Menos de lo mismo
POR JOSE GABRIEL CARBAJAL
La vocinglería de las radios confundiéndose con el griterío y las charlas inconclusas de las tribunas llenaban un domingo soleado, agradable en casi toda Argentina. Volvía el fútbol al día del fútbol.
Estadios inundados de gente y pasión, equipos que se reforzaron sin comprar casi un solo jugador, apelando a préstamos, muchos de ellos casi caritativos (en otros no tanto), y un sabor a revancha con la vida colgada en las almas todas.
Esas heridas de Japón, no están cerradas y hacía falta volver al fútbol, para olvidar aunque sea por un rato el sabor amargo de la competencia mundial.
Como siempre el espectáculo en las tribunas, fue conmovedor, único.
Pero a la hora del juego, «otra vez sopa» diría Mafalda.
Más de lo mismo, fue la frase repetida, por comentaristas y por la gente.
En realidad, fue menos de lo mismo. Porque por ejemplo ya no está Riquelme y su ausencia por sí sola es suficiente como para que el nivel fuera todavía peor al del final de campeonato anterior.
Lo excelso, la calidad, la jerarquía impar, el talento, la belleza sudamericana, el genio ya no está. Nada luce como ayer. Insinúan unos, amagan otros, pero a Riquelme lo empieza a disfrutar el bueno de Serrat y sus compinches. Encima Ortega a Turquía. Más sopa para la genial creación de Quino.
Y entonces récord de goles. No por muchos, sino por pocos. Apenas 10 en 9 partidos (el martes completan la fecha Vélez y Chacarita).
Pero de fútbol, «naranja». Nada por aquí, nada por allá.
Sólo se elevan y se hacen visibles, la victoria de Racing de la mano de Ardiles, aquel «entreala» del 78; Independiente que con Américo, quiere ser otra vez de América, y Arsenal que conducido por el inolvidable Jorge Burruchaga, ganó en su presentación en primera.
Y nada más.
O, sí. En realidad sí que hay más. Pero de menos.
Porque lo otro que dejó el domingo fueron dos heridos, uno de ellos bastante grave, por incidentes producidos, en el lugar predilecto de la hinchada de River para tomar por asalto a sus «enemigos»: la coqueta esquina de Avenida del Libertador y Monroe. Y los operativos policiales, que como siempre hacen gala de su inoperancia, de su incapacidad para anticiparse, para prevenir.
Cuando no son ellos los hieren o matan, sólo recogen heridos para llevar al hospital.
En el mejor de los casos.
La sociedad está desgarrada, ya no hay un «mango» en el bolsillo, la pena, el dolor se multiplican y los dedos de las manos se cierran apretadamente tratando de no dejar escapar un cacho de esperanza. Pero ésta se escapa más fácil que el agua.
Tantas miradas para tan poco. Tanto fervor, corriendo detrás de un vacío grande.
Tanta locura y sin embargo el final muestra otra vez una o más familias angustiadas porque el domingo, el día del fútbol, amenaza con dejarlas quebradas para siempre. Sucedió. Volverá a suceder. El próximo, o dentro de tres semanas tal vez. Quién lo sabe.
Sólo sé que el pasado tuvo: menos de lo mismo. *
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