trabajo fundamental; aparte de la planificación táctica y estratégica obvias de su cargo, es la de generar en su plantel los buenos hábitos que hacen a la estructura de un gran equipo.
Y esos buenos hábitos, en la opinión del técnico madridista, trascienden aspectos futbolísticos, van más allá, hacen a la esencia de un club, cuya grandeza no se discute.
Es más o menos como que cada rincón del Real Madrid huele a Real Madrid.
Y oler a Real Madrid, significa oler a grandeza.
Grandeza de pensamiento y de ejecución. De conducción y de comportamiento. De dirección y de juego.
Esos buenos hábitos muy integrales, son la sangre que da vida al Real Madrid.
Lo traigo a esta página, porque salvando las distancias, el ejemplo bien se podría imitar.
Y en eso debería estar Nacional.
Sin embargo, una de las dos instituciones emblemáticas de este país vive hoy a espaldas de los buenos hábitos.
Ver el domingo a la tarde a los jugadores del club, abandonar el estadio de Danubio entre la muchedumbre, discutiendo con la gente, participando de peleas callejeras, distribuyendo patoterismo, recibiendo golpes de la Policía y arriesgando a sufrir las consecuencias legales, que ya vivieron otrora; da pena.
Porque no hay un gerente, una autoridad, que por encima de las dificultades circunstanciales, mantenga el timón de la institución fiel a los buenos hábitos.
La medida de protesta de los jugadores reclamando el cumplimiento de pago es inapelable.
Existe la necesidad de cobrar una deuda importante, que ha dejado a varios futbolistas sumergidos en una preocupación por el bienestar de sus familias que compromete la concentración de estos en su actividad.
Naturalmente cuando se rompe la cadena de cumplimientos por parte de los dirigentes, es porque esto de los buenos hábitos, ha desaparecido hace rato.
Aun así, hay cosas que se deben hacer mejor.
Una de ellas es velar por el patrimonio total del club.
Y dejar que los jugadores de la primera división de un club centenario y portador de una gloria inmensa como la de Nacional, se retiren de un estadio de la forma que lo hicieron el domingo, es no proteger el patrimonio de la institución.
Tiene que haber en Nacional un gerente o manager, que tenga el suficiente poder para aceptar la medida de los jugadores, pero también para decirles: «señores si no quieren concentrar, no lo hagan, pero todos los movimientos que tengan que hacer en representación del club, los manejamos de esta manera. Al que le guste bien y al que no también».
No hay ya club en el mundo, prescindiendo aún del grado de civilización y evolución económica, que cuando se trata de defender el patrimonio (en este caso el humano nada menos) no haga todo lo que esté al alcance para salvaguardarlo.
A cualquier escenario, los jugadores tienen que llegar y retirarse todos juntos y organizadamente. Y de eso debe sí o sí, encargarse el club. Los jugadores no pueden ser quienes decidan en aspectos como este.
Porque además, el domingo, los futbolistas albos hasta dieron la sensación de que ni siquiera están todos juntos en esta. El técnico primero, el capitán al rato, los Morales más tarde… fueron abandonando Jardines. Ni del campito nos íbamos así.
La distancia entre Nacional y Real Madrid, probablemente sea muy grande. Tanto como las realidades uruguaya y española.
Cultivar buenos hábitos, debería ser prescindente de ello. *
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